domingo, 29 de abril de 2012

Libertad, Jonathan Franzen

Uno encuentra de vez en cuando un libro que le recuerda el sentido de la lectura. ¿Para qué sirve leer? ¿Qué motivo tenemos para pasarnos diez, quince, veinte horas pasando páginas? ¿Qué sentido tiene vivir la vida de otros a través de personajes inventados, inexistentes?

Leemos entre otras cosas para encontrar libros como este. Si el arte es placer para la mente, este libro es placer del bueno, del que uno recuerda mucho tiempo.

Acompañamos al autor en veinte años de la vida de una familia americana. ¿Tiene algo de especial esta familia? No demasiado. Los protagonistas crecen, estudian, se emparejan, tienen problemas, tienen aventuras, cambian de trabajo, de ciudad;  persiguen sus sueños, a veces los alcanzan y a veces no; caen presa de sus obsesiones, y quizá consiguen desembarazarse de ellas,  o no; tienen hijos, esos hijos crecen, a su vez se emparejan, etc. etc. etc.

Vaya historia vulgar, ¿no? Pues no, nada de eso, porque las cosas no son como son, sino como nos las cuentan, y esta historia tiene historia.

No te voy a contar nada sobre el libro en si mismo, sobre la historia, los personajes, la trama... Creo que es mejor que lo leas y saques tus conclusiones.

Tengo la impresión de que igual que igual que leer a Dickens es uno de los mejores modos de acercarse  a la realidad cotidiana de la Inglaterra victoriana, o leer a Cela es imprescindible para comprender la postguerra en España, leer este libro será el mejor modo de entender Estados Unidos en este convulso y complejo inicio de siglo y milenio.

En este caso la historia es una excusa para explicarnos un país en lo social y en lo político. Una inmensa  crónica de un país que por mucho que intentemos no conseguimos comprender desde este lado del atlántico.

¿Recomendable?
 Sin la menor duda. Libertad es una obra maestra. Es el mejor libro que he leído en 2012.



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Libertad, Jonathan Franzen, ed. Salamandra, 672 pág. 25,00 €


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