lunes, 25 de agosto de 2014

Subida al Piz Boè, Dolomitas, Italia



La primera excursión de las vacaciones. Meses sin subir andando a una montaña que mereciera ese nombre. ¿Qué tal estarán las piernas? Ni idea. A ver.

Salimos de Canazei, justo al lado del hotel, y decidimos subir el primer tramo en telecabina, uno de los muchos que hay en la zona. Así nos ahorramos los primeros quinientos metros de desnivel y poder llegar hasta arriba.  El objetivo es llegar hasta donde se pueda, sin más. Si es posible hasta la cima, el Piz Boè, siguiendo más o menos la ruta de la Dolomites Skyrace que este pasado mes de julio ha ganado por cuarto año el gran Kilian Jornet.

Lo dicho, después del telecabina empieza la excursión. El día es soleado aunque hace fresquito, el suficiente para empezar con camiseta, polar y chaqueta. Arrancamos en Pecol, a 1990 metros. ¿Hasta dónde llegaremos?




El sol está en el cielo y nos va calentando poco a poco. Hay un camino de descenso BTT que dejamos a la izquierda, y que debe ser espectacular. Mucha gente sube con la BTT en los funiculares o telecabinas para lanzarse hacia abajo como locos por estos caminos. Este está señalizado, otros no.



El paisaje de la montaña es espectacular. El cielo azul, la hierba, la silueta del grupo del Sela... por esto viene uno aquí, ¿no?


Nos encontramos de cuando en cuando con la carretera que sube hasta el paso del Pordoi, un puerto mítico del Giro de Italia. Hay muchísimos ciclistas que suben, en bicis de carretera o montaña. Les admiro mucho. Si alguna vez vuelvo lo intentaré, aunque me parece que tendré que entrenar un poco más antes. No sé si sería capaz de meterme esa subida en las piernas.


La carretera es espectacular, revirada, sueño o pesadilla, según le guste a uno. Unos días después pasé este puerto dos veces, de ida y de vuelta camino de Cortina d'Ampezzo, y se hace largo en el coche. Imagínate en la bici.


Un funicular sube en cuatro minutos desde el paso Pordoi hasta arriba del todo, hasta un sitio al que llaman terraza de los Dolomitas, donde está el 'Refugio María'. Nosotros no usaremos el camino fácil, sino el difícil, a patita.


En el camino hasta la forcella Pordoi nos apartamos unos metros del sendero por error, confundiendo un pedregal con otro, pero gracias a eso encontramos un Edelweiss, el único que vimos en todo el viaje y fue el primer día. No te puedes imaginar las ganas que tenía de ver y fotografiar uno. Es mi cuarto viaje a los Alpes en verano pero es la primera vez que veo uno en la montaña. La flor es preciosa ¿no?




En el camino de subida ya hemos ido perdiendo la vegetación, pero cuando llegamos a la forcella Pordoi el paisaje es roca, derrubios y nieve puras. Pocas briznas de hierba, líquenes, un paisaje de montaña dura. El cielo se ha cubierto y estamos dentro de las nubes que tapaban la cima. El paisaje es tan diferente de los verdes y azules de por la mañana que casi asusta. Áspero, frío, desolado. Me gusta.


Se ha cubierto completamente. Estamos bien, cansados pero bien. Hace bastante frío y comienza a caer agua. No, no es agua,  está a mitad de camino entre nieve y granizo. No cae demasiado pero desde luego no estábamos preparados para esto al menos psicológicamente. Las manos se empiezan a enfriar de verdad. A mi en particular me molesta bastante, y no llevo guantes. Nunca había tenido este tiempo en verano en los alpes pero estamos a tres mil metros y cualquier cosa es posible. No pasa nada. Seguimos. Se cierra cada vez más. 


No somos los únicos que quieren llegar hasta la cima. Luego nos enteramos que el Piz Boè es el 'tresmil' más visitado de los Alpes. Hoy hay gente pero no demasiado, aunque en algunos pasos estrechos tenemos que esperar turno. Unos bajan y otros suben, pero no caben dos personas a la vez, así que hay que tener paciencia. Es un poco molesto y estamos en una cima de excursión, no de escalada. Me acuerdo de las veces que he leído sobre las colas que se forman en días con buen tiempo en el escalón Hillary  a 8.790 metros, con esperas de más de dos horas a un paso de la cima del mundo. Ya me molesta un poco esperar un par de minutos aquí a que bajen unas personas, conque imagínate esperar dos horas a cincuenta metros de la cumbre del Everest.   


La mayoría de la gente sube cómodamente en el funicular y sólo tiene que dar un pequeño paseo hasta la cima, con menos de trescientos metros de desnivel. Nosotros venimos desde mil metros más abajo. No pasa nada. Un poco de paciencia y por fin llegamos. 


Diría que la vista es espectacular, y que desde la cima del Piz Boè se ve todo el grupo del Sela, y el Sassolungo, y tal y cual, pero sería mentira. No se ve nada de nada. hay una niebla espesa y la nieve no para de caer. Brrr. Hace frío. 

No nos entretenemos mucho y bajamos hacia el sitio donde vamos a comer, el 'Rifugio Capanna Fassa'. Entramos y está lleno de gente. Normal. Hace calorcito y rápidamente nos quitamos el poncho, la chaqueta, el polar y nos quedamos en camiseta, dispuestos a disfrutar de una minestrone (magnífica, por cierto) y de alguna cosa más. El reposo del guerrero y tal. Por aquí dicen que la montaña domesticada es media montaña. Quizá tienen razón, pero no veas lo bien que me sienta la sopa. 


El descanso es breve pero reparador, y al volver al exterior recuperamos el magnífico tiempo de la montaña. Casi un shock después de lo agradable que ha sido estar dentro. Vuelve el frío, el viento, la nieve y las rocas. Volvemos a la excursión, pero ahora hacia abajo.


El tiempo se abre un poco y nos permite ver dónde vamos. Vamos a bajar por otro lado, haciendo una ruta circular que nos llevará por otra parte hasta Canazei, mil setecientos metros más abajo.  Allá al fondo se ve el plano de Antermont, uno de los lugares por donde pasaremos.


El paisaje sigue siendo desolado, con esa belleza sobria de la montaña. Algunos sitios son realmente espectaculares. No me atrevo a acercarme al borde, ya sabes que tengo vértigo, así que no puedo sacar la foto que querría sacar. Luego veo alguna y me arrepiento, porque el sitio es impresionante. Un cortado de cientos de metros con esos picachos y aristas que apuntan al cielo. En otra reencarnación seré capaz de hacerlo.  


Igual que en el camino de subida hemos visto un Edelweiss, en el de bajada vemos marmotas. Con el tele le puedo sacar algunas fotos antes de que se esconda. Mira que son simpáticas.


El camino está perfectamente señalizado. Hay marcas, postes indicadores y mojones. Algunos están en sitios preciosos. 


Poco a poco recuperamos la vegetación, el camino se mete en el bosque y aparecen riachuelos de montaña. Cada vez estamos más cerca de Canazei. Casi llegamos.


Al entrar en el pueblo nos encontramos con la que seguramente es la casa más extravagante de los alpes. Cada centímetro cuadrado está pintado, decorado. ¿Kitsch? Mucho.


Ya está. Hemos caminado más de 20 Kilómetros, hemos subido 1500 metros y bajado casi 2000, hemos hecho cima en el Piz Boè, aunque no hemos visto mucho del paisaje desde allí. Nos ha nevado. Hemos pasado frío pero también  lo hemos pasado en grande. Molan los Alpes. Molan los Dolomitas.

Por aquí abajo está la ruta que hemos hecho, por si a alguien le interesa. Una excursión espectacular.


Todas las fotos Olympus E-PL5 con varios objetivos, principalmente el 14-42 de kit, y un Samyang 7,5 mm ojo de pez. 

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