martes, 3 de septiembre de 2013

El cielo es azul, la tierra blanca. Hiromi Kawakami

La literatura japonesa está de moda, es innegable. Creo que las causas principales han sido el impacto de Murakami, la moda del sushi, la seducción de una cultura milenaria y ... quizá también el que una generación de otakus que se ha hecho mayor y empieza a comprar también libros, y no sólo mangas. Todo eso más la propia calidad de los y las literatos nipones ha llenado las estanterías de las librerías de Hiromis, Harukis, Sushakus, Yukios y Kenzaburos, y bien que está, porque ¡vaya!, a ver si no hay cosa más bonita que trasladarte  a otra cultura, sea en la actualidad o en el pasado, y ver cómo otras gente se enfrentan a los mismos problemas a los que nos enfrentamos nosotros.

Pues eso. El año pasado compré un par de libros, este y otro, y ahí estaban ambos, esperando su momento en la estantería de 'pendientes' en la que se acumula un preocupante número de obras. Y su momento ha llegado este verano, con el calorcito y después de varios libros buenísimos  que he tenido la ocasión de comentar por aquí.

Lo que ocurre es que lo mismo que hace tan seductora la literatura japonesa es lo que la hace casi incomprensible a veces. Los referentes culturales son completamente distintos y entender a los personajes es a veces una tarea titánica. Me ha pasado esta vez. Este libro es una historia de amor entre un profesor de instituto y una ex-alumna. Ambos coinciden treinta años después en una 'taberna'* y poco a poco comienzan una relación peculiar. Tsukiko (ella) es más rara que un perro verde, con un punto asocial, muy limitada en su capacidad de relación, con un trabajo que no se llega a determinar que le ocupa mucho tiempo. Harutsuna (él) es viudo, no mantiene relación con su hijo, y es obsesivo en los detalles y los modales.

Ambos se sientan en la barra, comen y beben, bueno, principalmente beben, y entre sake y sake, cerveza y cerveza comienzan a intimar, pero no como lo haríamos nosotros, sino de un modo completamente diferente. Ambos desarrollan una relación pendular, con más barreras que puentes, con más miedos que certezas y con más silencios que verdades.

Sinceramente me cuesta mucho comprenderlos, pero me pasa bastante con los personajes de la literatura japonesa. No comprendo su extrema cortesía que es tan importante como su facilidad para beber en público. No entiendo la obsesión por los modales, que les impide acercarse a quienes les rodean. No entiendo tantas cosas...

Bueno, este libro no es de aquellos que releeré dentro de un tiempo, pero no ha estado mal.

¿Recomendable?
Emmm... si te gustan las historias de amor extrañas sí (con reservas), y si te gusta lo japonés... quizá.

NOTA:
*No me gusta nada la palabra 'taberna' para describir el local donde se encuentran los protagonistas, el bar de Satoru. Creo que bar hubiera sido más adecuado. Me parece que la traductora buscaba una palabra diferente de 'bar' y no creo que haya acertado.

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El cielo es azul, la tierra blanca. Hiromi Kawakami, Ed. Acantilado, 211 pág., 18,00 €

1 comentario :

Anónimo dijo...

¡Anda... Ferrara!.

:-)

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