viernes, 29 de agosto de 2014

El glaciar de la Marmolada... casi.

El glaciar de la Marmolada es el único glaciar de un cierto tamaño que queda en los alpes dolomitas, y casualmente (o no) estaba a unos pocos kilómetros de Canazei, de hecho la Marmolada es la gran montaña que cierra el valle de Fassa. Vamos, que era un destino claro y para allá que fuimos.

La idea era llegar hasta la base del glaciar, porque hacer la ruta hasta la cima de la montaña sin equipo adecuado (crampones y piolet) era imposible, pero al menos llegar hasta el glaciar.

La salida de la ruta está en el lago de Fedaia, que en realidad es un embalse de montaña. Junto a la presa hay varios restaurantes (comeremos en uno de ellos más tarde), un museo de la primera guerra mundial -estamos en plena línea de frente entre los ejércitos austríaco e italiano en 1915-, y un simpático remonte que sube hasta un refugio ya cerca del glaciar. El remonte es un tanto particular, es una especie de jaula donde dos atrevidos pasajeros cuelgan hasta arriba. En invierno lo usan esquiadores, pero yo, la verdad no me imagino subiendo es ESO con los esquís, los palos etc.


Nosotros optamos por subir andando, sin usar los 'medios mecánicos', y nos metemos en un bonito camino que sube por el bosque. El día está cubierto, muy cubierto, y más pronto o más tarde nos meteremos en la nube que corona la montaña. Tenemos la esperanza de que se despeje un poquito más tarde y poder disfrutar del sol. Sin embargo tal y como vamos subiendo no parece que el tiempo mejore, más bien al contrario.  A ver qué tal.


Por el camino encontramos flores de preciosas. No vemos edelweiss, pero hay muchas otras. Esta, por ejemplo, es preciosa cuando está cerrada.


Seguimos subiendo y empiezan a aparecer parches de nieve, cada vez más grandes. Hace bastante frio. Paramos un momento a tomar un té en el refugio del pla dei fiaconni, y entonces... se pone a nevar. A nevar lo que se dice en serio. N os ponemos los ponchos y seguimos para arriba, a ver qué tal. Llegamos al refugio del glaciar de la marmolada, a escasos mil metros de distancia y cien de desnivel de la base del glaciar. La nieve arrecia. No hay visibilidad. Los copos son grandes, no como el día anterior que eran más bien pequeños granizos, sino copos de nieve de verdad.


La nieve está cuajando a base de bien. En la terraza del refugio alguien ha aprovechado la mesa como pizarra improvisada, y ha escrito: 'Ferragosto 2104'. Ferragosto es como en Italia se llama al 15 de agosto. Sí, estamos en medio de una nevada el 15 de agosto. Uno no está preparado psicológicamente para esto, la verdad.


Preguntamos en el refugio y nos recomiendan que no se nos ocurra tirar para arriba. No con esta nieve y con esta visibilidad. Caminamos un poco alrededor del refugio. La sensación es irreal, caminar sobre la nieve cuando hace dos días sobraba hasta la camisa. Abrigados con camiseta, polar, chaqueta y el bendito poncho que hace mucho más de lo que parece, y que evita que a estas alturas estemos empapados y ateridos.


Lógicamente desistimos de subir. Bajamos hasta un cruce de caminos y optamos por volver por una ruta diferente, que nos lleva por el otro lado de la montaña. Por suerte una vez bajamos unos cientos de metros el cielo se abre un poco y hay más visibilidad. Al final podemos ver el otro lado del valle, con el lago abajo, las cumbres cubiertas de nieve. Es precioso.


He podido hacer muchas fotos de flores. La lente de aproximación que utilizo da resultados sorprendentes para su coste (vale aproximadamente 10 €). Completamos el circuito. Encontramos rápidamente un sitio donde comer algo a pesar de la hora (15:30h) y terminamos la excursión del día.




No hemos hecho mucha distancia ni desnivel, al final será el día que menos hayamos hecho, pero ha valido la pena. La experiencia de la nieve en agosto ha sido muy divertida, el paisaje que hemos podido ver precioso, y el camino de vuelta mucho más bonito que el de ida. Me quedo con las ganas de haber subido hasta el glaciar.

No sé si lo sabes, pero mi afición por las montañas viene de hace muchos años, del año 2005, cuando con veinte kilos más y una niña de tres años en la mochila (literalmente) Bruno y Aixa nos arrastraron montaña arriba en distintos sitios en los alpes franceses. En una de esas excursiones, que entonces me parecieron salvajes, Bruno me llevó hasta la base del glaciar de Ailefroide, cerca de Briançon. Aquello fue una experiencia para mi, y me entró el gusanillo que desde entonces me acompaña. Gracias Bruno, allá donde estés, por tirar de mi para llevarme a esos sitios. Tú lo decías en tu español afrancesado: "normalmente las cosas especiales cuestan esfuerzo". Y tanto, amigo.

Ah, si, ese de la foto de al lado soy yo, con diez años menos y veinte kilos más, y con el glaciar de Ailefroide al fondo. En aquella ocasión llegamos hasta la base del mismo. Tengo alguna foto más de allí, más cerca del glaciar, pero estoy de perfil y es insoportable.

Bueno. Desde entonces he tenido ganas de ver un glaciar de cerca de nuevo. Esta vez no ha podido ser. A ver si la próxima...

Por aquí abajo está la ruta que seguimos.


Act: Qué cachondo. Acabo de darme cuenta de que el volcado este incluye el tiempo. 'Parcialmente soleado', dice. Jope Accuweather 10 ponts...

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