lunes, 8 de julio de 2013

Reencuentros.

No siempre, o más bien podríamos decir casi nunca, comprendo las performances, pero entiendo que son un efímero modo de expresión artística que trasciende los soportes tradicionales y pretende, igual que el resto del arte, despertar algo escondido en el interior de las mentes de los observadores.

Pero no he venido a hablar de arte sino de amor. Marina Abramovich (sin relación con Roman Abramovich) es una artista que se autocalifica como la abuela de la performance. En una larga carrera se ha establecido como uno de los referentes en este campo. Durante mucho tiempo formó pareja tanto artística como emocional con otro artista de la performance llamado Ulay. El final de su relación lo concibieron como una performance en si mismo: "The lovers, the great wall walk". Ambos comenzaron a andar desde dos extremos de la muralla china,  tres meses después se encontraron en el punto medio. Allí se despidieron para seguir cada uno su vida. Una poética manera de decir adiós, ¿no?

Veintitres años después, el MOMA (uno de esos sitios que están bastante arriba de la lista de sitios a los que algún día me gustaría ir) organiza una exposición retrospectiva sobre Marina Abramovich en la que se repasa el conjunto de su obra. Dentro de esta retrospectiva la artista concibe una nueva performance, 'la artista está presente'. Ella se sienta en una mesa, e invita a los visitantes a la exposición a sentarse enfrente, sin decir nada, durante un minuto. La artista hace esto durante más de 700 horas de la exposición, pero... en un momento dado ocurre algo. Su ex pareja, Ulay, se sienta enfrente de ella, y se ven por primera vez, en veintitres años.

Este es el vídeo del reencuentro. ¿Arte? No lo sé, emoción seguro.



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