miércoles, 20 de febrero de 2013

Excursión a punta d'es Jundal

Llevo veintiún años viviendo en Ibiza, y de cuando en cuando tengo el gusto de ir a un sitio al que no he ido nunca. La isla esconde muchos sitios secretos, pero yo estoy empeñado en desvelarlos todos.

Hace tiempo tenía gamas de ir a sa punta d'es Jundal, el cabo que separa cala Jundal de la bahía donde está Sa caleta. Y allí que me fui.

Ojo, que el camino tiene un paso bastante difícil, incluso un pelín arriesgado, al menos por donde yo fui, me pareció que había un caminito un poco más seguro, pero no estoy convencido de que sea capaz de encontrarlo. Lo que tengo claro es que hasta que no descubra un sendero más sencillo no iré de noche, ni antes del amanecer ni después del atardecer.

Este es un recorrido y esto lo que encontré.


Vista de Sa Caleta desde el camino

Uno de los dos arcos que hay en punta d'es Jundal

Vista de Porroig, cap llentrisca y es Vedrá.

Justo antes del paso complicado, una arista que hay que pasar con mucho cuidado.

El mar estaba muy picado, y se formaba un arco iris sobre la espuma. Precioso.

Vista de es codolar y cap d'es Falcó

El final del camino. Ahí acaba la punta d'es Jundal

Sorpresa! Otro arco al final del camino. 

El mar cristalino. Esto es Ibiza. 

Yo, encima del segundo de los arcos. Me gustan los arcos. Por cierto, como puede verse el invierno en Ibiza no es muy duro. En camiseta.  



Ver Punta des Jondal en un mapa más grande

En resumen, una excursión estupenda para un domingo por la mañana. Volveré, pero en verano, que me pueda bañar.

Ah, una última cosa. Estoy ENCANTADO con la pequeña maravilla de cámara con la que he hecho estas fotos. Una compra magnífica. Enhorabuena Olympus.

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Fotos Olympus PEN E-PL5, Zuiko 14-42mm f/3,5-5,6

martes, 19 de febrero de 2013

flores de cristal, corazón de hielo

I)

Detiene el coche al lado de la carretera. Para el motor y deja que suene la radio. Un cantante de principios de siglo interpreta una de esas canciones que suenan una y otra ven en las emisoras de música sin interrupciones, una balada de alguien por lo demás perfectamente desconocido: 'I'm not the perfect person, There's many things I wish I didn't do ...' Escucha esto y siente como esta letra se le podría aplicar. Perfectamente.

Deja la música sonar, y cuando termina la canción apaga la radio. Se queda sentado, echado para atrás, oyendo el el tráfico pasar a su lado, sin mirar ni ver más allá del parabrisas. 'There's many things I wish I didn't do...' Niega con la cabeza. No. Se mira las palma de las manos que ha apoyado en su regazo. Las manos que ve son grandes, de dedos ni largos ni cortos, manos de alguien acostumbrado a trabajar sin mucho esfuerzo físico, manos de teclado, manos de bolígrafo, manos de libro y de ratón. Manos que tantas veces utilizó para el placer, y alguna, sólo alguna vez, para el dolor.

No, vuelve a negar. El silencio en el interior del coche no es completo, el coche, aún parado, hace de vez en cuando un pequeño sonido mecánico que nunca supo de dónde venía. De rato en rato pasa otro vehículo por la carretera, los menos, y a veces se oye el rumor de las hojas de los árboles cuando una ráfaga más fuerte de viento los agita.

No. Como San Pedro, niega por tercera vez sabiendo que está condenado a negar la negación, a aceptar lo inevitable. Sabe que por más que su razón haya tomado una decisión no será capaz de llevarla a cabo.

Se mira la palma de las manos y recuerda cuando esas manos estuvieron llenas de carne, llenas de piel morena, llenas de amor. El recuerdo es tan vivo que da miedo.

Arranca el coche y se incorpora sin mucha atención a la carretera. Está oscureciendo y no podrá llegar a tiempo a su cita, pero le da igual, no le importa la cita. No le importa nada.

'There's many things I wish I didn't do...'


II)

Sentado en la barra espera que el camarero le traiga su bebida. Le sobran unos minutos y ha aprovechado para hacer un par de llamadas y beber algo. El agua con gas burbujea en la copa, que mueve en círculos intentando quizá que el hielo enfrie un poco. Le gusta pero sólo si está muy fria. No lo está al menos por ahora así que no bebe y espera. Mira el reloj para ver el tiempo que falta y recuerda cuando lo compró dónde lo compró y sobre todo con quién lo compró. No hace falta recordarlo todo. No hace falta recordarlo todo, pero lo recuerda. No puede evitarlo.

Deja unas monedas en el mostrador, se levanta y se va sin tomarse la bebida. Tiene que cambiar de reloj. Ha decidido cambiar de reloj.


III)

Conversación subida de tono con amigas y amigos, tapas encima de la mesa, cervezas. Una de las chicas confiesa que se ha operado el pecho, vamos, las tetas. Miradas, risas, la pregunta evidente del que se sienta enfrente de él: "¿se pueden tocar?" Más risas.

Se levanta y se va al baño. Se lava la cara con agua fria. Vuelve a la mesa. Espera un rato prudente, se despide, se levanta y se va.

- ¡No te vayas todavía! ¡Acabamos de empezar!
- Estoy cansado, y mañana tengo lío desde temprano.
- Soso.
- Mucho. Besos, abrazos, etcéteras...

Se pone el abrigo y se va. El coche está aparcado a la vuelta de la esquina. Sube y conduce hasta un lugar concreto desde donde se ve el mar. No está a más de diez minutos de la ciudad, de hecho parece mentira que tan cerca de la ciudad pueda haber un sitio tan solitario, tan tranquilo. No tiene sueño. Baja del coche y se pone a pasear. Hay algo más de media luna en el cielo, lo suficiente para andar sin peligro de tropezar, aunque no quiere ir muy lejos. Encuentra una piedra plana, se sienta y recoge las piernas, las abraza y apoya el mentón en las rodillas.

El mar está tranquilo, apenas hace viento. La noche no es muy fria. Está cómodo, y mira el mar. La vista se acostumbra a la media luz y poco a poco va captando detalles: las boyas, una barca, el contorno de un islote cercano, las casetas de pescadores a la izquierda, el espigón. Conoce este sitio como la palma de su mano, ha estado muchas veces aquí. Casi nunca solo, pero hoy sí.

En su cabeza resuenan las risas de hace un rato, de hecho él mismo ha reído. Se ha sorprendido riendo, y eso le hace pensar. Hace pocos días le hubiera parecido imposible volver a reír, pero es evidente que las heridas se están cerrando. El espacio vacío es cada vez más pequeño. "No nacemos para sufrir" recuerda que alguien dijo. No nacemos para sufrir.


IV)

Días que son como los demás pero a la vez son completamente diferentes. Días que no son más que un número más en el calendario, en un mes determinado, pero a la vez son otra cosa distinta. Días asociados a celebraciones absurdas, a tradiciones centenarias o milenarias sustentadas en mitos ancestrales; días tan carentes de sentido como sacrificar una cabra en expiación de los pecados; días que se convierten en una más de las ruedecitas dentadas con las que al aparato global de marketing de consumo intenta extraer el máximo de recursos de los bolsillos de los consumidores para trasladarlos a las cajas de las empresas. Días que su mente racional, completa y absolutamente racional le dice que no significan nada, y sin embargo no dejan de tener algún tipo de sentido. Si no para él, sí para alguien.


V)

Una rosa envuelta en celofán transparente, sin tarjeta, sin mensaje, sin remitente. Esperándole en la mesa de la oficina. Pétalos a medio abrir de un rojo oscuro, profundo, aterciopelado. Un tallo largo y recto, producto de una cuidada selección y crianza. Cuidadosamente elegida para emocionar, para transmitir, para conectar. Un mensaje atextual, pero indiscutible y directo. Él sabía que iba a llegar, sabía que en algún momento del día aparecería esa flor dejada cuidadosamente en su mesa, en el parabrisas de su coche, en el bolsillo de su abrigo colgado, pegada en la puerta de su casa. Esa flor convertida en arma, en cuchillo, en puñal, en proyectil teledirigido hacia su corazón, no por esperado menos doloroso. Una flor perfecta, como ella era perfecta.

Coge la rosa, se la acerca a la nariz y la huele. No huele a rosa, huele a perfume, a un perfume que conoce muy bien, y que ha olido otras veces, muchas, pero no sobre una rosa. El olfato es el sentido con mayor poder evocador, dicen, y los recuerdos danzan alrededor del tallo: las figuras, las formas, los sonidos, las conversaciones, las sensaciones y el dolor acuden al llamado del perfume. La dolorosa catarata de recuerdos le posee por un instante; el arma teledirigida consigue su propósito y le hiere. Se apoya en la mesa con los nudillos de la mano izquierda, mientras con la derecha sostiene la rosa por el tallo. Busca una espina al tacto y se la clava en la piel del dedo índice a través del celofán. El súbito dolor le devuelve a la realidad como pretende. Se forma una gota de sangre en la yema de su dedo. Se lo lleva a la boca y lame la herida con la punta de la lengua. Casi no llega a notar el sabor de la sangre, pero recuerda que alguna vez que ella hizo lo mismo. Durante unos segundos cambia de la ensoñación a la realidad y de vuelta, casi sin saber dónde está. Levanta la vista y mira sin ver las paredes de su despacho. Gira la cabeza y ve a una compañera que le mira a través del cristal que los separa. La reconoce, es decir, al cabo de un segundo se da cuenta de quién es, de que está ahí, de que puede salir a saludarla, a hablar con ella, de que es real. Le da las gracias mentalmente por devolverlo al presente, al día de hoy, al día que toca en el calendario.

Se aparta un poco de la mesa. Deja la rosa encima del teclado y se aparta un poco más. Finalmente toma una decisión. Coge la rosa esta vez con cuidado para no pincharse más y la echa a la papelera, eso sí, sin romperla, sin aplastarla.

Se da cuenta de que la compañera de antes está en el vano de la puerta.

- ¿De ella? - Pregunta.
- De ella - contesta él.

Ambos callan. La compañera le mira con ojos de entender demasiado, de entenderlo todo. Se acerca a la mesa y coge la rosa de la papelera, la perfecta rosa con una espina manchada de sangre, la rosa de terciopelo, la rosa de destrucción masiva. Se da la vuelta y se va. Al salir del despacho se gira un momento y le dice:

- Yo te la guardaré. La sabré guardar bien, donde no te molestará más.

Él la deja hacer. Es compañera pero es más amiga, o dicho de otro modo, es amiga pero también compañera. Sabe, lo sabe todo. Sabe ayudarle y lo hace, y él la deja hacer. La rosa, en su rol de arma definitiva, en su camino de despedida hacia la puerta y la segura destrucción, ha liberado la última munición de su arsenal: en el ambiente queda un ligero aroma a... a ella.


VI)

El teléfono suena, un bip corto, un bip atípico por lo inusual, distinto al sonido de los correos, de la mensajería instantánea. Mira el sms que le ha llegado:

'Feliz san valentin. Un beso'

¿Por qué? se pregunta, ¿para qué? ¿Qué necesidad hay?


VII)

El calendario salta de día, salta de semana, salta de mes, y los mensajes dejan de alterarle. Deja de buscarles sentido, deja de considerarlos más que una anomalía. La carne vuelve a llenar sus manos. La sonrisa a su boca. Todo sigue. Todo sigue.


VIII)

El pétalo de la rosa está ahí. Entre las páginas de un libro. De vez en cuando lo mira, y algunos recuerdos vuelven a su cabeza. Se sigue preguntando ¿Pudo funcionar? ¿Pudo haber una oportunidad real? Cierra el libro sin una respuesta a esa pregunta ni a muchas otras. Pero todo sigue.


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Era, obviamente, un cuento para San Valentín. Era el cuento que estaba pendiente desde el otro día.

jueves, 14 de febrero de 2013

flores de cristal, corazón de hielo



Foto Olympus Pen E-PL5, Lumix 20mm f/1.7

El cuento próximamente. No me ha dado tiempo a terminarlo, pero el post era evidentemente para hoy.

martes, 12 de febrero de 2013

Carnaval de Ibiza 2013

Uno de esos días en los que vale la pena coger la cámara y tirarse a la calle a hacer fotos: gente guapa, maquillaje, colores... con un poquito de atención y cuidado se pueden hacer fotos estupendas.

Vi la rua entera dos veces, al principio y al final. Hice más de cuatrocientas fotos, de las que están bien unas setenta, lo bastante bien como para enseñarlas unas cuarenta o así, y me gustan mucho doce. Este enlace te lleva a una galería con estas y otras fotos que hice. Aquí he preferido enlazar sólo las que más me gustaron. Estas doce.


Todas las fotos Nikon D7000, Tamron 18-270 f/3,5-5,6. 

Por cierto, el objetivo que he utilizado ha resucitado. Lo tenía más que abandonado pero fíjate, después de calibrarlo y hacer un ajuste de enfoque ha vuelto a la vida. Las fotos están tomadas con prioridad a la exposición, dado que al apurar la focal (hasta 270mm) necesito una exposición muy muy rápida.  El amigo ISO ayudó no poco.

Ah, se me olvidaba, mis comparsas favoritas las de los zombies y la de mi hija, por supuesto.

sábado, 9 de febrero de 2013

Cuentos de ciencia ficción, cuatro recomendaciones.

Esta mañana he terminado una antología de relatos de ficción contemporáneos que tenía a medias. Un libro comprado en  amazon para el kindle por la asombrosa cifra de 3,50 € El libro contiene  ocho relatos en general bastante buenos, pero uno de ellos es simplemente maravilloso. En  realidad más que un relato es una novela corta. No soy un fanático de los cuentos o relatos cortos, la verdad es que me cuesta engancharme. Creo que he caído en la red de la moda actual de considerar pobre un libro de menos de mil páginas, cuando la verdad es que una historia buena es buena independientemente de su dimensión.

Volvamos al tema. La lectura de este magnífico relato, o novela corta, o como le queramos llamar, me ha hecho pensar en historias de este tipo que recuerdo con especial cariño. Me quedo con cuatro. Además, he encontrado versiones de estos cuatro relatos que pueden leerse online. Tres están en inglés y una en castellano.

Empezaré con el que hoy he terminado:


El ciclo de vida de los objetos de software, Ted Chiang (En inglés)
¿De qué va? De la vida artificial. Una compañía diseña 'mascotas virtuales' que tienen capacidad de aprendizaje y viven y se desarrollan en un mundo digital estilo second life. Poco a poco esas mascotas van pareciéndose más y más a sus diseñadores, y surgen conflictos, dilemas morales y éticos. Me ha parecido una de las lecturas más sugerentes que haya caído en mis manos últimamente.   Ficción especulativa al cien por cien. Me ha encantado. Aunque he enlazado el texto en inglés, el relato está en la antología que he indicado anteriormente.







The state of the art, Iain M. Banks. (En inglés)
El primer contacto es uno de los temas recurrentes en la ciencia ficción. En este caso los contactados somos nosotros. Una nave de exploración de la 'cultura', se ubica alrededor de la tierra para estudiarnos como especie. Algunos de sus indivíduos comienzan a vivir entre nosotros para comprender nuestra civilización y ... pasan cosas. Uno de los momentos del libro es simplemente genial. Una fiesta en la que uno de los investigadores de la nave propone solucionar de una vez y para siempre los problemas del género humano. Estupenda. Lo he releído varias veces. Esta novela corta está en un libro homónimo que  se puede comprar en Amazon y contiene algún otro relato interesante, aunque este es el mejor sin duda. Creo que no está editado en español. El relato es el séptimo del libro. Fijaos en el índice del link.





Flores para algernon. Daniel Keyes (En español)
Una historia que cuando la leí por primera vez me hizo llorar. Una emocionante reflexión sobre la inteligencia y lo que nos hace humanos. En un experimento se facilita al protagonista, un chico discapacitado mental, un medicamento que hace que su inteligencia se desarrolle de modo explosivo, aunque nadie sabe cuánto durará el efecto. Este relato corto se convirtió en novela, pero yo sinceramente prefiero el original. Maravilloso. Arriba he enlazado un pdf que está en no sé dónde. Aquí puedes comprar  el relato.








Los nueve mil millones de nombres de Dios. Arthur C. Clarke.  (En inglés y español, aunque la traducción en español no me gusta nada)
Aunque los relatos cortos no sean mi género predilecto, si tuviera que quedarme con un autor sería sin duda Clarke, el maestro de maestros.
En este relato una empresa de equipos informáticos recibe un pedido un poco especial, y ¿qué pasa si en el fondo la religión dice la verdad? Este relato, y muchos otros de Clarke, demuestran que no hace falta escribir muchas páginas para convencer al lector de que leer es maravilloso. (De Clarke recuerdo también 'el centinela', como no, y 'la estrella', este último sobrecogedor)


Vaya, veo que en esta lista corta me he dejado fuera a Úrsula LeGuinn, a Larry Niven, Asimov  (maravilloso "el hombre bicentenario") y tantos otros. En fin. Elecciones de sábado por la tarde.

jueves, 7 de febrero de 2013

Arrimarse al mar



Como estoy seguro de que sabes, y para eso no hace falta más que perder un poquito de tiempo paseando por este blog, la fotografía es una de mis aficiones. Por suerte cuando desarrollé esta afición caí en las amistosas 'garras' de un grupo de frikis del tema que me condujeron por el camino de la perdición. No te engañes: la fotografía de aficionado es un vicio caro. Aunque lo más importante son las manos del fotógrafo y su capacidad de componer una imagen interesante, atractiva y potente visualmente, el equipo ayuda mucho. No tiene nada que ver tirar con una cámara compacta que sólo dispara en modo automático a hacerlo con una cámara reflex de objetivos intercambiables usando complementos que ayuden a conseguir el resultado deseado, como filtros, un trípode en condiciones, etc.

De todos modos, para mi, lo mejor que me ha aportado la fotografía es acercarme más al lugar donde vivo. En los últimos tres o cuatro años he conocido más lugares recónditos de la isla que en los diecisiete anteriores que he vivido aquí. Tengo la suerte de vivir en un sitio maravilloso, y gracias a la fotografía lo disfruto más todavía.

No es sorprendente que en una isla el mar sea protagonista de la mayor parte  de las tomas. El mar nos rodea, nos acompaña y nunca está lejos, y además es como uno de esos amigos que nunca sabes de qué humor está. ir dos veces aun acantilado, a una cala o a una playa es ir a dos sitios diferentes en función de cómo esté el mar. Claro, cada uno tiene sus preferencias, y yo lo prefiero, como dice una amiga, 'enfadado'. Si se levanta un día con viento, con temporal, es fácil que intente escaparme del modo que sea a pasar un rato junto al mar, viendo las olas montarse y romper contra la orilla, intentando captar en una imagen el poder de la naturaleza, cosa absolutamente imposible, por supuesto. Muchas veces he acabado bañado por una ola impertinente que llega más allá de donde debería, incluso alguno de mis compañeros o compañeras de excursión ha tenido problemas con el material por este motivo.

Cuelgo aquí algunas de las fotos en las que me 'arrimo' como dicen los toreros. En realidad es más una cuestión de perspectiva que otra cosa.

Lo que pudo ser....

La foto anterior es del grandísimo Joseeivissa, y está en su anterior galería: Jose.

Soybuscador......de olas.

Foto de mi amigo Oscanpa, uno de los responsables de casi todo.



Esta, junto con la primera que he colgado esta tomada este fin de semana, con un bonito temporal del norte. En realidad no daba miedo.