jueves, 16 de julio de 2009

Kafka en la orilla, Haruki Murakami

El mejor libro que he leído este año. Sin duda. Una historia escrita en muchos planos, en la que este historias de este y de otro lado se mezclan, confluyen y se desarrollan alrededor de dos personajes centrales poderosísimos: Kafka Tamura, el adolescente abandonado que huye de su padre y de su mundo en una aventura edípica con un recorrido impredecible y Nakata, el anciano tonto que sólo sabe hablar con los gatos, y que se ve impulsado a cumplir una misión que no sabe cuál es.

La novela es una leyenda contemporánea, el equivalente moderno a la búsqueda del Santo Grial, una aventura de iniciación para unos y para otros. Lo real y lo irreal se superponen desde la primera página, y desde el segundo capítulo sabemos que la novela no se desarrolla completamente en este mundo, al menos no del todo.

Probablemente me falta contexto cultural para comprender todos los ángulos del texto, porque es muy complejo. De hecho estoy seguro de que me he perdido cosas por el camino. En cualquier caso, no voy te voy a quitar el placer de descubrir entre las páginas del libro a determinados personajes que ya conoces, que ya has leído, y con los que ya has compartido horas y horas, aunque en este libro se escondan con nombres diferentes. Estoy seguro también de que tu interpretación será diferente a la mia. Me gustará conocerla.

Este libro está escrito como una leyenda, no como una novela. En una leyenda tan importante como los personajes y la trama son los arquetipos: los principios esenciales que se enfrentan en las páginas. Los personajes no son más que instrumentos en manos del poder del bien y el mal, la luz y la oscuridad, la ambición, el deseo, el ansia, la vida, la muerte...

Utilizando imágenes conocidas, como hizo Homero al escribir la Odisea, y tantos otros creadores a lo largo del tiempo Murakami nos plantea una historia en la que los poderes inmanentes a nuestro mundo se manifiestan directamente o a través de los personajes y sus valores y características: la memoria, la bondad, el altruismo, el mal, el bien, la entrega, la determinación, la identidad...

Por Dios, no quiero desvelar nada pero me muero de ganas de hablarte del libro.

No quiero quitarte el placer de descubrir a la pléyade de personajes de secundarios con los que nos regala el autor y que para mi, en cada caso, representan un papel tanto en la trama como en el complejo mundo de las ideas en el que se mueve Murakami. ¡Qué maravilla! Hoshino, que descubre en si mismo la semilla de otro mejor; Ôshima, el ser doblemente atrapado en su cuerpo; la señora Saeki, que convive con su propio fantasma; Sakura que apareciendo en contados momentos encarna con rotunda firmeza a uno de esos valores que hacen que merezca la pena vivir la vida. El último descubrimiento, Sada, el que sabe. ¡Qué maravilla! La superación, la amargura, la bondad, la confusión. ¡Qué maravilla!

El libro rebosa espiritualidad y misticismo. No sé, la espiritualidad japonesa es tan diferente de la europea que nosotros, acostumbrados a un panteón estable monoteísta -el de las religiones del libro-, no nos movemos con facilidad en el mundo de los kamis, las religiones sin Dios y sin dogmas, y la convivencia natural entre credos diferentes:

¿Sabes Hoshino? Dios sólo existe en la mente de los hombres. Y especialmente en Japón, para bien o para mal, en lo que respecta Dios somos muy flexibles. Una prueba de ello es que el emperador, que era Dios antes de la guerra, al recibir del comandante del ejército de ocupación, el general MacArthur, la orden: "¡Deja ya de ser Dios!", le contestó: "¡Vale! Ya sólo soy una persona normal, y, desde 1946, dejó de ser Dios. El Dios de Japón era así de fácil de ajustar. Viene un militar norteamericano con gafas de sol y una pipa barata entre los dientes, le da una simple orden y Él cambia de naturaleza. Eso es el no va más de la posmodernidad. Si crees que existe, existe. Si crees que no existe, no existe. Yo jamás me he preocupado por esos detalles.
C Sanders, Cáp. 30, p. 436. ed. com.

No tengo ni idea de porqué nadie puede querer leer un libro de autoayuda existiendo prodigios como este en las estanterías de las librerías.

El autor aprovecha las páginas para ajustar cuentas con determinados colectivos especialmente señalados hoy en día, como las fuerzas del orden, determinadas corrientes ultra-feministas llenas de miembros y miembra y otros. Asimismo, Murakami hace crítica cultural, tanto músical -tengo claro lo que le gusta y lo que no- como literaria. Bien. Tomamos nota.

Como último comentario. No somos conscientes de lo relevante que es la historia reciente de España en el mundo. La guerra civil española es una referencia cultural, pertenece al imaginario romántico del siglo XX como uno de lo ejemplos paradigmáticos de lucha del bien contra el mal. Dialogan:

-¿En qué estás pensando?- me pregunta la señora Saeki
-En ir a España-digo
-¿Para qué?
-A comerme una buena paella.
-¿Y nada más?
-para luchar en la guerra civil española
-Pero si la guerra de España terminó hace más de sesta años.
-Ya lo sé -digo-. Lorca murió, Hemingway sobrevivió.
-Pero tú quieres participar, ¿no?
Asiento.
Saeki, Kafka. Cáp. 31. p.454, ed. cit.

¿Recomendable?
SI, SI, SI, SI. Corre, cómpralo, léelo, y luego lo comentamos. Quién es quién, qué pasa, porqué pasa. Seguro que este será de los libros que recordarás dentro de 20 años. Yo, sin duda.

Sentado en el sofá barro la estancia con la mirada cuando, de improviso, me doy cuenta de que es el lugar que he estado buscando durante largo tiempo. Un hueco en el mundo, un lugar escondido exactamente como éste. Pero hasta ahora se trataba sólo de un lugar secreto en mis fantasías. Ni siquiera creía que un lugar así existiera en la realidad.
Kafka, Cáp. 5, pág. 63, ed. com.

Hazme caso. No te arrepentirás. El mejor placer que te puedes dar por su precio. Y por más.

Quiz: ¿Quién crees que son Nakata y Hoshino? ¿A quién te recuerdan?

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Kafka en la orilla, Haruki Murakami, ed. Tusquets, Maxi Tusquets. 714 pág. 10,95 €

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