sábado, 30 de abril de 2011

La costa más cercana

A veces me paso ratos largos mirando la costa de Ibiza en Google Earth buscando sitios en los que no haya estado, intentando descubrir rocas, ensenadas, alienaciones de objetos. A veces comparo con los ángulos de salida o puesta del Sol o la Luna, intentando estar en un sitio concreto un día concreto a una hora exacta.

Esta exploración digital se convierte en real a veces, y gracias a eso he estado en sitios maravillosos de la isla, pero también me he metido en algunos lugares.... innombrables. Algunas de esas 'aventuras' han adquirido el tinte de 'lengendarias' como cuando llevé a Pedro y a Jose a Ses formigues y ...acabamos en s'aigua dolça primero (¿sabías que existe un sitio que se llama s'aigua dolça?) y luego en mitad de un zarzal en el bosque. O cuando bajamos a el corrals d'en guillem en coche después de llover... en fin.

Sin embargo, en esta bendita isla uno se encuentra sorpresas de vez en cuando, y no necesariamente en un sitio remoto sin cobertura del móvil y dejado de la mano de Dios... no.

Hoy es un día importante para mi, y para celebrarlo he madrugado, pero no me he ido lejos.

Debajo de las murallas de Ibiza he encontrado la costa más cercana. ¿Alguien ha leído el libro de Úrsula Leguinn 'la costa más lejana'? Bueno. Eso ahora da igual.

Roquitas, un acantilado majo, islotes... es decir, todo lo que busco por aquí y por allá, y a tres minutos en coche de mi casa. Tengo que volver una mañana que prometa un amanecer más luminoso que el de hoy. Hoy las nubes no permitían hacer justicia al sitio (las nubes y mis manos torpes)

Unas fotillos para ilustrar la excursión.

la costa más cercana 1

la costa más cercana 2

la costa más cercana 3

la costa más cercana 4

la costa más cercana 5

miércoles, 13 de abril de 2011

50 años del inicio de una nueva era. Gagarin.

Gagarin in SwedenHace cincuenta años que este hombre se metió en algo un pelín más grande que una cabina de teléfono colocada encima de un misil y se fue a dar una vuelta por ahí arriba, más allá del límite de la atmósfera, el reino de las estrellas.

El cohete estaba impulsado por la rivalidad por dominar el mundo entre las dos potencias que se lo disputaban. la 'carrera espacial' fue una de las escasas coas buenas que tuvo la guerra fría. Gracias a ella salimos de la Tierra, colocamos personas en la Luna y construimos estaciones espaciales. Las tecnologías asociadas a todos estos logros han impulsado el crecimiento y el bienestar decenas de veces más allá del coste que supuso su desarrollo. La miniaturización, los GPS, la televisión por satélite, las comunicaciones, Internet, muchos nuevos materiales, .... una lista interminable de logros que originariamente se desarrollaron para permitir que personas como tú y como yo pudieran ir, vivir, trabajar  y volver de un mundo para el que no estamos hechos.

Hoy en día, cincuenta años después, vemos el vuelo espacial como un hecho rutinario, que sólo cobra actualidad cuando alguno de los protagonistas es de los nuestros, o algo parecido, o cuando ocurre una tragedia. Y sin embargo no somos capaces de volver a la Luna, ni lo seremos en decenas de años (salvo que los chinos se pongan a ello en serio)

Sergey Korolyov 140-190 for collagePero lo importante no es ir a la Luna, o a Marte, o a donde sea. Lo importante es continuar descubriendo cosas,  desarrollando tecnologías, inventando soluciones a problemas imposibles. La exploración espacial realizada por personas es un fin en si mismo, pero a la vez es un medio para algo más importante, que es la exploración de las fronteras del conocimiento, de la tecnología.

Un último comentario. Nos quedamos con la cara del héroe, pero no con la de los cientos de ingenieros, operarios, trabajadores que lo hicieron posible. Resumire todas ellas en la del 'diseñador jefe', Sergei Koroliov, uno de los padres del programa espacial soviético, a quien  casi nadie conoce.


Imágenes Creative Commons

sábado, 9 de abril de 2011

uno, en el mar

uno, en el mar
uno, en el mar, originalmente cargada por soybuscador.
es figueral, ibiza; 26/03/2011

Ya no salgo casi nunca a hacer fotos. Muchas historias de trabajo, nuevos proyectos de los que igual sabes algo, o igual no, algún cambio de prioridades personales y mil y una pequeñas y grandes razones hacen que casi haya perdido la costumbre de salir una o dos veces por semana a pasar frio y sueño al amanecer o por la noche, tirar cuarenta o cincuenta fotos y luego lanzarme como un loco sobre el ordenador al llegar a casa, sea la hora que sea, para ver qué ha salido.

Y lo echo de menos, la verdad. Mucho, pero no se puede hacer todo. Es una pena pero no se puede hacer todo.

En lugar de mil quinientas fotos al mes igual hago cien. Qué lástima. En fin. Es lo que hay, y no sé si a corto plazo podrá ser diferente.

En cualquier caso, cada vez que puedo sacar la cámara de la funda y meter los pies en la arena de una playa o pelearme con el trípode para colocarlo bien entre las rocas es una pequeña alegría que me recuerda a otros tiempos en los que eso era la costumbre, no la excepción.