lunes, 23 de septiembre de 2013

Algún día este dolor te será útil, Peter Cameron

¿Cuántas veces al año termina uno un libro y piensa:  'vaya pedazo de historia que acabo de terminar'? No sé, si uno lee cuarenta o cincuenta libros al año igual le pasa dos o tres veces, no creo que muchas más. Me refiero a historias que por algún motivo te atrapan: los personajes, los diálogos, la situación, la trama...

Como vengo haciendo últimamente voy a pegar la sinopsis del libro, tal y como está en la contraportada del mismo:


James Sveck, el narrador de esta novela, es un adolescente inteligente y precoz, ha terminado el colegio y durante el verano trabaja en la galería de arte que su madre tiene en Manhattan y en la que casi nunca entra a nadie. Pese a haber sido admitido en la prestigiosa Universidad e Brown no está seguro de querer ir; lo que de verdad le gustaría es comprarse una casa en el campo y pasarse el día leyendo, sin ser molestado; detesta relacionarse con gente de su edad, a la que evita y con la que piensa que no tiene nada en común.
La narración de James nos ofrece una sarcástica y divertida mirada sobre su confusa vida, sobre cómo su desestructurada familia y su psiquiatra tratan en vano de ayudarle, o sobre cómo intenta, torpemente, aclararse y salir de su aislamiento. Considerada por la crítica estadounidense como una de las mejores novelas que se han publicado en los últimos años sobre Nueva York, Algún día este dolor te será útil es una aguda y emotiva novela sobre un joven capaz de cuestionarse a sí mismo, a su familia y al tiempo que le ha tocado vivir.
Tomado de la contraportada del libro

No estoy de acuerdo en muchas cosas de esta contraportada. Yo no diría que el libro es sarcástico o divertido sino todo lo contrario.  El personaje es efectivamente un joven confundido en su relación con el mundo, con su sexualidad y con su propia brillantez, que le aleja de sus iguales; un ratón de biblioteca que cree que puede aprenderlo todo de la vida leyendo; el hijo menor de una adinerada familia que sin ser disfuncional está muy cerca de ello. El chaval que tiene pocos referentes reales, de esos que uno acepta, que son un faro, una guía en la transición a la madurez.

En saltos adelante y atrás en sucesos que ocurren a lo largo de unos meses, James tiene que tomar algunas decisiones que serán importantes para su vida, tiene que vivir sus fantasías o dejarlas correr, y debe aceptar, o no, que las cosas son como son, no como uno querría que fueran. 

No sé por qué, pero fue un momento agradable, uno de esos momentos en los que todo parece estar en su lugar. Los lápices en la taza del Museo Guggenheim sobre su mesa, inclinados en distintos ángulos y direcciones, como esos bellos arreglos florales en apariencia informales pero que requieren una gran pericia artística, me daban la impresión de que eran el centro del Universo, y que todo se expandía a su alrededor, todos los demás objetos sobre la mesa, el consultorio, el edificio, la manzana de casa, la ciudad y el ancho mundo
-Me gusta mucho que todo esté donde está - le dije.
Ella asintió como si entendiera de qué le estaba hablando.
Cap. 10, pág. 135

Además del protagonista el libro tiene dos personajes magníficos: la abuela de James y su psiquiatra; cada uno a su manera intenta buscar el modo de que el joven encuentre su propio camino.

El libro tiene algo más de lo que ya he hablado en este blog en varias ocasiones: tiene 246 páginas, es decir, no tiene 846 páginas, ni 1246 páginas, ni 746 páginas. El autor, del que sin duda leeré más libros, nos cuenta una historia completa, coherente, buena, nos transmite sentimientos, emociones, nos intriga, nos traslada y nos convence en 246 páginas. Hoy parece que los editores compran los libros al peso... y los lectores también. Yo sigo reivindicando el placer de leer un libro de una sentada, de disfrutar con una historia bien construida, no con interminables descripciones que harían temblar las piernas al más pintado, no darle vueltas a la misma trama desde los ojos de cien personajes distintos (viéndolo con las perspectiva del tiempo, cuánto mal hiciste Lawrence Durrell)

¿Recomendable?
Si. Claro candidato al 'libro que más le gustó a Alfonso de 2013' Un premio de gran trascendencia, como todo el mundo sabe.  :-P

Ahora que ya he terminado el comentario me permito un exceso. Creo que este libro tiene las condiciones de convertirse en 'El guardián entre el centeno' de la generación del 11S. Pensaba esto desde la mitad del libro más o menos, cuando al llegar al final, el editor español coloca antes de su mancheta una cita ¡nada menos que de Salinger! ¿la colocará en todos sus libros? ¿la habrá seleccionado expresamente para este? En cualquier caso una coincidencia afortunada. Quizá no es una coincidencia. Ah, la cita es:

"Lo que me maravilla de un libro es que cuando lo terminas, desearías que quien lo escribió fuera muy amigo tuyo y pudieras llamarlo por teléfono siempre que te apeteciera." J.D.Salinger

Por cierto. Excelente edición de 'Libros del asteroide'. Un papel, tipografía y tamaño de letra excelentes, y una magnífica traducción de Jordi Fiblá. 

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Algún día este dolor te será útil, Peter Cameron, ed. Libros del asteroide, 246 pág. 18,95 €

domingo, 22 de septiembre de 2013

El final del verano. Equinoccio de otoño.


¿Y esta foto qué es lo que es?

El Sol, con mayúscula, tomada hoy 22 de septiembre a las 12 horas hora solar, a mediodía solar, es decir con el sol en el cénit.

Y ¿por qué? Porque hoy es el equinoccio de otoño. Más o menos ahora, cuando estoy escribiendo esto, a las 22:30 del domingo entramos en el otoño astronómico. El sol cruza el plano del ecuador terrestre. Hoy es uno de los días del año en los que noche y día tienen la misma duración: doce horas, de ahí el nombre 'equinoccio'.

En unos momentos entraremos en el otoño, la estación de las nubes, de la lluvia, de los días que se alargan… Una estación preciosa a mi juicio, y lo quería celebrar con una foto especial. Me hubiera gustado hacer una foto al sol a la hora exacta de la entrada del otoño, pero claro, este año cae por la noche, a las 22:40 y era imposible, así que he pensado que a mediodía solar, a las dos de la tarde de nuestro horario sería lo más adecuado.

Sabes, me encanta esta foto, porque es la primera vez que fotografío el sol y saco manchas solares. Normalmente en las fotos el sol es un disco blanco sobre fondo negro y nada más, pero en las fotos que he hecho hoy puedes ver una gran mancha solar en el tercio inferior del sol y unas pocas más un poco por encima del ecuador solar. Para que nos hagamos una idea, la tierra es más o menos del tamaño de la mancha solar de abajo, la grande.

Pero… si la foto está tomada a mediodía ¿Por qué el cielo es negro? El sol es tan luminoso que para poder sacar algo en la foto esta tiene que ser tomada a una enorme velocidad (1/8000 de segundo) con el diafragma muy cerrado (f/20) y además con un filtro de densidad neutra (parecido a un cristal de soldador, pero de gran calidad) que deja pasar sólo una milésima parte de la luz que recibe (un filtro de 10 pasos) Por eso cualquier otra cosa que esté en el encuadre sale negra.

Fin del rollo. Mi pequeño homenaje al sol en el final del verano.

Nikon D7000, sigma 70/200, duplicador Kenko x2, f/20, 1/8000s, Lee Big Stopper (ND1000)

domingo, 8 de septiembre de 2013

Oxford 7, Pablo Tusset

Para ir centrando, copio la sinopsis del libro, que es más rápido que escribirla yo:

Primavera de 2089: todo el mundo ha oído hablar de disturbios en las franquicias universitarias exteriores. Manifestaciones en New Berkeley, protestas en Sorbonne Resseau y algaradas estudiantiles por todo el Anillo Académico.
En el campus de Oxford 7, el profesor Sirhan Palaiopoulos y sus más comprometidos alumnos de Cinematografía Precomputacional están tramando algo. La rectora Deckard trata de controlar la situación desde su despacho de la torre Huxley mientras las brigadas de antidisturbios se emplean a fondo, pero los chicos conseguirán salir de la estación espacial con destino a Earth gracias a la ayuda de Rick Blaine, un viejo lobo del espacio que trafica con tabaco Burley germinado en tierra de verdad.
Lo que los chicos no imaginan es qué peligros deberán enfrentar al final de su viaje, llegados al corazón de una apocalíptica Barcelona posterior a la Toma de la Boquería.
Tomado de la contraportada del libro

Vale, mayo del 68 del espacio exterior, pero... no sé muy bien lo que pretendía Tusset al escribir este libro. ¿Un libro de ciencia ficción? ¿una distopía? ¿una crítica dura a los movimientos antisistema? El libro contiene argumentos de cada uno de estos temas, junto con los tradicionales componentes humorísticos del autor (el presidente de la generalitat lo es a la vez del Barça, la 'toma de la boquería' al nivel de la toma de la bastilla, las franquicias son 'Bulli & friends', ...)

El problema del libro es que no se entiende muy bien de qué va. Suceden cosas, hay una trama, una personaje arquetípicamente mala, un personaje arquetípicamente idealista; la policía (que dispara multas) sigue los cánones ortodoxos de los 'maderos' o los 'grises'; los jóvenes que se embarcan en la aventura de localizar a 'Francisco Asis', el más peligroso AntiSIStema son cándidos, vulnerables y manipulables; el piloto de la nave espacial que los transporta de contrabando a Barcelona es un Han Solo de libro... Si, todo esto está muy bien pero... ¿de qué va el libro? ¿Por qué acaba como acaba? ¿Qué mensaje nos pretende transmitir el autor? De verdad, ni idea. No voy a desvelar 'secretos' de la trama, pero se produce una transformación en los personajes, y ni el malo es tan malo ni el idealista es inteligente, ni el contrabandista patético es lo que parece, y vale, ¿para qué todo eso?


Pero ¿de qué somos esclavos nosotros?, ¿de las leyes que previamente aprobamos en el parlamento, aunque sea de manera indirecta, ¿de las corporaciones, de las marcas comerciales, que son poderosas sólo en la medida en que nosotros consumimos sus productos con gran satisfacción?
p. 103

Al final pienso que el libro es un ataque al maniqueísmo de la lucha de los 'ciudadanos' contra el 'poder establecido', asignando al primero la categoría de 'buenos' y al otro la categoría de 'malos', y eso no me parece mal, la verdad, pero es tan confuso que perfectamente me podría estar equivocando sin enterarme. En fin, que no me ha convencido.

El autor inserta en el libro decenas de referencias a otras obras literarias o cinematográficas (en el estilo tradicional de Tusset), pero hay un tópico que se repite una y otra vez: Blade Runner. El contrabandista se llama Rick, y la rectora Deckard; los protagonistas, alumnos del curso de 'cinematografía precomputacional', corean en una ocasión el 'tears in the rain' (se me humedecen los ojos),  y hay más referencias de uno u otro tipo a la película. Hay referencias a 'El nombre de la rosa', 'Casablanca' y otras que dejo a la inquietud del lector.

¿Recomendable?
Yo, como lector activo de ciencia ficción no lo recomendaría. Tusset tiene libros mejores, como 'En el nombre del cerdo' o sobre todo 'Lo mejor que le puede pasar a un cruasan', ambos tiran hacia la novela negra con puntos de humor, más que de humor, de sarcasmo, y de ciencia ficción hay miles de libros mejores.

Una nota final. El autor se tira un poco al carro de los neologismos, tanto para las asignaturas que estudian los universitarios 'Ingeniería emocional', 'Cinematografía precomputacional', como para sustantivos, adjetivos etc. Uno me ha gustado. Estamos a principio del siglo XXI y todavía no  tenemos un adjetivo que describa lo relacionado con el s XX, tal y como tenemos 'decimonónico' para referirnos a lo del s XIX. El autor utiliza vigesímico, y me encanta. He encontrado otras referencias a ese vocablo aunque no está reconocido por la RAE. Yo lo voy a usar a partir de ahora. Me gusta y creo que es útil. A fin de cuentas la RAE está para reconocer el lenguaje tal y como evoluciona, darle carta de naturaleza y normativizarlo. En algún momento un adjetivo similar se usará. ¿Por qué no este?

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Oxford 7, Pablo Tusset, Booklet. 263 pág. 7,95 € en papel, 6,95 en formato eBook

sábado, 7 de septiembre de 2013

Nighthawks, Edward Hopper

Hoy me apetece escribir algo en el blog, pero no estoy muy inspirado que digamos, así que voy a colgar un cuadro.



¿Te suena? Un camarero atiende a tres clientes en la barra de un bar. Es de noche. El camarero parece fregar algo mientras mira a la pareja que no parece estar muy bien avenida. Al otro lado otro tipo, de espaldas es la imagen de la soledad más absoluta. La luz del bar se extiende a la calle. Pocos elementos en la pintura, pero todos de una expresividad máxima.

Este cuadro me pone triste, pero a la vez me encanta. Es tan fácil imaginar historias con estos personajes...

En Ibiza hay un bar que me recuerda a este. Nada que ver, es decir, no se parece en nada, pero como este es el sitio ideal para que las almas en pena busquen un poco de calor.

Puedes ampliar lo que quieras el cuadro aquí, cortesía de San Google.




martes, 3 de septiembre de 2013

El cielo es azul, la tierra blanca. Hiromi Kawakami

La literatura japonesa está de moda, es innegable. Creo que las causas principales han sido el impacto de Murakami, la moda del sushi, la seducción de una cultura milenaria y ... quizá también el que una generación de otakus que se ha hecho mayor y empieza a comprar también libros, y no sólo mangas. Todo eso más la propia calidad de los y las literatos nipones ha llenado las estanterías de las librerías de Hiromis, Harukis, Sushakus, Yukios y Kenzaburos, y bien que está, porque ¡vaya!, a ver si no hay cosa más bonita que trasladarte  a otra cultura, sea en la actualidad o en el pasado, y ver cómo otras gente se enfrentan a los mismos problemas a los que nos enfrentamos nosotros.

Pues eso. El año pasado compré un par de libros, este y otro, y ahí estaban ambos, esperando su momento en la estantería de 'pendientes' en la que se acumula un preocupante número de obras. Y su momento ha llegado este verano, con el calorcito y después de varios libros buenísimos  que he tenido la ocasión de comentar por aquí.

Lo que ocurre es que lo mismo que hace tan seductora la literatura japonesa es lo que la hace casi incomprensible a veces. Los referentes culturales son completamente distintos y entender a los personajes es a veces una tarea titánica. Me ha pasado esta vez. Este libro es una historia de amor entre un profesor de instituto y una ex-alumna. Ambos coinciden treinta años después en una 'taberna'* y poco a poco comienzan una relación peculiar. Tsukiko (ella) es más rara que un perro verde, con un punto asocial, muy limitada en su capacidad de relación, con un trabajo que no se llega a determinar que le ocupa mucho tiempo. Harutsuna (él) es viudo, no mantiene relación con su hijo, y es obsesivo en los detalles y los modales.

Ambos se sientan en la barra, comen y beben, bueno, principalmente beben, y entre sake y sake, cerveza y cerveza comienzan a intimar, pero no como lo haríamos nosotros, sino de un modo completamente diferente. Ambos desarrollan una relación pendular, con más barreras que puentes, con más miedos que certezas y con más silencios que verdades.

Sinceramente me cuesta mucho comprenderlos, pero me pasa bastante con los personajes de la literatura japonesa. No comprendo su extrema cortesía que es tan importante como su facilidad para beber en público. No entiendo la obsesión por los modales, que les impide acercarse a quienes les rodean. No entiendo tantas cosas...

Bueno, este libro no es de aquellos que releeré dentro de un tiempo, pero no ha estado mal.

¿Recomendable?
Emmm... si te gustan las historias de amor extrañas sí (con reservas), y si te gusta lo japonés... quizá.

NOTA:
*No me gusta nada la palabra 'taberna' para describir el local donde se encuentran los protagonistas, el bar de Satoru. Creo que bar hubiera sido más adecuado. Me parece que la traductora buscaba una palabra diferente de 'bar' y no creo que haya acertado.

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El cielo es azul, la tierra blanca. Hiromi Kawakami, Ed. Acantilado, 211 pág., 18,00 €