lunes, 29 de octubre de 2012

El rayo sobre Dalt Vila



Una foto especial. Al volver a casa por la noche, la tormenta eléctrica estaba empezando. Como tenía que hacer un par de cosas, pensé en intentar 'cazar' algún rayo sobre la ciudad mientras le daba al ordenador. Cogí el trípode del coche, preparé la cámara y programé el intervalómetro para tomar fotos automáticamente después de fijar la exposición que me gustaba. Tomé sesenta fotos aproximadamente, muchas de ellas con rayos, pero esta es especial indudablemente.

Al día siguiente la colgué en facebook y losperiódicos me la pidieron. La foto salió en pequeño en la portada de los dos periódicos de Ibiza, firmada, y en páginas interiores a media página. Siempre hace gracia, ¿no? Hubo bastantes comentarios en facebook sobre la curiosa forma del rayo, haciendo la forma de España, o mejor dicho, de parte de España sin la 'corona de Aragón'... en pleno debate soberanista de cataluña. ¿Mensaje divino, decía alguno?

Only Raw: foto de la pantalla de la cámara La foto en los dos periódicos locales

Foto tomada el 13/10/2012 a la una y media de la madrugada aproximadamente.
Nikon D7000; Sigma 24-70 f/2.8 a ISO 200; 13seg; f/8; 60mm

martes, 23 de octubre de 2012

El jardín de las delicias, El Bosco


Por cambiar un poco de tercio, que me parece que estoy un poco oscuro últimamente, otro cuadro para mi particular pinacoteca



El jardín de las delicias de El Bosco es un cuadro tan sugerente y atractivo como complejo de entender. Uno se pude pasar una hora plantado delante -lo he hecho- y descubrir uno tras otro detalles asombrosos. No sabría con qué parte del tríptico quedarme. Siempre me atrajo mucho el infierno. Debe ser que soy un poco malo y sé que acabaré allí, pero es cierto también que la tabla central es simplemente asombrosa.

Una maravilla que tenemos en el Museo del Prado.

lunes, 22 de octubre de 2012

Nubes de octubre

I

- Las nubes de octubre son las más bonitas, dicen.
- Puede ser. El aire es más frio y los días son más cortos. Entran las borrascas y el cielo está siempre agitado.
- Mira aquella, la de allá.
- ¿La que tiene forma de seta?
- ¿Seta? Tiene forma de nube.
- Pues claro, Alejandro, una nube siempre tiene forma de nube.
- ¡Siempre picas!

Él se sentó y se sacudió las hojas secas que se le habían pegado a las mangas.

- Tengo frío - dijo -, mejor nos vamos.
- La que siempre tiene frío soy yo. Hoy me ganas.
- Estoy destemplado, he dormido mal y comido peor. Vamos, estaremos mejor en tu casa.
- No - dijo Sandra -, hoy no vamos a casa, no me apetece. Si quieres damos un paseo, o vamos a tomar algo, pero no vamos a casa.
- Como veas, Sandra. Vámonos entonces, tengo cosas que hacer
- Pero no te habrás molestado, ¿no?
- No sé qué decirte. Hace una semana o dos que no vamos a ningún sitio a estar juntos. Es raro.

Ella siguió tumbada un rato, los brazos cruzados sobre el vientre, los pulgares apoyados justo en la cintura del pantalón. La camiseta se había levantado un poco dejando ver su piel morena y el piercing del ombligo. Giró la cabeza y miró a Alejandro con una mirada indefinida. Quizá interrogativa, quizá expectante, quizá triste, quizá todo lo anterior.

-Vale. Nos vamos - dijo al momento. Él asintió, se levantó, le ofreció la mano para ayudarla,  pero ella se incorporó sola. Una vez de pie se acercó a él, lo abrazó y le dijo algo al oído. Él sonrió. Le devolvió el abrazo y la besó.


II

- Pásame la lata, por favor
- Toma cariño - Sandra le acercó la Coca cola sin mirarle, concentrada en su ensalada, buscando algún mensaje en la disposición aleatoria de las hojas de ¿canónigos? ¿berros?, apartando con ligero desagrado las cosas que a él le gustaba poner ¿fresas? ¿láminas de champiñón? ¿trozos de mango?

- Estás despistada hoy.
- No, no pasa nada. El trabajo.
- ¿El trabajo? - preguntó él.
- El trabajo - repitió ella.
- El trabajo - concluyó Alejandro.
- ¿Te estás riendo de mi?
- No, Sandra, nunca me rio de ti.
- Pues lo parece
- Pues no es así. No me rio de ti. 


III

- Hoy no podré, tengo cosas
- ¿Cosas?
- Tengo cosas.
- Cariño, últimamente siempre tienes cosas.
- Si, antes eras tú, siempre tenías cosas, ahora la que te pide paciencia soy yo.
- Paciencia... me pides paciencia.
- Sí, paciencia. Un poco de paciencia, un poco de tiempo, un poco de espacio.
- Y... después de ese tiempo, ¿qué habrá?
- No lo sé. No lo sé. Necesito tiempo.

Alejandro colgó. Miró el teléfono con impotencia. Volvió a poner la música. Otra vez la misma canción. Demasiadas veces la misma canción.

El teléfono vibró. '1000besos. Te quiero' decía el mensaje.

Alejandro se sorprendió de la profundidad expresiva, de la potencia emocional que contenía el breve texto en la pantalla, del poder que estaba encerrado en él. Diecinueve caracteres. Diecinueve. Un uno, tres ceros, dos es, dos oes, dos eses y unas cuantas letras más. Un mensaje que le iba a costar otra noche sin dormir, dos días de ansiedad, otra semana de esperanza al final de la cual habría otra cita fallida y otro mensaje. Un mensaje que obviamente ni esperaba ni deseaba respuesta, lo que pretendía era... ¿qué era? ¿qué pretendía el mensaje? '1000besos. Te quiero' ¿No sería más facil decir 'Olvidame, que cada cual haga su vida' o 'hemos terminado'?


IV

'Las nubes de octubre son las más bonitas', pensó Alejandro, 'llenan el cielo, se transforman y cambian de aspecto cada rato, siempre hay donde mirar, siempre hay una forma distinta'

Se movió hacia la derecha, evitando algo que se le clavaba en el omoplato. El suelo estaba frio, pero no tanto como para tener que levantarse. Debajo de la cabeza había puesto la chaqueta doblada que le hacía de almohada improvisada. En los árboles, alrededor, sonaban ruidos. ¿Conejos? ¿ratas? ni idea.

Quizá llevaba media hora allí, tendido en el claro del bosque, en el mismo claro del bosque, mirando las nubes, pensando, recordando. Tanto dolor, tanta impaciencia, tanta espera, tanta confusión.

El teléfono volvió a vibrar en el bolsillo. Un mensaje. Otro mensaje. Lo ignoró, como había ignorado otros antes, como ignoraría los siguientes.

En el cielo una nube se movía lentamente, y poco a poco quedó claro que eran dos, una sobre la otra, moviéndose a distinta velocidad. Se abrió un pequeño claro entre ambas que fue creciendo hasta separarlas por completo. Metáforas, símbolos, señales.

El teléfono volvió a vibrar. Lentamente lo sacó del bolsillo y miró la pantalla. Lo apagó.



V

'No más mensajes del pasado', pensó, 'ni uno' 

domingo, 21 de octubre de 2012

El efecto del tiempo

¡Noooo, tranquilo!, no te voy a soltar una perorata de las que últimamente coloco. De hecho sólo voy a hablar de fotos.

Ayer por la mañana salí a hacer fotos al amanecer después de una noche larga en la que salí a tomar un par de copas. Bueno, yo no tomé copas claro, yo me tomé un par de cocacolas. Qué le vamos a hacer. Había medio quedado con un amigo para salir juntos al amanecer, pero como la noche tenía pinta de alargarse decidí mandarle un mensaje de que no me esperara (perdona Jose)

Sin embargo, por algún motivo me levanté a las siete después de sólo tres horas de sueño. Eso entraría dentro de lo habitual. La cosa es que había dejado preparada la mochila de la cámara el día anterior. Y salí a hacer fotos. Solo. Como no tenía mucho tiempo antes de la salida del sol decidí ir cerca. Hace varios días quería ir al baluarte de Sant Bernat. Allá que me fui, con mi mochila, mi Radiohead en el Ipod, mi sudadera abrigada por si hacía frio, y muchas ganas de recuperar mi conexión con la cámara, que últimamente era menos fuente de buenos momentos y más fuente de problemas de muchos tipos.

El amanecer fue bonito, pero no espectacular. El cielo tenía algunas nubes, aunque no prometían mucho. En el puerto un barco de carga ocupaba el dique. La mañana era fresca, no fría, con un airecito otoñal que anticipaba la lluvia que luego tuvimos por la tarde. Mientras estuve allí, al baluarte subieron dos o tres personas, una pareja de chicos que venían de fiesta e hicieron un par de fotos con una cámara compacta, una corredora, y una señora mayor dando un paseo matutino.

Yo hice fotos, algunas mejores y algunas peores, como siempre, pero ninguna espectacular. En un momento, justo justo antes de que saliera el sol el cielo se vistió de rojo. Aproveché para hacer una larga exposición y una instantánea justo cuando aparecía por el horizonte.

Siempre me ha gustado ver el efecto del tiempo en las fotos. La primera foto es una exposición de dos minutos, gracias al Big Stopper que le compré a Ana hace poco, mientras que la segunda, justo cuando está saliendo el sol, está tirada a 1/25 de segundo, una instantánea. En la primera el viento y las nubes juegan en el cielo creando esa atmósfera irreal que el ojo no puede ver, salvo en una foto, mientras que en la segunda los rayos del sol justo desde el horizonte sacan todo el color  y contraste de las nubes. No sé cuál me gusta más. Sé que no son fotones, pero para mi tienen mucha gracia. Son mis fotos, hijas de una afición que por algunos motivos tenía más que abandonada y que poco a poco, y más ahora, me parece que estoy recuperando.

Después de tirar unas cuantas fotos sin mover el trípode de sitio, siguiendo una costumbre de hace mucho tiempo, cambié el rollo. Coloqué el 35mm, baje al coche a dejar el trípode, volví a subir al baluarte y caminé por la ciudad antigua a una hora en la que se puede caminar solo. Eso lo contaré en otro post, vale la pena.

Ah, las fotos, que te coloco el pestiño este y no te enseño los resultados.



Nikon D7000; Sigma 24/70 f/2.8; Lee big stopper + Lee ND 0,6; foto a 120 seg, f/11, ISO 200 a 29mm.



Nikon D7000; Sigma 24/70 f/2.8; Lee ND 0,6; foto a 1/25 seg, f/8, ISO 200 a 29mm.

¿Cuál te gusta más de las dos?

viernes, 19 de octubre de 2012

Una metáfora al atardecer

Hay pocas más impresionantes en la distancia y menos sustanciales desde cerca que una nube. La nube ocupa un espacio enorme en el cielo, tapa la luz del sol, es capaz de inundar una comarca. Sin embargo al acercarse uno es imposible de tocar, como máximo se siente su humedad, pero no podemos olerla, no podemos tocarla. La notamos por el efecto negativo que tiene en la visión. Cuando entramos en un banco de niebla vemos como lo demás se ve peor, los colores pierden saturación, la formas se suavizan, nuestro alcance visual se reduce hasta llegar a la mínima expresión, quizá hasta desaparecer, pero no vemos la nube en si misma.


Una nube al atardecer es espectacular. En un día adecuado vemos como la nube va cambiando de tono conforme el sol se va poniendo. Su color pasa de blanco a rojizo, a púrpura y a gris, para terminar siendo una sombra indistinguible en la noche.


Por ahí dicen que las nubes de octubre son las más bonitas del año, y puedo estar de acuerdo con eso. La otra tarde me dediqué a hacer fotos a las nubes durante un rato. Sabes que mi relación con la fotografía no pasa por su mejor momento por muchas causas, así que de vez en cuando aprovecho alguna circunstancia favorable para sacar la cámara con cualquier excusa y disparar un rato. Eso hice la otra tarde. Me fijé en dos nubes en concreto, esta que hoy adorna este post y otra que quizá saque otro día, o quizá no.


Esta es una nube al atardecer, cada vez menos brillante, sumergiéndose en sombras, que crecen de abajo arriba conforme el sol cae tras el horizonte. Cada vez más oscura, con sombras que van pasando del gris al negro, y que le comen el espacio al blanco, al rojizo, al púrpura y al rosa. Cada vez menos agradable a la vista, más tenebrosa.


¡Hay tantas cosas que comienzan gloriosas y radiantes y terminan oscuras y sombrías! Lástima que tenga que ser así, pero el mundo es como es, la vida es como es. Las frutas se pudren, los cuerpos envejecen, los objetos se deterioran, los sentimientos ...


Sin embargo, igual que el sol se pone cada tarde oscureciéndolo todo y dejando espacio a la noche con sus sombras, horas después vuelve a salir, iluminando de nuevo el mundo y llenándolo de vida.

Esta nube no estará mañana. Si hay alguna será otra, será diferente, habrá cambiado, no tendrá el mismo perfil, el mismo color, la misma forma. La nube habrá desaparecido y en el cielo habrá... no lo sabemos, pero en realidad ahora mismo tampoco importa. Eso lo veremos mañana.

No somos criaturas de la noche sino del día. No podemos, debemos, sabemos ni queremos vivir en la oscuridad, sino en la luz. El sol saldrá y esa nube de ahí arriba no habrá sido más que una mala metáfora.


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Todas las fotos Nikon D7000, Sigma 24/70 f/2.8 tomadas el 13/10/2012 al atardecer desde la terraza de mi casa. 

lunes, 15 de octubre de 2012

Personas anónimas. Italia 2012

En un viaje de diez días da tiempo a muchas cosas, a veces a demasiadas, y sin embargo siempre se quedan cosas pendientes. Una de mis ideas era hacer fotos de distinto tipo: foto de paisaje, macro, urbana, etc. Al final no pude hacer las fotos que quería, probablemente no tenía la inspiración necesaria (si es que eso existe) o las ganas o lo que fuera. Aún así al volver tenía aproximadamente 1600 fotos que repasar, tomadas con dos cámaras, la NIKON D7000 y la LUMIX LX3. Poco a poco he ido procesando, a ritmo lento que tampoco he estado sobrado de tiempo. Todavía me quedan unas 500 por mirar, pero vamos, me voy haciendo a la idea de que este viaje no pasará a la historia de la fotografía. Ni falta que hace.

Ya he colgado alguna entrada temática, y seguiré colgando alguna que otra.  Hoy le toca a los personajes que uno no conoce y que aparecen de un modo u otro en los encuadres. Modelos anónimos que uno utiliza como sujeto de la fotografía, para componer, para lo que sea. Aquí hay unos cuantos.


Oyendo crecer la hierba
A media hora en coche del Lago de Garda se encuentra el Lago de Ledro. Pequeño, coqueto, discreto, bonito. Rodeado de montañas, el agua está fría incluso a principio de septiembre. Las hierba crece en la ribera, y los árboles llegan prácticamente hasta la orilla en casi todo su perímetro. La tarde es agradable. Hace calor pero no demasiado.

Si algún día quisiera reflexionar sobre o humano y lo divino es posible que eligiera un sitio como este, sobre todo en invierno. Solitario, tranquilo, alejado, bonito. No soy yo, de todos modos, de caracter meditativo y solitario, así que es difícil que acabe pasando una temporada de ermitaño en en caserío de la montaña. Pero hay que reconocer que en determinados momentos la idea no deja de tener mérito.

Este señor está sentado al lado del lago, al sol. Lo he visto llegar solo, extender su toalla, quitarse los zapatos y sentarse mirando a la gente que se baña; a los patos que se mueven en escuadrón de un lado a otro, pescando pececillos o insectos; mirando cómo va cambiando la tonalidad de la luz con el paso de las horas; podríamos decir que este señor está oyendo crecer la hierba.


Una tradición estúpida


En Verona hay tantas cosas que ver, que es asombroso como la gente -como nosotros mismos- nos agolpamos en un callejón infecto para entrar en el patio de la presunta casa de Julieta. Aún más, algunos pagan y entran en un decorado de teatro que representa la época y al personaje.

Mucha gente deja su marca en el callejón, en forma de corazones, nombres,  deseos y fechas. La gente traslada a la pared su declaración de amor con la esperanza de que este nunca se rompa, como si un grabato sobre una pared encalada pudiera cambiar el devenir de los acontecimientos. Es muy humano, de todos modos, confiar a un mito, a una costumbre, a una tradición aquello que sabemos que no podemos confiar a nosotros mismos.

Las paredes están negras, son un palimpsesto de buenos deseos. 'Lucia, ti amo', 'Jorge y Ana, para siempre', 'Rose, you're my rose'... y así hasta cien millones. Los más atrevidos se encaraman allá donde pueden para poder escribir algo en los huecos que puedan quedar, cuanto más alto mejor. Los demás visitantes pasamos por debajo y al lado de los trepadores, insensibles a su amor, pero más bien preocupados por su inconsciencia, no sea que uno de ellos se precipite sobre la gente.

Quién sabe qué está escribiendo el chico de los pantalones de cuadros. Quién sabe si las palabras que ha escrito, sean las que sean, no valen ya menos que los chicles masticados -otra tradición estúpida- que muchos pegan en esa misma pared.


La ciudad de los ciclistas valientes

Vicenza es una ciudad a la que llegamos con mal pie. No era el plan que teníamos para ese día, pero la insistente y a veces torrencial lluvia nos aconsejó hacer un recorrido urbano. Una ciudad como muchas otras, con calles empedradas y soportales, con gente ajetreada que caminaba absorta en sus propios pensamientos, gente que andaba con un ritmo intermedio, entre el pausado paso de los pueblos y el nervio propio de las grandes ciudades.

Los paraguas aparecían y desaparecían con la lluvia, el día aconsejaba no separarse mucho de uno. Lo que no desaparecía eran las bicicletas. Mucha gente se desplazaba en bico, con lluvia o sin lluvia. Acostumbrados al clima, supongo, y al hecho de que por el centro urbano sólo se podía circular en vehículo con muchas limitaciones.  El agua en el suelo espejeaba a poco que saliera un rayito de Sol, pero la verdad es que salieron pocos. Un día gris, húmedo y desapacible. Otoño anticipado.

No me atrevería a decir 'hasta pronto, Vicenza'. No me atrevería.


Dieta mediterránea


Venecia, anochece. La gente va pensando en recogerse, regresar al hotel, a la estación de tren, al vaporetto que los llevará de vuelta. Porque nadie, o casi nadie, vive en Venecia. Nadie, o casi nadie, vuelve a casa en Venecia. En Venecia nadie se siente turista porque todos somos turistas.

Una pareja pasea, seguramente cansada de un día de callejear sin rumbo; la cámara en bandolera él, el bolsito en bandolera ella. Yo diría que son españoles por su fisonomía, aunque no los he oído hablar.

Pero... ¿qué tienen en la mano izquierda? Vaya, ¡una tarrina de helado! Dicen que la dieta mediterránea se basa en el aceite de oliva,  en el trigo y en el vino, pero es mentira. Se basa en el helado. Lo he visto y lo he disfrutado.


¿Será la crisis?

Volvemos a Vicenza, a sus calles mojadas y sus fachadas deterioradas. Bajo el soportal, al lado de la calle, este joven escucha música. La mochila en el suelo, abierta. De ella extrae tabaco de liar y una cajita con papel de fumar.

Como yo no soy fumador ni lo he sido nunca no tengo ni idea de si los cigarros liados saben mejor o peor que los cigarros comprados. He oído que son más sanos, o quizá estaría mejor decir menos insanos. He oído que hay gente que los usa para fumar menos, puesto que la ceremonia de liarlo hace que en lugar de fumar uno tras otro fumen de modo más pausado.  También he oído que simplemente es más barato. Lo cierto es que sea por lo que sea, cada vez veo más gente que fuma tabaco de liar.

Observo que en Italia esto ocurre también. Yo pienso que es por la crisis. ¿Será verdad?


No sin mi bebé


Creo que uno de los mejores modos de conocer este precioso y espectacular paisaje es yendo en bici. También es cierto que para eso uno tiene que estar muy muy en forma. Hasta las carreteras principales tienen repechos que pondrían a prueba las piernas de más de uno. Yo creo que lo dejaré para mi próxima reencarnación.

La admiración que siento por la gente que se lanza a esta esforzada aventura se multiplica por mil cuando veo que a quienes se atreven a enganchar a su bici esta especie de remolque porta niños. No sé si es más admiración por sus piernas o más sorpresa por el valor de arrastrar a un tierno infante montaña arriba montaña abajo por carreteras con un cierto tráfico.

¿Qué pensará el niño o la niña que a ras de asfalto ve como los coches le adelantan, como las montañas se alzan imponentes a ambos lados, y como las piernas de su padre sudan la gota gorda un metro por delante, moviéndose rítmicas e hipnóticas arriba y abajo? Yo sé que con María no hubiera podido hacer esto. Ni yo tenía fuerza ni ella paciencia.


domingo, 7 de octubre de 2012

Paseo por la marina y Sa penya. Probando una Olympus Pen

El megacrack Joseeivissa me ha prestado su Olympus PEN E-PL1 para que juegue un par de días con ella. ¿El motivo? Me estoy pensando comprar una PEN para poder hacer cosas interesantes cuando no vale la pena o no puedo llevarme la Nikon D7000. La reflex es un camarón, pero pesa como un camarón y ocupa como un camarón. En viajes y cosas similares creo que vale más la pena sacrificar  calidad por comodidad y peso. Obviamente no hablo de viajes fotográficos, sino de escapadas y vacaciones con la nena y todo eso. La experiencia del último viaje a Italia ha sido determinante.


Pues eso. Me he escapado a La Marina y Sa Penya esta mañana y he hecho unas cuantas fotos con la PEN. A ver si te gustan.








Plaza de Sa Drassaneta, una de mis plazas favoritas de la ciudad


Impresionante vista de la catedral


Mirador Bronner






Detalles


Habitantes de La Marina






La ciudad más bonita del mundo. 

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Todas las fotos Olympus PEN E-PL1, Zuiko 14-42


¡Gracias Jose!

martes, 2 de octubre de 2012

Bicis en Vicenza bajo la lluvia

Un día lluvioso en Vicenza no impide a algunos valientes moverse en bici por las calles empedradas.







Primero de una serie de post sobre el viaje de septiembre. No sé por qué no he empezado antes.
Fotos tomadas en Vicenza, Italia, el 3/9/2012.

Fotos 2 y 3 tomadas con una LUMIX LX3
Fotos 1, 4 y 5 tomadas con una Nikon D7000 + Sigma 24/40 f/2.8