miércoles, 17 de abril de 2013

Leer sin saber porqué

Lo reconozco, de vez en cuando peco. Cae en mis manos un libro patético, lo leo y no lo dejo hasta que lo acabo. El libro puede ser del tipo que sea: novela negra, thriller, ciencia ficción, narrativa histórica. Por algún motivo me captura y me lo leo de un tirón mientras en cada minuto voy pensando "¿por qué estoy perdiendo el tiempo con este libro?"

Eso me pasa de vez en cuando. Me empieza a preocupar cuando de los cinco últimos libros que he leído, cuatro entrarían en esa categoría. No merece la pena ni decir sus títulos, aunque de uno de ellos, al menos, sí que diré un par de cosas para evitar que otros incautos caigan en él.

Dos de los libros son de ciencia ficción. Un clásico de Heinlein malísimo, muy muy malo y uno de estos que de repente Amazon te manda un mail y te dice que te regala, y tú vas y te lo descargas, y luego te lo lees, y luego te arrepientes. No diré su nombre ni el del autor por no fastidiar, y porque es un autor español y hay que darle una oportunidad (no es que el alcance de mi blog dé o quite oportunidades, que no llega hasta ahí mi megalomanía).

El tercero es es Invictus, de Simone Sarasso, una novela histórica centrada en Constantino 'el grande', el emperador romano que fijó el 'canon' cristiano  en el Concilio de Nicea, donde se determinó el texto del 'credo', que convirtió de un plumazo a los Arrianos en herejes y en teoría resolvió lsoproblemas de unidad de la fe. En principio el tema es apasionante, pero el libro es muy malo.

Pero el colmo, el sumum, lo máximo es que he cometido un pecado mortal y he leído "El símbolo perdido" de Dan Brown. Si, el del 'Código DaVinci' Ese mismo. Sin palabras. Sin-pa-la-bras. Basura. Muy muy muy malo. Alimento para conspiranoicos, fantasmillas new-age, panteistas, teosofistas y resto de gente rara.

El libro sigue la pauta de 'Ángeles y demonios' y de 'El código Davinci' El protagonista, el estresado Langdon, tiene que resolver una crisis mundial en una noche, de camino encuentra algún santo grial, secreto escondido, depósito de la sabiduría arcana que la humanidad ha olvidado o alguna bagatela de esas. Todo esto mientras lucha a muerte con enemigos de carne y hueso que hubieran hecho temblar a Aragorn en un día bueno.

En este caso la acción se desarrolla en Washington, ciudad que según el autor se construyó siguiendo patrones arquitectónicos sacados de los más estilosos tratados masones, donde cada medida, cada detalle, cada elemento de decoración de los edificios responde a un plan para lanzar mensajes masones al mundo. En fin.

Hay que reconocer que el tal Brown nos presenta miles de pequeños detalles que refuerzan sus tesis, sean estas las que sean,  y hechos que siempre apoyan sus ideas y que en la mayor parte de los casos confunden causalidad y casualidad, o correlación y causalidad, más peligroso este último, pues para ojos inexpertos aporta una dosis de justificación y soporte intelectual y fáctico que es difícil de discutir, porque lo que está mal no son los hechos, sino la utilización como argumento de los hechos.

En fin, que pese a todo leí el libro, lo leí entero a sabiendas desde la página 40 de que iba a ser una marcianada.

Para ir acabando, lo importante de este post no son las lecturas en si mismas, sino que sea capaz de perder horas, días leyendo literatura mala, poco enriquecedora, sin sentido, patética, sin calidad literaria alguna y todo eso cuando tengo trabajo, bastante trabajo, tengo las PECS de la UOC, y tengo cosas que hacer, mucho más importantes, en la vida.

Todo esto sólo puede querer decir una cosa. CRISIS.


PS: Por suerte no siempre es así. Tengo pendientes de comentar dos libros que me han gustado mucho, 'La chica mecánica' de Paolo Bacigalupi y 'La ciudad y la ciudad' de China Mieville. Ambos merecen la pena, mucho el segundo. Por desgracia mi capacidad selectiva no es tan buena como para elegir bien siempre, o más bien, a veces me dejo llevar por lo fácil, por lo demasiado fácil.

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