lunes, 1 de noviembre de 2010

cuerpos y almas



Morí en 1977, cuando aires nuevos recorrían España. Lo mio fue una desgracia. Un día salí a pescar y no volví. Demasiadas hierbas la noche anterior, creo. Encontraron mi barca a la altura de Sa Caleta, con la mitad del aparejo y un cubo lleno hasta la mitad de la morralla que había recogido antes de que pasara lo que pasó. De mi cuerpo ni rastro. Durante mucho tiempo hubo gente que dijo que me había visto acá o allá, que había huído de la isla escapando del padre de una muchacha según unos o de un tahur al que debía hasta la camisa según otros. Mi pobre madre ni siquiera tuvo un cuerpo que velar, una tumba a la que llevar flores, una lápida que limpiar.

Lo peor de morirse es morirse, luego no se está tan mal. En mi caso aún se me vienen de vez en cuando los momentos de ansiedad cuando ves la barca que se aleja, sientes que las botas tiran de ti hacia el fondo, los brazos no te responden de puro cansancio y la boca no consigue abrirse al aire sino al agua, mientras ves la luz tan cerca y tan lejos, esa superficie espejante en la que está la salvación y podría estar en la luna pese a estar a un metro. Después, cuando sientes que te van a estallar los pulmones no puedes evitar dar una bocanada, el cuerpo te lo ordena esperando el milagro de que el agua se convierta en aire, que todo sea una pesadilla y que te despiertes empapado, pero de sudor. Fútil esperanza. Es cierto, sin embargo, que el letargo llega pronto y la luz se pierde suavemente, sin dolor, sin más que la rabia por lo que pudo ser y no fue, la añoranza por los abrazos perdidos y el arrepentimiento por aquellas malicias que cometemos y de las que siempre esperamos a mejor momento para disculparnos.

¿Y luego qué? Luego nada. Si hay una luz al final de un túnel yo no la vi. Si hay alguna presencia majestuosa que nos da la bienvenida a cualquiera de los cielos o infiernos, de mi se olvidó. Luego nada. Estar sin estar. Ser sin ser. Eterno vagar viendo, oyendo, percibiendo... sin participar de nada.

A falta de mejor palabra digamos que dejé de ser cuerpo para convertirme en alma.

Con la transición cesaron ansiedad y temor, que fueron sustituidos por una calma absoluta. Al poco descubrí que podía elegir dónde ir, e instantáneamente me trasladaba al sitio que fuera con la única condición de que hubiera alguien allí. Me apropiaba de los sentidos de alguna persona y veía a través de sus ojos, oía a través de sus oídos y tocaba a través de sus manos. Gusto y olfato jamás los recuperé. No me preguntes por qué.

Pero tranquilo, amable lector, que tus secretos son tuyos. Por más que lo intenté jamás penetré en la mente de mis agentes. Compartía sentidos pero no razón. Veía suceder cosas pero jamás conseguí influir ni participar en los actos. Nunca he entendido cómo funciona esto, pero como estoy muerto no tengo a quién preguntar ni tiene sentido quejarme.

Supongo que no soy el único que está por aquí, pero tampoco he conseguido encontrar o comunicarme con mis colegas. Entiendo que ellos estarán en mi misma situación, viendo por los ojos de otros y oyendo por los oídos de otros pero incapaces de dejar señales, de indicar su presencia, de manifestarse ni a desconocidos ni a seres queridos.

Sin embargo hay días en los que parecen reducirse las barreras, en las que los vivos parecen darse cuenta de que existimos más allá de su memoria, y yo, por mi parte, siento cierta agitación a mi alrededor, una suave brisa fresca que acaricia mi no cuerpo y que quiero pensar que es el no cuerpo de algún compañero que se acerca a mi y que intenta decirme algo.

Hoy es uno de esos días y sé lo que voy a hacer. Voy a ir sobre la ciudad y me voy a mover tanto y tan rápido que la humedad condense a mi alrededor. Intentaré dejar una huella que todo el mundo vea, por si algún ser vivo o incorpóreo como yo entiende mi grito de ayuda y puedo terminar con esta soledad, que ya dura demasiado.

No está mal esto de estar muerto, pero se me ocurren cosas mejores.

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Hoy es un día tan bueno como cualquier otro para recordar a quienes no están con nosotros.

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