lunes, 22 de octubre de 2012

Nubes de octubre

I

- Las nubes de octubre son las más bonitas, dicen.
- Puede ser. El aire es más frio y los días son más cortos. Entran las borrascas y el cielo está siempre agitado.
- Mira aquella, la de allá.
- ¿La que tiene forma de seta?
- ¿Seta? Tiene forma de nube.
- Pues claro, Alejandro, una nube siempre tiene forma de nube.
- ¡Siempre picas!

Él se sentó y se sacudió las hojas secas que se le habían pegado a las mangas.

- Tengo frío - dijo -, mejor nos vamos.
- La que siempre tiene frío soy yo. Hoy me ganas.
- Estoy destemplado, he dormido mal y comido peor. Vamos, estaremos mejor en tu casa.
- No - dijo Sandra -, hoy no vamos a casa, no me apetece. Si quieres damos un paseo, o vamos a tomar algo, pero no vamos a casa.
- Como veas, Sandra. Vámonos entonces, tengo cosas que hacer
- Pero no te habrás molestado, ¿no?
- No sé qué decirte. Hace una semana o dos que no vamos a ningún sitio a estar juntos. Es raro.

Ella siguió tumbada un rato, los brazos cruzados sobre el vientre, los pulgares apoyados justo en la cintura del pantalón. La camiseta se había levantado un poco dejando ver su piel morena y el piercing del ombligo. Giró la cabeza y miró a Alejandro con una mirada indefinida. Quizá interrogativa, quizá expectante, quizá triste, quizá todo lo anterior.

-Vale. Nos vamos - dijo al momento. Él asintió, se levantó, le ofreció la mano para ayudarla,  pero ella se incorporó sola. Una vez de pie se acercó a él, lo abrazó y le dijo algo al oído. Él sonrió. Le devolvió el abrazo y la besó.


II

- Pásame la lata, por favor
- Toma cariño - Sandra le acercó la Coca cola sin mirarle, concentrada en su ensalada, buscando algún mensaje en la disposición aleatoria de las hojas de ¿canónigos? ¿berros?, apartando con ligero desagrado las cosas que a él le gustaba poner ¿fresas? ¿láminas de champiñón? ¿trozos de mango?

- Estás despistada hoy.
- No, no pasa nada. El trabajo.
- ¿El trabajo? - preguntó él.
- El trabajo - repitió ella.
- El trabajo - concluyó Alejandro.
- ¿Te estás riendo de mi?
- No, Sandra, nunca me rio de ti.
- Pues lo parece
- Pues no es así. No me rio de ti. 


III

- Hoy no podré, tengo cosas
- ¿Cosas?
- Tengo cosas.
- Cariño, últimamente siempre tienes cosas.
- Si, antes eras tú, siempre tenías cosas, ahora la que te pide paciencia soy yo.
- Paciencia... me pides paciencia.
- Sí, paciencia. Un poco de paciencia, un poco de tiempo, un poco de espacio.
- Y... después de ese tiempo, ¿qué habrá?
- No lo sé. No lo sé. Necesito tiempo.

Alejandro colgó. Miró el teléfono con impotencia. Volvió a poner la música. Otra vez la misma canción. Demasiadas veces la misma canción.

El teléfono vibró. '1000besos. Te quiero' decía el mensaje.

Alejandro se sorprendió de la profundidad expresiva, de la potencia emocional que contenía el breve texto en la pantalla, del poder que estaba encerrado en él. Diecinueve caracteres. Diecinueve. Un uno, tres ceros, dos es, dos oes, dos eses y unas cuantas letras más. Un mensaje que le iba a costar otra noche sin dormir, dos días de ansiedad, otra semana de esperanza al final de la cual habría otra cita fallida y otro mensaje. Un mensaje que obviamente ni esperaba ni deseaba respuesta, lo que pretendía era... ¿qué era? ¿qué pretendía el mensaje? '1000besos. Te quiero' ¿No sería más facil decir 'Olvidame, que cada cual haga su vida' o 'hemos terminado'?


IV

'Las nubes de octubre son las más bonitas', pensó Alejandro, 'llenan el cielo, se transforman y cambian de aspecto cada rato, siempre hay donde mirar, siempre hay una forma distinta'

Se movió hacia la derecha, evitando algo que se le clavaba en el omoplato. El suelo estaba frio, pero no tanto como para tener que levantarse. Debajo de la cabeza había puesto la chaqueta doblada que le hacía de almohada improvisada. En los árboles, alrededor, sonaban ruidos. ¿Conejos? ¿ratas? ni idea.

Quizá llevaba media hora allí, tendido en el claro del bosque, en el mismo claro del bosque, mirando las nubes, pensando, recordando. Tanto dolor, tanta impaciencia, tanta espera, tanta confusión.

El teléfono volvió a vibrar en el bolsillo. Un mensaje. Otro mensaje. Lo ignoró, como había ignorado otros antes, como ignoraría los siguientes.

En el cielo una nube se movía lentamente, y poco a poco quedó claro que eran dos, una sobre la otra, moviéndose a distinta velocidad. Se abrió un pequeño claro entre ambas que fue creciendo hasta separarlas por completo. Metáforas, símbolos, señales.

El teléfono volvió a vibrar. Lentamente lo sacó del bolsillo y miró la pantalla. Lo apagó.



V

'No más mensajes del pasado', pensó, 'ni uno' 

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