martes 7 de septiembre de 2010

Tema resuelto.

Tres horas en el quirófano y ya estoy fresco como una rosa.

En serio. Estoy fantástico. Ya me he levantado, he hecho pis, me he reido con los medicos y tal.

A veces las cosas son menos graves de lo que parecen.

:-)

Una piedra en el camino.....

Se cruzo con mi destino......

Hoy me la quitan, o me las quitan, no lo sé.

Un par de dias fuera de juego y a la marcha.

Tengo que colgar los comentarios de muchos libros, creo que van por 13. El verano me ha vuelto perezoso.

A ver si empezamos ya..... esto es aburrido.

jueves 5 de agosto de 2010

el dragón descansa en la orilla al amanecer



Cuando Ilúvatar creó Arda vio que su belleza superaba sus expectativas. Los mares tranquilos y tormentosos, las montañas y los valles, los ríos y los desiertos contrastaban armónicamente de modo que dejar vagar Su mirada por el mundo era un placer que lo llenaba de gozo.

Mucho tiempo disfrutó de Arda, mundo virgen y pristino, pero al cabo del tiempo pensó que la creación todavía no estaba completa, y retiró su mirada a las profundidades de su mente para intentar imaginar cómo mejorar lo perfecto. Descubrió así que había olvidado algo en su creación. Existía el azul, en los mares y en el cielo; el negro en la noche y en las cavernas; el rojo en la lava de los volcanes y en cada crepúsculo; el amarillo en las arenas del desierto; el marrón en las montañas y acantilados. Pero le faltaba el verde. Con sorpresa descubrió que no había creado nada verde que llenara Arda de alegría y esperanza.

Así Ilúvatar mejoró su creación. Decidió que allá donde las llanuras tocaban los ríos creciera la hierba, y verdes praderas proliferaron, y brillaban como esmeraldas sobre la tierra iluminada por el Sol. Decidió que allá donde la tierra se comenzaba a elevar hacia las montañas crecieran grandes árboles, y allá se alzaron los árboles mallorn, poderosos y recios, levantando sus gruesos troncos coronados de verdor, homenaje a su propia grandeza. Decidió que donde el viento soplaba fuerte crecieran árboles bajos, con troncos retorcidos que imitaran los mil caminos de su propio pensamiento, y así nacieron olivos y sabinas que salpicaban costas y llanuras.

Tras esta segunda creación Ilúvatar descansó complacido durante más tiempo del que los hombres sabemos contar, y se regocijó con el sonido del viento entre las ramas, y con los cambiantes colores que marcaban las estaciones, y disfrutó siguiendo el paso de las horas en las sombras proyectadas por los mallorn, su creación predilecta.

Sin embargo, al cabo del tiempo Ilúvatar se sintió solo, pues los árboles, la olas, los vientos y las briznas de hierba sólo se movían cuando Él lo deseaba, y acabó cansado de que no existiera la sorpresa sobre la faz de Arda. Así, se retiró de nuevo a la profundidad de su casa, y tanto tiempo pasó pensando que las praderas se agostaron sin su impulso divino, e incluso los mallorn, grandes como montañas y resistentes como el más duro metal comenzaron a sufrir de la desatención de su creador.

Finalmente Ilúvatar descubrió que lo que deseaba eran seres que pudieran decidir por si mismos, y decidió unir lo mejor de cada una de sus creaciones y construir criaturas que tuvieran la gracia del viento, el poder de los mallorn, el color de las praderas en primavera y un atisbo de su propia inteligencia.

Ilúvatar tomó arena de los desiertos, metal de las montañas, hojas verdes de los árboles, agua de mares y rios, añadió hielo de los glaciares y lava de los volcanes y lo mezcló todo en los hornos de vida de su casa. Así nacieron los dragones.

Cuando Ilúvatar vio al primero de ellos desplegar las alas entendió que jamás podría superar esa creación. Su terrible belleza le hizo suspirar de satisfacción, y supo que había conseguido lo que quería. Lo tomó en su mano, lo acercó a la cima de la más alta montaña y acercó su boca al hocico de la bestia. Ilúvatar sopló y con su aliento concedió al dragón el más peligroso don: el libre albedrío. 'Haz lo que quieras' le dijo 'éste es tu mundo'.

El dragón miró a Ilúvatar a los ojos, levantó la cabeza y rugió exultante, pues había comprendido el increible regalo que había recibido. Echó a volar y se dispuso a cumplir el deseo de su creador. Comenzó a hacer su voluntad.

Durante eones Ilúvatar vió cómo los dragones aumentaban su número, y se alegró con su proliferación, con sus danzas en el aire, con su furia y con su terrible poder. Y volvió a ser feliz.

Sin embargo, al cabo del tiempo, los dragones comenzaron a confundir las palabras que acompañaron a su creación y donde Ilúvatar había dicho 'éste es tu mundo' comenzaron a entender 'este mundo es tuyo', y se precipitaron a una orgía de destrucción y abuso. Allá donde le placía, cualquiera de ellos dejaba escapar su rugido llameante, y los mallorn ardían como teas en las laderas de las montañas. Cuando uno deseaba retozar se revolcaba por las praderas, arrasando la hierba. Si otro no gustaba de un rio lanzaba rocas sobre su cauce, desviándolo para su propio placer.

E Ilúvatar se entristeció, pues comprendió que el don del libre albedrío no puede concederse sólo: necesita el contrapeso de la responsabilidad. Y se percató de su olvido y de su error, obcecado por la belleza de su propia creación, y comprendió que debía poner fin a los dragones y comenzar de nuevo.

Las lagrimas de Ilúvatar al llorar por su error, y por tener que eliminar su creación más preciada inundaron la tierra, y los dragones, con todo su poder, se echaron a temblar y se escondieron en cuevas, en acantilados, en marismas, en fiordos, allá donde cada uno pensó que la ira de su creador no le podría alcanzar.

Ilúvatar levantó las manos para pronunciar las palabras que terminarían para siempre con ellos, pero en el último momento se arrepintió, incapaz de destruir tanta belleza, y en lugar de 'desapareced' pronunció 'dormid', y allá donde cada uno de los dragones estaba se desplomó sobre la tierra, sobre el mar, sobre la pradera, sobre la montaña, y comenzó un sueño que continua hasta ahora.

Y así eones después, nosotros, hijos segundos nacidos de la voluntad de Ilúvatar, que nos creó pequeños, débiles, mortales, atrapados al suelo, y a los que recordó dotar de responsabilidad a la vez que de libre albedrío, podemos disfrutar de Arda. Y cada vez que en la orilla del mar, en la montaña, en el pantano o allá donde sea vemos el inmenso y bello cuerpo de un dragón durmiendo el sueño de Ilúvatar, recordamos que el mundo no es nuestro, y que debemos cuidarlo como jardineros un jardín preciado, porque ahora estamos pero podemos no estar.

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Los que conozcan Tolkien habrán reconocido Ilúvatar, Arda y a los Mallorn. Es un abuso por mi parte reescribir la cosmogonía de Tolkien, pero... jope, déjame abusar de vez en cuando. Quería probar el 'estilo Silmarilion'.

El cuento, bueno la leyenda esta, la he escrito de un tirón al ver la foto. Estoy muy contento, porque hace mucho tiempo que no escribía nada.

Si te ha aburrido y lo has dejado, perfecto. Si has llegado hasta aquí... muchas gracias!

:-)

sábado 24 de julio de 2010

Inmunidad diplomática, Lois McMaster Bujold

Novela negra del espacio exterior. El último episodio de la saga de Miles Vorkosigan, el simpático,  curioso y superdotado heredero de un importante clan familiar de Barrayar.

Como ya sabes me gustan mucho las novelas de ciencia ficción. Esta entra en la categoría de 'Space Opera', osea, aventuras sin más. En este caso está en la línea de las novelas de intriga de Asimov, como Bóvedas de acero, en las que el autor escribe una historia de intriga y misterio, una novela negra en cualquier caso, y la localiza en el futuro, en su particular visión universo imaginario.

La autora es una superdotada creadora de tramas, que localiza siempre en su universo poblado por humanos en distintas 'civilizaciones' galácticas. Barrayar es el centro de su universo inventado. Un imperio secundario que no hace mucho tiempo luchaba contra el invasor 'cetagandano' y que ha conseguido sacar la cabeza y asentarse en plano de igualdad entre los demás. Barrayar es un imperio anticuado, dirigido por una aristocracia militarista al modo de la Europa feudal. Miles, el protagonista, es consciente de que su cultura está atrasada, que es pueblerina, y que necesita progresar para poder tratar en planod e igualdad con los demás. Pero aún así él ama su mundo, a su gente y da todo lo que tiene para acompañarlo en su camino de progreso.

Vamos al libro. Un oficial de seguridad desaparecido en una flota mercante. Un incidente en un puerto de paso. Un alférez que decide desertar en la flota de Barrayar y determinadas tensiones que se producen en uno de los planetas fronterizos del Imperio Cetagandano. Todo esto hace que el Emperador Gregor decida que Miles debe interrumpir su viaje de novios para intentar solucionar la situación.

A partir de aquí se desarrolla la trama en la que aparecen bailarinas cuadrúmanas, funcionarios impertinentes, almirantes anclados en el pasado y personajes equívocos. Una guerra parece estar a punto de estallar, y sólo Miles parece tener la clave para impedirlo. Vamos, una intriga en toda regla.

¿Recomendable? A mi me ha gustado. Debo haber leído diez libros de esta escritora, y todos me han parecido al menos divertidos. Es literatura de evasión pura, sin más, y ¿para qué más para disfrutar en una tarde de verano?

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Inmunidad diplomática, Lois McMaster Bujold, ediciones B, 320 pág. 17,95 €

jueves 15 de julio de 2010

La física de lo imposible, Michio Kaku

El autor es un físico teórico que en su vertiente 'formal' trabaja sobre las teorías de la gran unificación, llamadas también 'teorías del todo', específicamente en teoría de cuerdas y branas, una de las espectaculares fronteras de la física,  que pretende conjugar relatividad general y el 'modelo estandard' de física de partículas  en una única teoría, la teoría final, la teoría del todo, aquella de la que surgirían como casos particulares las leyes claves de la física sobre las que se asienta nuestro conocimiento del universo desde la cosmología hasta la cromodinámica cuántica.

Esta introducción inicial es simplemente para que quede claro que el autor puede permitirse opinar sobre determinadas cosas con conocimiento de causa. Además de esto, Kaku es un magnífico divulgador que es capaz de explicar en términos inteligibles para cualquiera los conceptos más extraños y alejados del sentido común que abundan cuando uno se acerca a las fronteras de la física.

Kaku parte de las 'tres leyes de Clarke', enunciadas por el genial Arthur C. Clarke, y que dicen:

1) Cuando un distinguido y anciano científico dice que algo es posible, casi seguro está en lo cierto. Cuando dice que algo es imposible, probablemente está equivocado
2) El único modo de descubrir los límites de lo posible es aventurarse un paso más allá, en el reino de lo imposible
3) Cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia
p. 21 ed. coment

Sobre esto el autor clasifica las 'imposibilidades' estudiadas en tres tipos: aquellas que pueden convertirse en tecnologías a nuestro alcance en un periodo cercano (digamos cien años), las que no violan leyes conocidas de la física pero por cualesquiera motivos son en principio inalcanzables para nosotros en un periodo imaginable (miles de años) y las que violan alguna ley conocida de la física y para conseguirlas habría que dotarse de un nuevo paradigma en la ciencia al nivel más básico.

Es interesantísimo ver cómo  Kaku aporta argumentos para clasificar cosas como los campos de fuerza, la teleportación, la telepatía o las naves estelares (en el sentido de capaces de cruzar el espacio hasta estrellas cercanas) como imposibilidades de tipo I, Los viajes a más velocidad que la luz o el viaje en el tiempo como imposibilidades de tipo II, mientras que deja la precognición o las máquinas de movimiento perpetuo como imposibilidades de tipo II y por tanto que violan principios conocidos de la ciencia.

Es uno de los libros que he leído recientemente con el que más he disfrutado. Es recomendable para todos, los que conocen algo de ciencias y física y los que no. El lenguaje es comprensible y natural. El libro es casi una necesidad para aquellos a los que nos gusta la ciencia ficción, aunque sólo sea por la 'cultura trekkie' del autor, que demuestra ser un profundo conocedor de este género literario y sus autores clave, cosa que por otra parte no es nada extraordinario entre grandes científicos.

¿Recomendable?
Sin duda alguna. Léelo. Aprenderás, lo pasarás bien y te sorprenderás.

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La física de lo imposible, Michio Kaku, 464 pág. 20,90 €
Leído en inglés en digital.

sábado 10 de julio de 2010

Lo que hay que tener, Tom Wolfe

Es posible que te suene la película 'Elegidos para la gloria' de hace unos quince años que, centrándose en las vidas de los siete primeros astronautas americanos, relata los primeros años del programa espacial tripulado norteamericano. Pues este es el libro en el que se basa la película.

Es posible también que te suene Tom Wolfe como escritor. Debería: 'La hoguera de las vanidades', 'Todo un hombre' o 'Yo soy Charlotte Simmons' son libros que vale la pena leer.

Éste es un libro anterior y no es una novela, es un híbrido entre reportaje de investigación, novela y crónica. Tom Wolfe es el padre del  'nuevo periodismo' que nació con el 'A sangre fria' de Truman Capote. Su dedicación primaria al periodismo de investigación se nota en cómo está planteado, articulado y escrito el libro: una interesantísima crónica articulada entorno a los siete astronautas del proyecto Mercury original y de su entorno más cercano.

Muy interesante la descripción de la rivalidad entre los pilotos de la fuerza aérea que estaban batiendo records de velocidad y altura a la vez que se desarrollaba el programa Mercury. La figura de Chuck Yeager, que batió la barrera del sonido, como padre espiritual de los pilotos de pruebas, esa cofradía cuyos integrantes comparten una relación insana con el riesgo, y un ego del tamaño de una montaña. Ese 'Right Stuff', 'lo que hay que tener' en castellano, que les hace buscar los límites y después sobrepasarlos para ver hasta dónde se puede llegar.

Las mujeres de los astronautas ocupan también un espacio esencial en el libro, las compañeras que esperan solas en casa y sufriendo cada día que pasa la inquietud, la ansiedad de ver si vuelve o no vuelve, para luego ver como recién llegado a casa el piloto se vuelve a ir con los compadres de la hermandad de adrenalinadictos a tomar cervezas y a .... más cosas.

La carrera espacial fue lo más parecido a una guerra sin armas que se libró entre la Unión Soviética y los Estados Unidos. Cada paso de los americanos era anticipado por los Soviéticos, que los adelantaban una y otra vez, hasta que los americanos empeñaron a la nación en un proyecto de escala bélica para colocar una bandera americana en la luna y evitar que ésta se convirtiera en un 'punto rojo sobre sus cabezas'.

Lo diferente de este libro es el planteamiento abierto, que no esquiva las profundas diferencias que había entre los siete elegidos en todos los sentidos. Diferencias de formación, de entrenamiento, religiosas, políticas, y de todo tipo, que cristalizaron en varias discusiones épicas entre ellos, polarizándolos en dos bandos, uno liderado por Alan Shepard, vividor, arrojado, valiente hasta la inconsciencia, y el otro liderado por John Glenn, religioso, el perfecto padre y militar, que luego fue senador durante muchos años, y volvió a subir al espacio a los 77 años, en una misión de la lanzadera en la que también voló Pedro Duque, convirtiéndose en el ser humano de más edad que subió al espacio.

¿Recomendable?
Si, por poco que te interese la carrera espacial. Sin duda.

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Lo que hay que tener, Tom Wolfe, ed. Anagrama. 352 pág. 9,61 €

miércoles 7 de julio de 2010

A la final del mundial

¡ESPAÑA A LA FINAL!

Nunca lo he visto. ¡Ya era hora, coño!