lunes, 29 de diciembre de 2008

El marino que perdió la gracia del mar, Yukio Mishima

Reconozco que Mishima me da miedo. Aunque hasta ahora no había leido nada de él, sí me había interesado por su vida, tanto a través de la película (Mishima) como leyendo reseñas biográficas. Mishima, el autor, me ha parecido siempre el perfecto ejemplo del ser anacrónico. Lo patético de su muerte en 1970, cometiendo el seppuku tradicional tras intentar infructuosamente que los soldados de una base militar se alzaran en armas para restaurar el poder del emperador de Japón, resume eficazmente una trayectoria vital situada a caballo entre dos mundos, el de antes y el de después de la derrota de Japón en la Segunda guerra mundial.

Todos lo que temía del autor se ha materializado con creces en la pequeña obra que comento. En ella encuentro todo aquello que había leído (y visto) sobre la vida de Mishima, y que en uno u otro sentido cabía esperar: la fascinación por la muerte, el protagonismo de la adolescencia como el momento en el que las personas encuentran su acomodo definitivo en el mundo, la famosa 'angustia vital' frente a la capacidad de decisión independiente, el respeto por la jerarquía y el romántico deseo íntimo de aventura y heroismo personal.

El libro se articula en torno a tres personajes: una viuda de buena posición económica y social que ve transcurrir sus días en la monotonía. Su hijo, un adolescente cuya integración en el mundo depende en parte de un grupo de amigos dominado por un 'jefe' muy particular, y por último el marino, que entra en sus vidas para cambiarlo todo, y que está dispuesto a renunciar a sus sueños por amor. Incluiría un último personaje: el mar. Omnipresente en el libro a través de las ventanas que se abren sobre él, de las sirenas de los mercantes que entran y salen del puerto, de la promesa de aventura y realización personal que sugiere en la mente del joven y causa y testigo lejano del desenlace.

El libro se lee solo. Su prosa es bella, el libro engancha desde la primera página, el entorno es atractivo: Yokohama, una ciudad portuaria japonesa en la que conviven con fricciones la tradición con la modernidad. Por contra, el desenlace es previsible, y el personaje de 'el jefe' desmesurado. Me cuesta imaginar un adolescende de trece años de cualquier sitio del mundo capaz de decir:

Claro está que vivir no es más que el caos de la existencia, y, más aún: es el afan loco y erróneo de ir desmantelando instante a instante la existencia hasta ver restaurado el caos inicial, y entonces, con la fuerza que da la incertidumbre y el miedo originados por el caos, volver a recrear instante a instante la existencia.

Primera parte, capítulo 5, página 53 de la edición comentada.

Igual los adolescentes japoneses se dedican a leer a Nietzsche, Kierkegaard y Sartre mientras nosotros leemos a Verne, Salgari y Mark Twain. Usted mismo.

¿Recomendable?
Depende. Si estás interesado en Mishima, puede ser un buen punto de partida. Para mi lo ha sido. He encontrado en él exactamente lo que esperaba a la luz de la trayectoria del autor. Yo por mi parte, satisfecha la curiosidad inicial, voy a dejar descansar al autor una temporada.

Si te interesa Japón, su cultura y su gente, se me ocurre una mejor tarjeta de presentación: 'Tokio Blues (Norwegian wood)' de Haruki Murakami. Trata prácticamente los mismos temas desde un punto de vista más moderno. No. Más actual. La propia influencia de Mishima es evidente.

Suficiente. El próximo uno de romanos. Tengo bastante de drama vital por ahora.

PD: Acabo de descubrir que en 1976 se hizo una película sobre este libro. Me pregunto si me interesa.

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El marino que perdió la gracia del mar, Yukio Mishima, Biblioteca Mishima, Alianza Editorial. 173 páginas. 6,50 €

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