jueves, 5 de agosto de 2010

el dragón descansa en la orilla al amanecer



Cuando Ilúvatar creó Arda vio que su belleza superaba sus expectativas. Los mares tranquilos y tormentosos, las montañas y los valles, los ríos y los desiertos contrastaban armónicamente de modo que dejar vagar Su mirada por el mundo era un placer que lo llenaba de gozo.

Mucho tiempo disfrutó de Arda, mundo virgen y pristino, pero al cabo del tiempo pensó que la creación todavía no estaba completa, y retiró su mirada a las profundidades de su mente para intentar imaginar cómo mejorar lo perfecto. Descubrió así que había olvidado algo en su creación. Existía el azul, en los mares y en el cielo; el negro en la noche y en las cavernas; el rojo en la lava de los volcanes y en cada crepúsculo; el amarillo en las arenas del desierto; el marrón en las montañas y acantilados. Pero le faltaba el verde. Con sorpresa descubrió que no había creado nada verde que llenara Arda de alegría y esperanza.

Así Ilúvatar mejoró su creación. Decidió que allá donde las llanuras tocaban los ríos creciera la hierba, y verdes praderas proliferaron, y brillaban como esmeraldas sobre la tierra iluminada por el Sol. Decidió que allá donde la tierra se comenzaba a elevar hacia las montañas crecieran grandes árboles, y allá se alzaron los árboles mallorn, poderosos y recios, levantando sus gruesos troncos coronados de verdor, homenaje a su propia grandeza. Decidió que donde el viento soplaba fuerte crecieran árboles bajos, con troncos retorcidos que imitaran los mil caminos de su propio pensamiento, y así nacieron olivos y sabinas que salpicaban costas y llanuras.

Tras esta segunda creación Ilúvatar descansó complacido durante más tiempo del que los hombres sabemos contar, y se regocijó con el sonido del viento entre las ramas, y con los cambiantes colores que marcaban las estaciones, y disfrutó siguiendo el paso de las horas en las sombras proyectadas por los mallorn, su creación predilecta.

Sin embargo, al cabo del tiempo Ilúvatar se sintió solo, pues los árboles, la olas, los vientos y las briznas de hierba sólo se movían cuando Él lo deseaba, y acabó cansado de que no existiera la sorpresa sobre la faz de Arda. Así, se retiró de nuevo a la profundidad de su casa, y tanto tiempo pasó pensando que las praderas se agostaron sin su impulso divino, e incluso los mallorn, grandes como montañas y resistentes como el más duro metal comenzaron a sufrir de la desatención de su creador.

Finalmente Ilúvatar descubrió que lo que deseaba eran seres que pudieran decidir por si mismos, y decidió unir lo mejor de cada una de sus creaciones y construir criaturas que tuvieran la gracia del viento, el poder de los mallorn, el color de las praderas en primavera y un atisbo de su propia inteligencia.

Ilúvatar tomó arena de los desiertos, metal de las montañas, hojas verdes de los árboles, agua de mares y rios, añadió hielo de los glaciares y lava de los volcanes y lo mezcló todo en los hornos de vida de su casa. Así nacieron los dragones.

Cuando Ilúvatar vio al primero de ellos desplegar las alas entendió que jamás podría superar esa creación. Su terrible belleza le hizo suspirar de satisfacción, y supo que había conseguido lo que quería. Lo tomó en su mano, lo acercó a la cima de la más alta montaña y acercó su boca al hocico de la bestia. Ilúvatar sopló y con su aliento concedió al dragón el más peligroso don: el libre albedrío. 'Haz lo que quieras' le dijo 'éste es tu mundo'.

El dragón miró a Ilúvatar a los ojos, levantó la cabeza y rugió exultante, pues había comprendido el increible regalo que había recibido. Echó a volar y se dispuso a cumplir el deseo de su creador. Comenzó a hacer su voluntad.

Durante eones Ilúvatar vió cómo los dragones aumentaban su número, y se alegró con su proliferación, con sus danzas en el aire, con su furia y con su terrible poder. Y volvió a ser feliz.

Sin embargo, al cabo del tiempo, los dragones comenzaron a confundir las palabras que acompañaron a su creación y donde Ilúvatar había dicho 'éste es tu mundo' comenzaron a entender 'este mundo es tuyo', y se precipitaron a una orgía de destrucción y abuso. Allá donde le placía, cualquiera de ellos dejaba escapar su rugido llameante, y los mallorn ardían como teas en las laderas de las montañas. Cuando uno deseaba retozar se revolcaba por las praderas, arrasando la hierba. Si otro no gustaba de un rio lanzaba rocas sobre su cauce, desviándolo para su propio placer.

E Ilúvatar se entristeció, pues comprendió que el don del libre albedrío no puede concederse sólo: necesita el contrapeso de la responsabilidad. Y se percató de su olvido y de su error, obcecado por la belleza de su propia creación, y comprendió que debía poner fin a los dragones y comenzar de nuevo.

Las lagrimas de Ilúvatar al llorar por su error, y por tener que eliminar su creación más preciada inundaron la tierra, y los dragones, con todo su poder, se echaron a temblar y se escondieron en cuevas, en acantilados, en marismas, en fiordos, allá donde cada uno pensó que la ira de su creador no le podría alcanzar.

Ilúvatar levantó las manos para pronunciar las palabras que terminarían para siempre con ellos, pero en el último momento se arrepintió, incapaz de destruir tanta belleza, y en lugar de 'desapareced' pronunció 'dormid', y allá donde cada uno de los dragones estaba se desplomó sobre la tierra, sobre el mar, sobre la pradera, sobre la montaña, y comenzó un sueño que continua hasta ahora.

Y así eones después, nosotros, hijos segundos nacidos de la voluntad de Ilúvatar, que nos creó pequeños, débiles, mortales, atrapados al suelo, y a los que recordó dotar de responsabilidad a la vez que de libre albedrío, podemos disfrutar de Arda. Y cada vez que en la orilla del mar, en la montaña, en el pantano o allá donde sea vemos el inmenso y bello cuerpo de un dragón durmiendo el sueño de Ilúvatar, recordamos que el mundo no es nuestro, y que debemos cuidarlo como jardineros un jardín preciado, porque ahora estamos pero podemos no estar.

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Los que conozcan Tolkien habrán reconocido Ilúvatar, Arda y a los Mallorn. Es un abuso por mi parte reescribir la cosmogonía de Tolkien, pero... jope, déjame abusar de vez en cuando. Quería probar el 'estilo Silmarilion'.

El cuento, bueno la leyenda esta, la he escrito de un tirón al ver la foto. Estoy muy contento, porque hace mucho tiempo que no escribía nada.

Si te ha aburrido y lo has dejado, perfecto. Si has llegado hasta aquí... muchas gracias!

:-)

2 comentarios :

Jose Ramon dijo...

Un relato fantástico tio!

Anónimo dijo...

SOY LOSTBENI Y ME HA GUSTADO MUCHO ,LOS HOMBRES ESTAMOS VIVIENDO ESTO AHORA , POR NUESTRA ESTUPIDEZ Y CODICIA , UN SALUDO.

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