lunes, 7 de septiembre de 2009

El factor humano, John Carlin

Hay pocos personajes vivos sobre los que la unanimidad sea prácticamente total. Seguramente Nelson Mandela es uno de ellos. Existe un consenso universal de que él fue la figura que pilotó la transición en la República Sudafricana. Aparentemente existe el consenso también de que él fue también el hombre necesario, aquel sin el que hubiera sido imposible conseguirlo. Quien aplicando dosis extremas de pragmatismo, realismo, capacidad de seducción y de liderazgo ilusionante transformo un país, resíduo de otros tiempos en otro, con todos los problemas que tiene actualmente, pero en el que nadie se siente excluido. Consiguió que el recorrido del péndulo se quedara a mitad de camino, y no oscilara desde la opresión de la mayoría por la minoría a la exclusion de la minoría por parte de la mayoría. El ejemplo de lo que mandela evitó está justo al otro lado de la frontera: Rodesia/Zimbaue, su Mandela se llama Mugabe, y es una de las vergüenzas de África.

El libro relata esos años en los que se produjo todo: el desmoronamiento del monolítico poder Afrikaner, los últimos y violentos estertores del mismo, la liberación del preso más famoso del mundo -¿recordáis la campaña 46664?-, su actuación como líder de un gobierno en la sombra, la violenta lucha entre Zulues y Xhosas, las dos etnias negras mayoritarias, el cambio en el poder, la amenaza de los extremistas de ultraderecha y por último la consolidación de la democracia universal.

El autor relata el proceso desde los dos planos: el político, en el que se recorren las primeras tomas de contacto entre el gobierno de Pieter Botha y Mandela, todavía preso; y el social, en el que a través de personajes reales se vive la transición desde un punto de vista mucho más emocional. El autor, que vivió en el país durante todo el periodo, ha entrevistado a personas de todos los tipos: desde el propio Mandela y sus contrapartes blancos hasta extremistas de derechas y negros que habían sido condenados a muerte por actividades violentas. Consigue, sin duda, transmitirnos un panorama del país amplio y suficientemente completo para que alguien que no conoce del país más que lo que se ve en los telediarios, periódicos, etc, pueda foramrse una opinión sobre lo que allí ocurrió.

Carlin, que es muy listo, utiliza además un enfoque argumental muy particular: utiliza el deporte, en concreto el rugby, como la metáfora de la transformación del país. El rugby era el reducto del poder blanco, el canal mediante el que los Afrikaner expresaban su superioridad. El libro comenta la simpatía que cualquier equipo extranjero despertaba en la población negra. Los favoritos eran, obviamente, los neozelandeses, los 'All Blacks'. Mandela decidió que para convertir a todos los sudafricanos en una sola nacion tenía que hacer que determinados símbolos fueran compartidos, y uno de ellos era el deporte. Consiguió que la copa del mundo de Rugby de 1995 se celebrara en la República Sudafricana y que todo el país vibrara con el triunfo final de su selección.

El libro consigue informar y emocionar a la vez. Carlin evidencia una adhesión personal e incondicional a la figura de Mandela. Es un santo moderno, el agente del cambio, el que consigue arrastrar a su causa hasta a los más recalcitrantes opositores, quien hace ver a todo el mundo que sólo hay una vía, la del perdón y la reconciliación. Mandela pilota una compejísima situación haciendo olvidar -o abandonar- odios y venganzas en pro del bien común. 'El factor humano' no es una biografía, es una crónica centrada en una figura que trasciende a su tiempo.

Quizá la única pega que le puedo poner al libro es que me sobrepasa un poco la admiración indiscutible por el personaje (personaje, más que persona) Desde luego la perspectiva histórica es la que pone a cada cual en su sitio, y el resultado, visto con los quince años de distancia que tenemos ahora es un ejemplo y modelo a seguir, un caso de éxito. Aún así, el no encontrar una fisura, un pero, una discrepancia se me hace complejo. Yo no voy a ser el que tire la primera piedra, y repito que es probable que Mandela sea el único estadista en el mundo que hoy en día pueda sobresalir sin mancha en un mar de mediocridad, de mentira, de envidia y de corrupción. Lo que no me gusta es que el libro roza lo hagiográfico en mas de una ocasión.

Fíjate, he usado la palabra clave. Estadista. Quizá la historia le ponga como modelo de estadista en el más bello sentido de la palabra.

En nuestro santo país ahora tenemos una figura que reune más o menos las mismas características que Mandela, y alrededor del cual se produce la misma ola de reverencia, acrecentada por su triste enfermedad. Obviamente es Adolfo Suarez. El piloto de la transición. Otra figura que hoy se ve como indiscutible, aunque en su momento, los que tenemos (tristemente por nuestra edad) memoria de aquellos momentos, sabemos que fue denigrada, denostada, triturada, y todo aquello que se te ocurra.

Aprovecho para comentar una anécdota del libro que me ratifica en mi opinión de que en muchos casos los grandes hechos de la historia a los que buscamos elaboradas interpretaciones se han decidido por minucias mundanas que no figuran en ningún libro. Cuando Mandela es liberado de la carcel se organiza una manifestación multitudinaria para recibirlo. Mandela debe hablar y agradecer el apoyo de todos, pero no aparece. El tiempo pasa y Mandela no aparece. La multitud de decenas de miles de personas se inquieta, comienzan a circular rumores y la policía de todo el país se pone en estado de alerta. Pasan dos horas y la situación se torna insostenible. Está a punto de comenzar una oleada de disturbios que hubiera podido dar al traste con todo, quizá, incluso, iniciar una guerra civil, que era la mayor pesadilla. Al final, más de dos horas después, Mandela aparece finalmente. ¿El motivo? Su mujer, Winnie Mandela, de la que posteriormente se divorció por otros motivos, había llegado tarde a la carcel porque había decidido en el último momento que tenía que pasar antes por la peluquería. Esa minucia, esa nimiedad, ese acto tan humano y tan poco trascendente pudo haber causado muertos, destrucción, quién sabe qué. Seguro que eso no lo recogerán los libros de historia.

¿Recomendable?
Si te interesa la historia contemporánea, la figura o el propio deporte, el Rugby si. Yo te lo recomiendo.

Por cierto, Morgan Freeman compró los derechos del libro para hacer una película que él mismo protagoniza y que dirige por Clint Eastwood. Se estrenará en diciembre parece ser y se llamará 'Invictus'. Por poco buena que sea es imposible que no le den un montoncito Oscares. Apunta. Tengo la bola de cristal. ¿Quién le quitaría un Oscar a Nelson Mandela?

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