miércoles, 24 de abril de 2013

Mi Sant Jordi de este año.

Visitar las paraditas de las librerías el día de Sant Jordi es un placer. Ver pasear a la gente buscar libros nuevos, de segunda mano, novelas, ensayos, libros de fotografía, cómics... da gusto.

He pasado un momentito esta mañana, pero no me he podido parar, pero esta tarde sí que he ido con algo más de tiempo y he comprado tres libros.




"Si tú me dices ven lo dejo todo... pero dime ven", de Alberto Espinosa. Un título espectacular para un libro que no me había despertado mucho interés hasta esta mañana. He oído en la SER una entrevista al autor y me ha gustado mucho. Le daremos una oportunidad. La verdad es que el título es magnífico. ¿Quién no ha pensado eso alguna vez?

"Las constantes de la naturaleza" de John D. Barrow. Uno de los temas más interesantes de la física y las matemáticas. ¿Por qué tiene PI el valor que tiene? ¿Sabes que si la constante de estructura fina, el número adimensional 1/137, fuera ligeramente diferente a lo que es el universo sería completamente distinto? ¿Qué hace que las constantes que determinan las cuatro fuerzas de la naturaleza tengan el valor que tienen? Pues de eso va este libro. Una de mis incursiones en uno de los amores de mi vida: la física.

"Cómo cortar un pastel" de Ian Stewart. Los que leímos el "Carnaval matemático" de Martin Gardner cuando éramos jóvenes no podemos evitar extender la mano cuando vemos un libro como este: paradojas matemáticas, probabilidades, teoría de números...

Espero haber acertado. Ya os contaré si acaso.

miércoles, 17 de abril de 2013

Leer sin saber porqué

Lo reconozco, de vez en cuando peco. Cae en mis manos un libro patético, lo leo y no lo dejo hasta que lo acabo. El libro puede ser del tipo que sea: novela negra, thriller, ciencia ficción, narrativa histórica. Por algún motivo me captura y me lo leo de un tirón mientras en cada minuto voy pensando "¿por qué estoy perdiendo el tiempo con este libro?"

Eso me pasa de vez en cuando. Me empieza a preocupar cuando de los cinco últimos libros que he leído, cuatro entrarían en esa categoría. No merece la pena ni decir sus títulos, aunque de uno de ellos, al menos, sí que diré un par de cosas para evitar que otros incautos caigan en él.

Dos de los libros son de ciencia ficción. Un clásico de Heinlein malísimo, muy muy malo y uno de estos que de repente Amazon te manda un mail y te dice que te regala, y tú vas y te lo descargas, y luego te lo lees, y luego te arrepientes. No diré su nombre ni el del autor por no fastidiar, y porque es un autor español y hay que darle una oportunidad (no es que el alcance de mi blog dé o quite oportunidades, que no llega hasta ahí mi megalomanía).

El tercero es es Invictus, de Simone Sarasso, una novela histórica centrada en Constantino 'el grande', el emperador romano que fijó el 'canon' cristiano  en el Concilio de Nicea, donde se determinó el texto del 'credo', que convirtió de un plumazo a los Arrianos en herejes y en teoría resolvió lsoproblemas de unidad de la fe. En principio el tema es apasionante, pero el libro es muy malo.

Pero el colmo, el sumum, lo máximo es que he cometido un pecado mortal y he leído "El símbolo perdido" de Dan Brown. Si, el del 'Código DaVinci' Ese mismo. Sin palabras. Sin-pa-la-bras. Basura. Muy muy muy malo. Alimento para conspiranoicos, fantasmillas new-age, panteistas, teosofistas y resto de gente rara.

El libro sigue la pauta de 'Ángeles y demonios' y de 'El código Davinci' El protagonista, el estresado Langdon, tiene que resolver una crisis mundial en una noche, de camino encuentra algún santo grial, secreto escondido, depósito de la sabiduría arcana que la humanidad ha olvidado o alguna bagatela de esas. Todo esto mientras lucha a muerte con enemigos de carne y hueso que hubieran hecho temblar a Aragorn en un día bueno.

En este caso la acción se desarrolla en Washington, ciudad que según el autor se construyó siguiendo patrones arquitectónicos sacados de los más estilosos tratados masones, donde cada medida, cada detalle, cada elemento de decoración de los edificios responde a un plan para lanzar mensajes masones al mundo. En fin.

Hay que reconocer que el tal Brown nos presenta miles de pequeños detalles que refuerzan sus tesis, sean estas las que sean,  y hechos que siempre apoyan sus ideas y que en la mayor parte de los casos confunden causalidad y casualidad, o correlación y causalidad, más peligroso este último, pues para ojos inexpertos aporta una dosis de justificación y soporte intelectual y fáctico que es difícil de discutir, porque lo que está mal no son los hechos, sino la utilización como argumento de los hechos.

En fin, que pese a todo leí el libro, lo leí entero a sabiendas desde la página 40 de que iba a ser una marcianada.

Para ir acabando, lo importante de este post no son las lecturas en si mismas, sino que sea capaz de perder horas, días leyendo literatura mala, poco enriquecedora, sin sentido, patética, sin calidad literaria alguna y todo eso cuando tengo trabajo, bastante trabajo, tengo las PECS de la UOC, y tengo cosas que hacer, mucho más importantes, en la vida.

Todo esto sólo puede querer decir una cosa. CRISIS.


PS: Por suerte no siempre es así. Tengo pendientes de comentar dos libros que me han gustado mucho, 'La chica mecánica' de Paolo Bacigalupi y 'La ciudad y la ciudad' de China Mieville. Ambos merecen la pena, mucho el segundo. Por desgracia mi capacidad selectiva no es tan buena como para elegir bien siempre, o más bien, a veces me dejo llevar por lo fácil, por lo demasiado fácil.

martes, 16 de abril de 2013

¿El mejor viaje?

Tiempo para pasear hasta gastar la suela de los zapatos; para volver a barrios donde no había estado hace más de veinte años; tiempo para visitar las exposiciones que más me apetecía ver, incluso dos que no sabía que estaban hasta que llegué allí; tiempo para ver un musical; tiempo para dar vueltas y más vueltas por calles conocidas y desconocidas... tiempo para casi todo.

¿El mejor viaje del mundo? No lo sé. Este ha estado más que bien, aunque por supuesto se podía haber mejorado.

Magnífica la exposición de Lichtenstein en la Tate, gloriosa la de Sebastiao Salgado en el museo de historia natural, emocionante la de Ansel Adams en el museo marítimo de Grenwich y muy buena y muy diferente la del impacto de Bowie en el arte y la cultura en el V&A. Un poco menos interesante me resultó la de Man Ray en la National Portrait Gallery.

Si te tuviera que recomendar personalmente que fueras a dos de estas exposiciones serían las de Ansel Adams, por supuesto, y la de Bowie por motivos completamente distintos. Ansel Adams creó la mayor parte del lenguaje fotográfico que determina la fotografía de paisaje hoy en día y en los últimos cincuenta años. Por su parte Bowie es Bowie. Tres de sus discos (quizá cuatro) estarían sin duda en mi top ten de discos favoritos. No lo he visto nunca en directo, y lo más probable por su edad es que ya no lo vaya a ver, y no tienes idea de la pena que me da.

Dicho esto, reconozco que las dos mejores exposiciones son las de Lichtenstein, de la que destacaría la sala de 'guerra y romance', por supuesto, y la maravillosa historia del arte de la primera mitad de siglo XX que se  representa en un tríptico que casi pasa desapercibido,  y la de Sebastiao Salgado, por la coherencia y la calidad de las fotografías expuestas: un maestro entre los maestros.

 

Lo dicho. Tres días culturalmente (cuasi) perfectos. Sólo se me ocurren una o dos cosas que los podrían haber hecho mejores.