jueves, 24 de marzo de 2011

Riña de gatos, Eduardo Mendoza


¡Qué maravilla de libro! ¡Qué maravilla de escritor! Hala, ya no cuento más.

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Bueno, algo más contaré: un experto inglés en Velazquez recibe el encargo de realizar una tasación en el tumultuoso Madrid del principio de la Primavera de 1936. Ignorándolo casi todo sobre la convulsa situación en España, se ve envuelto en una enrevesada trama a muchas bandas de la que no está claro si conseguirá salir indemne.

Eduardo Mendoza, el escritor que mejor ha retratado la Barcelona de la primera mitad del siglo XX se traslada con éxito a Madrid, ciudad por la que evidencia un afecto sincero. Con el mismo amor y detalle con el que nos pasea por el barrio gótico de Barcelona, Mendoza nos traslada de la Cibeles a la calle Carretas, y de la Castellana a Serrano.

Pero Madrid no es más que el escenario en el que se desarrolla la acción, en la que los personajes de ficción creados por el autor sobre los que algo comentaré más tarde, se encuentran con personajes históricos como Jose Antonio Primo de Rivera, Niceto Alcalá Zamora, Manuel Azaña y Francisco Franco, por decir unos cuantos, que en el libro actúan de secundarios de lujo.

A través de la trama de acción e intriga, el autor nos presenta un acertadísimo fresco de la situación de preguerra civil, con las luchas callejeras entre socialistas y falangistas, las intrigas de la capital en la que todos conspiraban contra todos y una ciudadanía que temiéndose lo peor no renunciaba a su vida castiza y  desenfadada. Mendoza mantiene la tesis de que la historia se desarrolla a partir de hechos fortuitos e inconexos que llevan a desenlaces dramáticos que realmente no eran fruto de la planificación de los agentes de los mismos. Así, alrededor de figura del 'inglés' se va tejiendo un tapiz de conspiración, secretos y misterios que puede desencadenar un resultado trágico para España.

El libro también es un homenaje a la pintura y al arte en general. Velázquez y su obra tiene una presencia tan viva como la de cualquiera del resto de personajes. En más de una ocasión al leer un determinado párrafo he saltado al ordenador a mirar el cuadro que se describe, intentando percibir los matices y elementos que magistralmente describe el autor.

¿Y los personajes? Además del inglés, protagonista indiscutible, por el libro circulan marquesas enamoradas, putas adolescentes, comunistas a las órdenes de Moscú, curas sacados de la caverna, falangistas de puño y pistola, recepcionistas displicentes, espías disfrazados ... un zoo de personajes del calibre de los que habitualmente nos regala Mendoza. ¿Cómo se le puede ocurrir a alguien crear a un personaje que se llama Gumersindo Marranón, teniente coronel de la policía,  y que no nos entre la risa cada vez que sale?

En fin. No voy a contar más porque espero de verdad que leas el libro. Una maravilla. Lo mejor que llevo leído este año.

¿Recomendable?
SIIIIII compralo!!!!

Ah, ¿he dicho que ganó el Planeta? No sé qué esperanzas debían tener los otros autores cuando se rumoreó que Mendoza se presentaba....

PD: No sé qué me pasa, pero cuanto más trabajo tengo más ganas de leer tengo a su vez. Creo que la excitación del trabajo y la tensión hace que duerma menos, y al dormir menos leo más. Bendito insomnio!!!!


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Riña de gatos, Eduardo Mendoza, ed. Planeta. 432 pág, 21,50 €

miércoles, 23 de marzo de 2011

Lo que sé de los hombrecillos. Juan José Millás.


Juanjo Millás nos traslada otra vez a uno de sus mundos irreales en los que  la percepción de la realidad por parte de los protagonistas se adultera, transforma y modifica hasta convertirla en un sueño o pesadilla de la que el propio protagonista no sabe cómo salir. Como siempre, no quiero contar la historia más allá de lo que la contraportada del libro nos desvela con el fin de no quitar al lector casual de este comentario el placer del descubrimiento, pero vamos, en este caso ...

El protagonista, catedrático emérito, vive acompañado por minúsculos hombrecillos vestidos con un traje gris, corbata y sombrero que se dedican a refugiarse en su ropa, a comer mendrugos de pan y a aparecer y desaparecer por los rincones de su casa, todo ello sin que nadie con quien él haya compartido su vida se haya percatado de la situación. Estos hombrecillos, de constitución igual a la humana, sólo que a una escala inferior, le hacen de repente un regalo:  un clon diminuto con quien mantiene un vínculo telepático, y que le permite hacer realidad sus sueños más descarnados.

A partir de aquí una vida ordenada y rutinaria se convierte en un carnaval de sexo, alcohol y violencia, para gusto y disgusto a partes iguales del propio protagonista. ¿Alguien había supuesto que alguna vez que en las páginas de Millás encontraría sexo explícito aderezado con enrevesadas metáforas reproductivas? Yo, desde luego no, y me ha sorprendido tanto que ha llegado a desagradarme. No soy especialmente mojigato, pero no me lo esperaba.

El libro es una obvia reflexión sobre el peligro de la materialización de los sueños y fantasías, al modo de algunos cuentos infantiles de los que toma referencias indudables -el mundo diminuto, los duendes... -, pero para mi no acaba de estar bien resuelto, y le sobra retorcimiento. Para mi los libros de Millás  se parecen a las columnas en trenza  que podemos ver en el baldaquino de la Basílica de San Pedro en Roma, o en la lonja de Valencia, en el sentido de que los hilos de la realidad y la alucinación de los protagonistas se entremezclan y se hacen indistinguibles. En este caso, sin embargo, creo que estos hilos dan dos vueltas de más, o tres, y acaban deshilachados en un final para mi aliterario. Cuando yo era pequeñito y gustaba de escribir cuentos, un profesor de lengua española al que maltratábamos en la escuela y que intentaba sacar petróleo de las piedras me dijo: nunca escribas un cuento que termine con un 'y entonces despertó'. No es así como termina este libro de Millás, pero a la vez sí que es así.

En fin. Odio escribir un comentario no favorable de  un autor sobre cuyos libros me precipito como un desesperado, y que me ha dado tanto placer a lo largo del tiempo, pero es lo que pienso.

En el haber del libro contemos que lo compré en el aeropuerto de Barcelona, a la vuelta de este viaje relámpago que hice ayer, y que no lo solté hasta que lo terminé. En el debe que no lo solté porque esperaba con expectación el final, que tristemente me desilusionó.

¿Recomendable?
NO para mi. Se me ocurren del tirón tres libros de Millás que leería mucho antes que este: 'Tonto, muerto, bastardo e invisible', 'Dos mujeres en Praga' y 'El mundo' ... ah, 'Laura y Julio', que no se me olvide.

PD: Hace tiempo he perdido la costumbre de colgar comentarios de los libros. No lo hago sistemáticamente desde el verano, y es una mala costumbre de la que intentaré redimirme.

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Lo que sé de los hombrecillos. Juan José Millás. Ed. Seix barral, 170 pág. 17 €

domingo, 6 de marzo de 2011

cuatro días de marzo

cuatro días de marzo (1)
1 de marzo

cuatro días de marzo (2)
2 de marzo

cuatro días de marzo (3)
3 de marzo

cuatro días de marzo
4 de marzo

En la montaña no hay dos días iguales. Por desgracia me falta la foto del primer día. Hacía un viento bastante fuerte y el aspecto del risco era también diferente. Una lástima porque no la llegué a hacer. Como suele ocurrir, el último día el más bonito.