jueves, 29 de septiembre de 2011

Como un pollo sin cabeza


El pasado domingo la derecha francesa perdió el control del senado por primera vez desde el año 1958. A lo largo del tiempo en el país galo se han sucedido gobiernos de distinto color político, pero el control del Senado parecía ser un patrimonio de la derecha en cualquiera de sus manifestaciones. ¿Nos importa esto? Desde luego Francia es uno de los países con los que  es clave  mantener unas relaciones exquisitas por ser uno de los principales mercados para las exportaciones españolas, el tercer emisor de turistas a nuestro país, por su trascendencia en la lucha antiterrorista y hasta por la importancia histórica de la dinastía  Borbón.

Sin embargo lo importante en este momento no es eso. El electorado francés en las elecciones municipales decidió apoyar a las fuerzas de la izquierda, y esto se ha traducido ahora en el cambio en la mayoría del senado, elegido en Francia por sufragio indirecto. Son las cuartas elecciones consecutivas que pierde Sarkozy. 

El quince de septiembre asistimos también a que en Dinamarca la derecha perdía el poder. El partido Socialista ganó esas elecciones  por primera vez  desde hace diez años. Vemos también como cada elección regional en Alemania supone un varapalo a la canciller Merkel. Sin embargo, en Portugal el partido socialista en el gobierno perdió las elecciones frente al candidato conservador José Sócrates, y vimos un poco antes que en el Reino Unido Gordon Brown fue expulsado de Downing Street por David Cameron. Y ¿qué pasó en España el pasado 22 de mayo?

¿Qué pasa en Europa? ¿Se está produciendo una transformación de las mayorías hacia la izquierda? ¿El péndulo se desplaza hacia la derecha? Nada de eso. El único denominador común de los resultados electorales generales, regionales o locales es que quien ha estado gobernando la crisis ha perdido. Tan sencillo como eso. Como dicen los niños: quien la lleva paga.

A los electores europeos no nos están guiando ideologías, pues los sucesivos y sistemáticos cambios de gobierno en países con tan poco en común en cuanto a su gestión y desempeño frente a la crisis como Alemania y Portugal, nos indican que ni las soluciones de la izquierda ni las de la derecha parecen calar entre la población. Ninguno de los líderes europeos ha sido capaz de explicar la crisis o de justificar los ajustes que todos han tomado independientemente de su color político. Tampoco han sido capaces de ilusionar, de hacer ver que más allá de la nube negra en la que nos tiene metida la prima de riesgo, el fondo de rescate o un trader británico con su desparpajo condescendiente, hay un mañana radiante y luminoso para esta vieja Europa herida. 

Los electores europeos, carentes de referencias,  no tenemos ni idea de cómo salir de esta situación, pero sí que sabemos lo que no queremos: seguir como estamos. Cargamos contra quien gobierna, sea del partido que sea, tenga la ideología que tenga: "así no nos vale, busquemos otra opción". En Alemania no vale el partido conservador, votemos a los progresistas. En Francia no vale Sarkozy, votemos progresista. En Portugal el Partido socialista nos ha llevado a donde estamos, votemos a José Sócrates pese a que precipitó el rescate con su tacticismo parlamentario. 

¿Qué haremos en España? Ahora tenemos elecciones. Podemos decidir. Podemos seguir meneando el sillón de quienes gobiernan, sean quienes sean, o podemos comparar propuestas, programas y alternativas  y votar con la cabeza y no por venganza o añoranza de otros tiempos que ya seguro que no van a volver. 

Con todo el respeto del mundo, los electores del resto de Europa se están comportando como un pollo si cabeza. No lo hagamos nosotros. Pensemos el voto.


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Publicado en Última Hora de Ibiza el 29/09/2011

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