domingo, 25 de noviembre de 2012

El descendimiento, Roger van der Weyden

Volviendo a mis cuadros favoritos por un momento, hoy os presento una sorpresa que me llevé una vez en El Prado. No conocía este cuadro -lo siento, soy así de inculto-, así que mi aproximación a él fue completamente 'virgen' de cualquier prejuicio.

Os cuento la historia en un momento. Cerca ya de terminar mi visita, encontré un montón de gente arremolinada en una sala. Ni idea de qué estaban  mirando, porque los clásicos -Velázquez, Goya, Durero, Rubens, El Bosco...-, ya habían quedado atrás,  así que allá que me fui a ver qué miraba tanta gente.


El descendimiento, de Roger Van der Weyden. Un cuadro que estaba entonces recién restaurado y que presidía su sala oscureciendo a todos los demás. Madre mía. Qué maravilla. Qué sutileza en la pintura, qué emoción en las figuras, qué alarde compositivo... Me pasé más de media hora delante del cuadro, mirando los pequeños detalles: la textura de los tejidos, la semitransparencia de la sábana que cubre el cuerpo de cristo, las lágrimas que parecen rodar, cómo las figuras de los extremos abrazan a todas las demás creando una escena coherente y compacta, en la que no sobra nada ni falta nada.

En fin. Una maravilla. Os enlazo la página de el museo del Prado donde podéis leer sobre el cuadro, verlo en tamaño gigante, mirar los detalles de la imagen, hacer zoom sobre él para ver sus detalles, sus texturas, sus formas..., pero lo mejor que podéis hacer es ir a ver el cuadro con vuestros propios ojos, a ver si os captura como lo hizo conmigo.


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