viernes, 26 de agosto de 2011

Economía, ideología, Angela Merkel y el hombre del saco.

Para animar un poco el tema vamos a reformar la Constitución. Esa de la que somos incapaces de eliminar el toque machista trasnochado de la preferencia del varón por la mujer en la sucesión a la Corona.

Y a mi el tema me preocupa. Repasando la constitución encuentro principalmente cuatro artículos 38, 40, 128 y 131 relacionados con la determinación de la política económica del estado. Me llama la atención muy especialmente el artículo 40, que en su punto uno dice:

"Los poderes públicos promoverán las condiciones favorables para el progreso social y económico y para una distribución de la renta regional y personal más equitativa, en el marco de una política de estabilidad económica. De manera especial realizarán una política orientada al pleno empleo."

Me gustan las referencias al progreso, la equidad, la estabilidad y el pleno empleo. Creo que los 'padres de la patria' hicieron ahí un buen trabajo. Y leyendo esto ¿hace falta una reforma de la Constitución para fijar un techo al déficit público? ¿No es suficiente la referencia a la 'política de estabilidad económica'? No nos engañemos, introducir en la Constitución una referencia explícita al equilibrio presupuestario es lisa y llanamente constitucionalizar una determinada doctrina económica.

La doctrina económica del partido de gobierno se traslada a leyes y a decretos. Un ejemplo clarísimo es el Plan E que permitió hace dos años dar trabajo cientos de miles de personas y realizar miles de pequeñas intervenciones en casi todos los municipios de España. El presidente Zapatero impulsó una actuación Keynesiana: incremento de la demanda agregada por la vía del gasto público. El Partido Popular propuso por el contrario una actuación diametralmente opuesta y alineada con los postulados de la escuela neoclásica: reducción de impuestos con el objeto de estimular el consumo y la inversión. Ambos partidos pretendían conseguir lo mismo: dinamizar la economía incrementando la demanda agregada, pero por caminos completamente diferentes. La diferencia en el pensamiento económico se traslada a los planteamientos políticos de los partidos. No podía ser de otro modo.

Ahora nos encontramos de sopetón que vamos a reformar la Constitución para introducir en ella una limitación que responde claramente al pensamiento de una escuela económica, que defiende que la clave para la estabilidad económica es el equilibrio presupuestario. Para esta escuela el déficit público es el malo de la película, el causante de todos los males y el origen del fantasma de la inflación. Y puede que esta escuela tenga razón. O no.

Pero ¿de dónde viene el déficit público? Es un instrumento del gobierno que procede de dos fuentes: las decisiones de gasto o inversión del gobierno en los presupuestos del estado y los estabilizadores automáticos, que son independientes de la acción de gobierno. ¿Qué son los estabilizadores automáticos? Principalmente las prestaciones por desempleo y la recaudación de impuestos. En un momento de recesión las prestaciones aumentan y los impuestos disminuyen automáticamente. Vemos así que el déficit público es algo más complejo que el simple 'gastar más de lo que uno ingresa', puesto que determinados gastos no se pueden evitar si queremos mantener algo parecido al estado del bienestar que tan bien nos ha funcionado para dar estabilidad y confianza a España.

Sin embargo vemos que la corriente económica que se pretende introducir en nuestra Constitución propugna que lo principal es equilibrar las cuentas públicas. Ojo, que no discuto la importancia de este postulado –más bien axioma para sus defensores-. Lo que dudo es que tenga que convertirse en un imperativo constitucional, al mismo nivel que el 'progreso económico', la 'distribución equitativa de la renta' o el 'pleno empleo'.

¿Y por qué constitucionalizar este compromiso con una escuela? Pues porque Ángela Merkel manda, y su línea ideológica y política está comprometida en este sentido. Para la canciller alemana, el enemigo no es la deuda, ni el estancamiento de la economía, ni la situación de los países del sur de Europa, sino la inflación. El mandato del BCE, a imagen y semejanza del del Bundesbank, es de mantener la estabilidad de los precios, y sólo de modo secundario de atender otros aspectos de la economía. Para Alemania, para Merkel, la inflación es el hombre del saco. El origen de esto es el dramático periodo de hiperinflación de la República de Weimar en los años veinte del siglo XX, que fue una de las causas del ascenso del nazismo. Ese fantasma del pasado sigue condicionando la política económica alemana.

Sin embargo hay muchos economistas que defienden otras aproximaciones a la solución de la crisis actual, por ejemplo dejando crecer la inflación a un cinco o seis por ciento durante unos años o cual reduciría la carga de la deuda. Acabamos de mentar la bicha. Viene el hombre del saco.

El equilibrio presupuestario es un objetivo sano, pero hay otras alternativas para resolver la situación actual. Elegir cómo vamos a salir de la crisis y gobernar nuestra economía no es el objetivo de la Constitución. La Constitución es el espacio de los fines, no de los medios. Comprometerse constitucionalmente con una doctrina económica determinada me parece atar a los gobiernos presentes y futuros de pies y manos, privarles de instrumentos que pueden ser necesarios para hacer funcionar el país.

Una ley de estabilidad presupuestaria si, cambiar la Constitución no.

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Publicado en Opinión del periódico Última Hora de Ibiza y Formentera el 26/08/2011

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