jueves, 7 de octubre de 2010

Descubrimiento

descubrimiento


-Baja tú primero.
-No. Hoy te toca a ti. Ayer casi me pilla el segurata.
-Pero qué dices, si se queda frito en cuanto se acaba El Larguero. Tiene suerte de que nadie mire la grabación de las cámaras.
-Que no, joder, que ayer casi me pilla. Te digo que cuando subía por la escalera estaba dando vueltas con la linterna
-Callaros las dos. Ya voy yo.
-Te acompaño.
-No, espera. Sóla hago menos ruido. Os llamo en cuanto vea que está todo bien. Ahora, a vosotras dos -dice señalando a las dos primeras-, mañana os toca explorar.
-Venga, menos rollo. Queda poco tiempo.
-Yo sólo necesito media hora.
-¡Cómo te pasas!
-Ja ja ja ja, luego me lo cuentas.
-¿Dónde era hoy?
-En los muebles, ¿dónde mejor?
-Tenemos que probar en las máquinas de fitness. Se me han ocurrido un par de ideas...
-Pues cuando vayas dímelo, pasaré por electrónica a pillar una cámara y te grabo.
-Ni de coña. Luego lo cuelgas.
-Más quisieras que te hiciera famosa.
-Callaros ya. Voy.

La de la sudadera lila baja y se dirige a la escalera. Las otras cuatro esperan la señal con impaciencia. Desaparece en el piso de arriba. Un momento después vuelve a aparecer en el hueco de la esaclera. Mira hacia las otras y hace un gesto con la mano. Silenciosas como gatos acechando a un ratón bajan y la siguen escalera arriba. En un par de minutos llegan a la zona de muebles, cuarto piso. Allí, sentados alrededor de una mesa de comedor estilo provenzal están ellos. Cuatro. Silenciosos. Algo va mal. Falta uno.

La de amarillo busca y no encuentra.

-¿Dónde está?
-Un niño tropezó esta tarde con él y cayó. Se le rompió un brazo y se lo llevaron. No lo hemos vuelto a ver. No sabemos más.

La de amarillo se queda quieta como un maniquí. Se gira y se aleja. Unos segundos después la sigue la de negro. La encuentra tumbada boca abajo en una cama de matrimonio, la cabeza incrustada en la almohada. No hace ruido, pero su espalda se agita. Gimoteos inaudibles. La de negro se sienta a su lado y le coge una mano. La de amarillo la aprieta. Están así un rato compartiendo silenciosamente la pérdida. La de amarillo se gira. Tiene los ojos húmedos. La almohada está mojada.

La de negro clava los ojos en la de amarillo. Su mirada es intensa.

-No sabía que podemos llorar.

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