miércoles, 6 de enero de 2010

Un día en Albarracín


Albarracín es un pueblo de poco más de mil habitantes situado en la provincia de Teruel, a unas dos horas por autovía y carretera de Valencia. El pueblo se haya junto al cauce del Guadalaviar, rodeado de colinas y dominado por las murallas de un castillo que se empezó a construir en el S XI y se fue completando a lo largo de los tiempos.
Un pueblo de l españa interior

El castillo y las murallas se encontraban en un estado de franco deterioro, pero poco a poco ha ido restaurando. Desde los años 60 el pueblo se considera Patrimonio Nacional y ha sido propuesto como sitio Patrionio de la Humnaidad a la UNESCO, aunque no ha recibido este reconocimiento por el momento.

Decir que el pueblo está bien conservado sería engañoso. Siempre nos podríamos hacer la pregunta de ¿conservado respecto de cuándo: de 1900, de 1700? Sería más adecuado decir que en el pueblo no hay construcciones modernas que rompan la armonía arquitectónica, que el estilo de construcción es similar en toda la localidad y que las calles empedradas, los escudos de armas en las fachadas y el aire venerable que se respira en todo él evoca tiempos pasados.
calles de albarracín





muralla del castillo de albarracín
Al dejar el coche en el parking que hay junto al rio lo primero que llama la atención es un lienzo de la muralla que domina todo el pueblo, e inmediatamente dan ganas de subir a verla más de cerca. Empezamos cuesta arriba. La calle empedrada pasa junto a un hotel. Un mirador nos permite ver la curva del río. Los edificios son de piedra, sólidos, la mayor parte de ellos tienen aleros de madera.
Dejando la plaza mayor y el resto del pueblo para luego, seguimos hasta llegar a las murallas. Se conservan varias torres en buen estado y un muy buen trozo de la propia muralla. Se puede subir hasta arriba e incluso pegar un paseito por la parte de arriba de algunos lienzos, algunos sin almenas, que se abren al vacío a ambos lados. Como el día era ventoso yo, que no soy ningún valiente, me ahorré la aventura.



El pueblo y sus alrededores son un paraíso para el aficionado a la fotografía, que puede encontrar cientos de paisajes, detalles, vistas y encuadres fantásticos.Tras pasear un rato por la cima de la colina y disfrutar de las espectaculares vistas, uno se puede perder por las callejas del pueblo, visitar la catedral e imaginar cuando hace más de setecientos años Albarracín era la capital de un pequeño reino de las montañas bajo la dominación de la familia Ben Razín, de donde le viene el nombre.

Tanta caminata da hambre, no me digas que no, pero si hay algo fácil de resolver en Albarracín es eso. No te sorprenderá que la comida sea típicamente montañesa, con poderosos platos calientes. Yo comí unos callos con garbanzos... simplemente fabulosos.

La comida es el momento perfecto para planear la tarde, y no es que falten opciones en la comarca. Nosotros escogimos el prado del Navazo, en el Pinar de Rodeno por dos motivos. Primero por el propio pinar, un paraje natural maravilloso con impresionantes formaciones de arenisca roja. Segundo por las pinturas neolíticas que se encuentran en varios abrigos de sencillo acceso. A menos de diez minutos de Albarracín llegamos al pinar. Dejamos el coche en el parking y nos adentramos en él. El sendero nos lleva entre paredes de sorprendentes formas y un intenso color rojizo que son un destino muy conocido para los aficionados a la escalada en bloque (el boulder inglés)



El verde de las hojas y el rojo de la arenisca crean interesantes contrastes. Encontramos bastantes setas de piña (Baeospora myosura), que nos llamaron la atención.

¡No soy un macro, soy una seta!

El paseo es de lo más agradable, sin pendientes pronunciadas. Serpenteando por la arboleda y dejando a ambos lados grandes formaciones rocosas de impresionante porte, el camino nos dirige hacia un circo rocoso sobre el cual se encuentran los abrigos con las pinturas rupestres. Están resguardadas por rejas, pero entre los barrotes es fácil introducir el objetivo y hacer un par de fotos.

Los sonidos del bosque nos acompañan. Con poco esfuerzo es fácil imaginar a los primeros pobladores alrededor del fuego, hablando de la cacería del día, vigilando que ningún carroñero les robara la pieza cobrada, y con los dedos encalados pintando en la pared y el techo las figuras de los ciervos y los toros que eran su pieza codiciada. ¿Representación o invocación? Nunca lo sabremos. En cualquier caso es una imagen del remoto pasado que nos hace ser conscientes de lo que nos precedió, y ser responsables de nuestro futuro como especie. Personalmente no puedo evitar sentir un escalofrío cuando estoy en sitios como este, en los que se manifiesta de modo tan intenso la historia que hemos dejado atrás. Quizá seis mil años me separan de quien pintó el toro que acabo de fotografiar. Hemos recorrido un largo camino.

La muralla sobre albarracín
Cae la noche y el bosque se cubre de sombras. Es hora de volver. Hacemos una última parada en Albarracín para recuperar calor y fuerzas y comentar la jornada. La luz artificial hace que las mismas calles nos parezcan diferentes. Otra oportunidad para hacer fotos. Por desgracia se pone a llover. No vamos suficientemente preparados y tenemos que acortar el paseo nocturno. No pasa nada. Nos llevamos un importante botín de paisajes, historia, naturaleza y experiencias, además de un buen montón de fotos que nos harán recordar si duda el fantástico día que hemos pasado.

Si no conoces Albarracín ponlo ahora mismo en tu lista de sitios a visitar.

De izquierda a derecha Laura, Tere, Miguel, Nacho, Sonia, Carmen, María, Ricardo y Alfonso

3 comentarios :

Pepe Roselló dijo...

Guapissim aquest poble. M'ha encantat el reportatge.

Anónimo dijo...

Seguro que no te paga la Consejeria de Turismo de Teruel?? muy bueno.
Por lo leido lo pasaisteis genial!! Lo anoto para mis futuras escapadas.
Saludos
T.A.Mannens

Anónimo dijo...

Coincido contigo Alfonso, Albarracín vale, y mucho, la pena. No había oido hablar de él jamás y fuimos a Teruel y provincia y nos encantó.

Toni Bonet

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