miércoles, 23 de marzo de 2011

Lo que sé de los hombrecillos. Juan José Millás.


Juanjo Millás nos traslada otra vez a uno de sus mundos irreales en los que  la percepción de la realidad por parte de los protagonistas se adultera, transforma y modifica hasta convertirla en un sueño o pesadilla de la que el propio protagonista no sabe cómo salir. Como siempre, no quiero contar la historia más allá de lo que la contraportada del libro nos desvela con el fin de no quitar al lector casual de este comentario el placer del descubrimiento, pero vamos, en este caso ...

El protagonista, catedrático emérito, vive acompañado por minúsculos hombrecillos vestidos con un traje gris, corbata y sombrero que se dedican a refugiarse en su ropa, a comer mendrugos de pan y a aparecer y desaparecer por los rincones de su casa, todo ello sin que nadie con quien él haya compartido su vida se haya percatado de la situación. Estos hombrecillos, de constitución igual a la humana, sólo que a una escala inferior, le hacen de repente un regalo:  un clon diminuto con quien mantiene un vínculo telepático, y que le permite hacer realidad sus sueños más descarnados.

A partir de aquí una vida ordenada y rutinaria se convierte en un carnaval de sexo, alcohol y violencia, para gusto y disgusto a partes iguales del propio protagonista. ¿Alguien había supuesto que alguna vez que en las páginas de Millás encontraría sexo explícito aderezado con enrevesadas metáforas reproductivas? Yo, desde luego no, y me ha sorprendido tanto que ha llegado a desagradarme. No soy especialmente mojigato, pero no me lo esperaba.

El libro es una obvia reflexión sobre el peligro de la materialización de los sueños y fantasías, al modo de algunos cuentos infantiles de los que toma referencias indudables -el mundo diminuto, los duendes... -, pero para mi no acaba de estar bien resuelto, y le sobra retorcimiento. Para mi los libros de Millás  se parecen a las columnas en trenza  que podemos ver en el baldaquino de la Basílica de San Pedro en Roma, o en la lonja de Valencia, en el sentido de que los hilos de la realidad y la alucinación de los protagonistas se entremezclan y se hacen indistinguibles. En este caso, sin embargo, creo que estos hilos dan dos vueltas de más, o tres, y acaban deshilachados en un final para mi aliterario. Cuando yo era pequeñito y gustaba de escribir cuentos, un profesor de lengua española al que maltratábamos en la escuela y que intentaba sacar petróleo de las piedras me dijo: nunca escribas un cuento que termine con un 'y entonces despertó'. No es así como termina este libro de Millás, pero a la vez sí que es así.

En fin. Odio escribir un comentario no favorable de  un autor sobre cuyos libros me precipito como un desesperado, y que me ha dado tanto placer a lo largo del tiempo, pero es lo que pienso.

En el haber del libro contemos que lo compré en el aeropuerto de Barcelona, a la vuelta de este viaje relámpago que hice ayer, y que no lo solté hasta que lo terminé. En el debe que no lo solté porque esperaba con expectación el final, que tristemente me desilusionó.

¿Recomendable?
NO para mi. Se me ocurren del tirón tres libros de Millás que leería mucho antes que este: 'Tonto, muerto, bastardo e invisible', 'Dos mujeres en Praga' y 'El mundo' ... ah, 'Laura y Julio', que no se me olvide.

PD: Hace tiempo he perdido la costumbre de colgar comentarios de los libros. No lo hago sistemáticamente desde el verano, y es una mala costumbre de la que intentaré redimirme.

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Lo que sé de los hombrecillos. Juan José Millás. Ed. Seix barral, 170 pág. 17 €

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