jueves, 16 de agosto de 2012

Rescate, David Malouf

La historia de la literatura está llena de escenas, situaciones, capítulos o personajes que son secundarios a una trama central pero que quizá merecerían ser explorados. El autor toma uno de los 'episodios' de la Ilíada y sobre él construye su argumento.

Para vengar la muerte de Patrocolo, Aquiles desafía a Héctor a combate singular, con el resultado conocido por todos. Una vez muerto Héctor, Aquiles arrastra el cuerpo por el campo de batalla unido a su carro y no lo devuelve para que sea honrado y cremado en la ceremonia fúnebre reservada a héroes, príncipes y reyes. Pasan once días, y Príamo, Rey de Troya decide visitar a Aquiles y humillándose ante él, pedirle que le devuelva el cuerpo de su hijo.

La Ilíada termina así, en su canto XXIV, no con la toma y destrucción de Troya, como generalmente se supone. De hecho en la Ilíada no sale ningún 'caballo de troya' para sorpresa de muchos, pero vamos, esto no es importante ahora.

La visión del anciano Príamo suplicando al héroe Aquiles por el cuerpo de su hijo no es ninguno de los momentos que todos recordamos de la Ilíada: el combate entre Héctor y Aquiles, el de Paris y Menelao, las disputas entre Agamenón y Aquíles o las permanentes demostraciones de ingenio de Ulises. Sin embargo este es uno de los momentos más íntimos y delicados dentro de una historia excepcional.

El autor hace un excelente trabajo relatándonos la angustia de Príamo, que se ve obligado a abandonar su rol de rey cuasidivino de Troya para adoptar el de padre doliente; que arriesga su propia vida en la ancianidad para poder honrar a su hijo; que contra los consejos de su corte se embarca en una aventura personal en la que deja parte de su honor y lo que hoy llamaríamos imagen.

Príamo se hace acompañar por un mulero, al que llama Ideo como su heraldo, y que se convierte en el Sancho Panza particular de esta historia. Con su naturalidad y sencillez acerca al Rey al mundo de los mortales. Siguiendo el decurso del canto, encuentran ayuda divina en su camino, y finalmente llegan hasta el campamento argivo, donde Aquiles les recibe y se cierra la historia.

El autor me ha convencido de que este pasaje merecía una segunda lectura, que inmediatamente voy a hacer. Me ha conmovido con el dolor de Príamo pero también de Aquiles, cada uno por sus motivos. Dolores personales y particulares en el contexto de destrucción generalizada de la guerra. Dicen que uno sufre más cuando le pone cara al dolor, que una muerte aislada conmueve mucho más que la muerte generalizada, que no somos capaces de comprender qué significan diez mil  muertos en un terremoto, o treinta muertos en un atentado, pero que cuando eso se personaliza e individualiza en personas concretas sí que nos llega.

No es una novedad para el que siga este blog que para mi la Ilíada es una de las joyas de la literatura universal. Este es uno más de los libros nacidos a su amparo, y un buen libro, por cierto.

¿Recomendable?
Siempre que te llame el mundo griego y más concretamente el mundo homérico sí.

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Rescate, David Malouf, ed. Libros del asteroide, 192 pág. 16.95€


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