sábado, 11 de septiembre de 2010

El arco iris de Feynman, Leonard Mlodinow

Un libro que escribe un tío que ha tenido una de las becas más prestigiosas en Estados Unidos para estudiar en CalTech, al que le han asignado un despacho al lado del de Murray Gell-Mann y a dos puertas de distancia del de Richard Feynman, que hace contribuciones notables en distintos ámbitos de la física teórica, y que en un momento de su vida se dedica a escribir guiones para McGuiver y Star Trek no tiene pinta de ser aburrido, ¿no?

El autor realiza una especie de recorrido autobiográfico de sus primeros años de postdoctorado, compartiendo cafés y comidas con monstruos de la física del siglo XX en los últimos años de su vida en el caso de Feynmann. El libro trata sobre la creatividad, la autoexigencia, la pasión por el descubrimiento, la duda sobre las capacidades de uno mismo y, en general, la belleza de entender la armonía del cosmos, tanto en la física como en la vida.

El libro es también un homenaje a Feynman, uno de los patriarcas de la física del siglo XX, ganador del premio Nobel, pero que según el autor debía haber recibido el nobel al menos tres veces por sus descubrimientos en ámbitos de conocimiento distintos. Uno de los libros más divertidos y bonitos de leer, incluso para el profano, es el '¿Está usted de broma Sr Feynman?', su autobiografía, en la que descubrimos a un tipo divertido al que le gusta tocar los bongos en grupos de música caribeña, y que se lleva sus notas y apuntes a bares de topless donde dice que se concentra mejor.

Feynman fue un personaje excepcional, dotado de una visión que le hacía trascender por encima de los mejores de su generación. Le citaré:

Otra cosa muy interesante y divertida es preguntar: si yo pudiera cambiar la naturaleza en algún aspecto, cambiar una ley física, ¿qué sucedería?...
......
...Y entonces me divertí haciendo otra cosa. Supongamos que hubiera dos tiempos. Dos espacios y dos tiempos. ¿Qué tipo de mundo sería ése con dos tiempos?
p. 95 ed. coment.

Una persona excepcional. Aquí he enlazado un vídeo en el que explica mediante una analogía con las reglas de ajedrez cómo se produce el progreso en los ámbitos más fundamentales de la física

El libro es breve, de lectura sencilla y accesible para todos. No se pierde para nada en profundidades 'físicas o metafísicas'.

¿Recomendable?
Sin duda. Para todos los públicos.

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El arco iris de Feynman, Leonard Mlodinow, Drakontos bolsillo. 180 pág. 9,95 €

2 comentarios :

Mikel Orrantia Diez -Tar dijo...

Salud. Yo voy a ber si le pillo en librería y me lo leo, espero que con sumo placer, recordfando los años de estudiante y la asignaturas de Fisica, que siempre me encanto...

Anónimo dijo...

El cerebro subliminal, o del desconocimiento del psicoanálisis del físico y divulgador científico Leonard Mlodinow.

José Miguel Pueyo

La ignorancia y la desfachatez no son patrimonio exclusivo de nuestro país, ya se encarnen en los hombres de a pie o en los que se aprovechan de los poderes que les otorga la tarima universitaria, situación, esta última, más lesiva incluso para la inteligencia de quienes desean participar de un saber no adulterado por la ideología y la demagogia. Prueba de ello es el radical desconocimiento clínico, la falacia epistemología y el agravio a la ética de lo Real del sujeto humano del norteamericano Leonard Mlodinow. Ignoro el motivo por el que este físico y divulgador de la ciencia, nacido en Chicago, Illinois, el año 1954, se ha atrevido con Freud y el psicoanálisis. Creo lítico suponer, no obstante, que Mlodinow pensara que para hacerse un nombre en el ámbito del pensamiento nada mejor que emular a individuos como Michel Onfray. Quizá él no contó que tan malsana identificación lo introducía en el conjunto de los hijos heridos en su narcisismo por los descubrimientos del primer psicoanalista. Su último libro, Subliminal (Editorial Crítica, Barcelona: 2013), es un claro ejemplo de la perversión intelectual que Alan Sokal y Jean Bricmont denunciaron en Imposturas intelectuales hace bastantes años (publicado originalmente por Éditions Odile Jacob, Octubre 1997), aunque Sokal y Bricmont, como es conocido, erraron respecto a algunos de los intelectuales que criticaban. La perversión a la que me refiero es la de la utilización del lenguaje de las ciencias, como la matemática, la física, la biología o la neurofisiología, conjugado con conceptos filosóficos y del ámbito espiritual, con la ilusoria pretensión de poder explicar así la naturaleza del sujeto humano y sus producciones. La espiritualidad de la terapia cuántica, revival de antiquísima interconexión microcosmos (sujeto - antropología) con el macrocosmos (universo – cosmología), dado su carácter órfico-pitagórico y platónico, es un ejemplo notorio de tan imaginaria y demagógica moda intelectual.
Afirma Mlodinow que Freud acertó en tanto que se dio cuenta que el comportamiento humano está regido por procesos inconscientes, o sea, por motivos que el sujeto que piensa, hace y desea, desconoce. Pero a renglón seguido dice que Freud, al no poseer los instrumentos adecuados para explicar y desarrollar sus descubrimientos, erró más que acertó. Suele ser en el tercer curso de la Enseñanza General Básica, al menos en algunos países, o sea, a un año de que el alumno ingrese, si es el caso, en la Universidad, que oye del profesor que el inconsciente es permeable a la época en la vive la persona en la que se encarna, y que por ello, si bien la estructura del inconsciente apenas ha cambiado con el paso del tiempo, -básicamente, el lenguaje, las pulsiones, el deseo y el goce-, los objetos y el goce del sujeto de la época victoria no son los del sujeto contemporáneo. Que Mlodinow ignore un dato tan básico y elemental, permite comprender que se atreva a hablar de cerebro subliminal para referirse al inconsciente; y que su desconocimiento de lo que es el psicoanálisis y el inconsciente no le prive de decir que el comportamiento social tiene sus mecanismos inconsciente a través de hormonas como la oxitocina y la vasopresina; y que nuestra mente inconsciente opta por la felicidad, por ejemplo.

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