sábado, 3 de agosto de 2013

De ratones y hombres, John Steinbeck

Me he quedado muy trsite después de leer este libro. Es un clásico que tenía por casa hace tiempo y no había encontrado el momento de leer. Mira por donde ahora me estoy poniendo al día en lecturas pendientes y ha caído.

Lo he leído prácticamente de un tirón. Anteanoche en la cama leí tres cuartas partes y ayer después de comer, el desenlace. Y me he quedado fatal.

El libro cuenta unos días de la vida de una extraña pareja de temporeros americanos en la época justo antes de la guerra mundial, en 1937. Uno de ellos es un grandullón de fuerza descomunal, pero con el cerebro de un niño de seis años. El otro va con él y es su cerebro, su conciencia, su guardián y su amigo; en resumen,  cuida de él. Juntos recorren California de rancho en rancho trabajando por semanas en labores del campo. El grandullón, Lennie, siente una atracción incontrolable por acariciar cosas suaves como ratones, conejos, perritos... por desgracia sus caricias suelen ser letales para los animalitos. Lennie no tiene malicia, sólo una fuerza sobrenatural y un cerebro poco desarrollado.

Ambos empiezan a trabajar en un rancho donde cosechan alfalfa, y donde otros descarriados como ellos trabajan de sol a sol por unos dólares que les permitan jugar a las cartas, a la herradura o visitar el burdel de la ciudad una vez a la semana. En el rancho viven el amo y su hijo, pendenciero y malvado, la mujer de este, una buscavidas que se aburre en la monotonía de la plantación y otros peones.

No voy a contar más del argumento. Es un libro triste, donde algunos personajes, sobre todo George el compañero del gigantón Lennie, muestran el lado más humano de las personas, que se manifiesta en los pequeños actos de cada día. Los protagonistas encuentran un espacio para la esperanza aún rodeados de brutalidad, rutina y desilusión. Hacen planes que ellos mismos saben que son casi imposibles, pero los hacen. Conservan ese pequeño reducto para la ilusión incluso en las circunstancias menos propicias.

El libro tiene diálogos emocionantes, muy emocionantes, como cuando George explica una y otra vez a Lennie la diferencia entre ellos dos y los demás hombres:

-Háblame como antes.
-Cuéntame eso de los otros hombres y de nosotros.
-Los hombres como nosotros-empezó George- no tienen familia. Ganan un poco de dinero y lo gastan. NO tienen en el mundo nadie a quien le importe un bledo lo que les ocurra...
-Pero nosotros no -gritó Lennie con felicidad-. Habla de nosotros ahora.
george permaneció callado un momento
-Pero nosotros no -repitió.
-Porque...
-Porque yo te tengo a ti y...
-Y yo te tengo a ti. Nos tenemos el uno al otros, por eso, y hay alguien a quien le importa un bledo lo que nos pase -exclamó Lennie triunfalmente. -

La esperanza que nos da a las personas saber que entre todo el mundo, entre todos los millones de desconocidos que están a nuestro alrededor, hay alguien, alguna persona, algún ser humano a quien le importa lo que nos pase, le importa nuestra suerte, nuestras alegrías y nuestras penas. Esto basta para dar esperanza a los desheredados, a quienes nada tienen, a todos nosotros en realidad.

Steinbeck comprende perfectamente la soledad del ser humano, y la vez la humanidad que llevamos dentro, y nos traslada ese sentimiento. Sin embargo, en su tristeza, creo que este es un libro trata sobre la esperanza y sobre la bondad, aunque esta última se exprese de modo extraño y triste.

¿Recomendable?
 Sin duda. Incluso aunque a uno se le queda fatal el cuerpo después de leerlo.

Nota: Leer YA Las uvas de la ira. Lo tengo ahí en la estantería esperando hace tiempo.


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De ratones y hombres, John Steinbeck. Pocket Edhasa, 176 pág. 7,55 €





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