domingo, 31 de agosto de 2014

Sa Capelleta d'en Serra, excursión dominguera

Una semana y media después de volver de los alpes toca volver a ponerse las botas. Hemos elegido ir a Sa Capelleta.

Como sabes, el camino de Sa Capelleta lo hago un montón de veces en la bici, pero curiosamente nunca he subido hasta la capilla propiamente dicha, me he quedado siempre en las escaleritas que suben hasta la cima. Hoy toca llegar hasta arriba.

Además de esto he aprovechado para probar la cámara que me tocó en 'formentera fotográfica', la Pentax WG III 'ruggedized', es decir sumergible, resistente a golpes, al frío, etc. etc. No me hubiera venido mal en el viaje, pero tristemente estaba estropeada y la tuve mandar al servicio técnico. Ahora, recién recibida, había que probarla. Hoy en 'superficie' pero pronto la probaré también debajo del agua. :-) Por ahí abajo está la cámara, si, esa de color púrpura, por no decir rosa.

Sin muchas explicaciones, estas son las fotos que he tomado en la excursión. El paisaje no tiene nada que ver con el de los dolomitas, pro supuesto, pero es el de mi isla, y aunque no aparece el mar más que al fondo en alguna foto me encanta.



El camino que seguimos es el que uso para bajar desde Sa Capelleta en bici, es decir, subimos por donde yo bajo habitualmente. Durante bastante rato hay sombra, lo que en un día como hoy se agradece.


Esos valles interiores de la isla que uno no conoce.


Aquí suelo parar con la bici, pero nunca he subido hasta Sa Capelleta.


Hoy sí, con mi princesita.


Las Salinas desde un mirador cerca de la cima.


Cruces...


La famosa capelleta, recién pintada después de que hace poco amaneciera llena de graffitis.


Se ve es cap des falcó, las salinas a la izquierda (que se ven muchísimo mejor en otras fotos) y el valle que lleva hasta Sant Josep.


Y desde otro punto se ve el otro lado de la isla, la parte de Sant Antoni. En esta foto se ve perfectamente la Conjera


Aquí nos ponemos a explorar un caminito que no conozco, por el que algún día vendré en bici.


Por desgracia nos equivocamos en algún cruce y acabamos en un torrente. Podemos bajar andando pero no en bici, desde luego.


Pedazo de telaraña, construida por la simpática señora Tecla, ahí presente, entre dos árboles situados a más de cuatro metros de distancia. La telaraña impresionante, la araña más gorda que una moneda de dos euros. Bichito.


Después de la ruta hemos quedado para picar algo en  S'Espartá. Bueno, picar algo es quizá un poco engañoso. Nos hemos comido un bullit tremendo. Recuperar fuerzas y tal...

La ruta, por si a alguien le interesa.



Todas las fotos Pentax WG-III. Esta, la de ahí abajo.



viernes, 29 de agosto de 2014

El glaciar de la Marmolada... casi.

El glaciar de la Marmolada es el único glaciar de un cierto tamaño que queda en los alpes dolomitas, y casualmente (o no) estaba a unos pocos kilómetros de Canazei, de hecho la Marmolada es la gran montaña que cierra el valle de Fassa. Vamos, que era un destino claro y para allá que fuimos.

La idea era llegar hasta la base del glaciar, porque hacer la ruta hasta la cima de la montaña sin equipo adecuado (crampones y piolet) era imposible, pero al menos llegar hasta el glaciar.

La salida de la ruta está en el lago de Fedaia, que en realidad es un embalse de montaña. Junto a la presa hay varios restaurantes (comeremos en uno de ellos más tarde), un museo de la primera guerra mundial -estamos en plena línea de frente entre los ejércitos austríaco e italiano en 1915-, y un simpático remonte que sube hasta un refugio ya cerca del glaciar. El remonte es un tanto particular, es una especie de jaula donde dos atrevidos pasajeros cuelgan hasta arriba. En invierno lo usan esquiadores, pero yo, la verdad no me imagino subiendo es ESO con los esquís, los palos etc.


Nosotros optamos por subir andando, sin usar los 'medios mecánicos', y nos metemos en un bonito camino que sube por el bosque. El día está cubierto, muy cubierto, y más pronto o más tarde nos meteremos en la nube que corona la montaña. Tenemos la esperanza de que se despeje un poquito más tarde y poder disfrutar del sol. Sin embargo tal y como vamos subiendo no parece que el tiempo mejore, más bien al contrario.  A ver qué tal.


Por el camino encontramos flores de preciosas. No vemos edelweiss, pero hay muchas otras. Esta, por ejemplo, es preciosa cuando está cerrada.


Seguimos subiendo y empiezan a aparecer parches de nieve, cada vez más grandes. Hace bastante frio. Paramos un momento a tomar un té en el refugio del pla dei fiaconni, y entonces... se pone a nevar. A nevar lo que se dice en serio. N os ponemos los ponchos y seguimos para arriba, a ver qué tal. Llegamos al refugio del glaciar de la marmolada, a escasos mil metros de distancia y cien de desnivel de la base del glaciar. La nieve arrecia. No hay visibilidad. Los copos son grandes, no como el día anterior que eran más bien pequeños granizos, sino copos de nieve de verdad.


La nieve está cuajando a base de bien. En la terraza del refugio alguien ha aprovechado la mesa como pizarra improvisada, y ha escrito: 'Ferragosto 2104'. Ferragosto es como en Italia se llama al 15 de agosto. Sí, estamos en medio de una nevada el 15 de agosto. Uno no está preparado psicológicamente para esto, la verdad.


Preguntamos en el refugio y nos recomiendan que no se nos ocurra tirar para arriba. No con esta nieve y con esta visibilidad. Caminamos un poco alrededor del refugio. La sensación es irreal, caminar sobre la nieve cuando hace dos días sobraba hasta la camisa. Abrigados con camiseta, polar, chaqueta y el bendito poncho que hace mucho más de lo que parece, y que evita que a estas alturas estemos empapados y ateridos.


Lógicamente desistimos de subir. Bajamos hasta un cruce de caminos y optamos por volver por una ruta diferente, que nos lleva por el otro lado de la montaña. Por suerte una vez bajamos unos cientos de metros el cielo se abre un poco y hay más visibilidad. Al final podemos ver el otro lado del valle, con el lago abajo, las cumbres cubiertas de nieve. Es precioso.


He podido hacer muchas fotos de flores. La lente de aproximación que utilizo da resultados sorprendentes para su coste (vale aproximadamente 10 €). Completamos el circuito. Encontramos rápidamente un sitio donde comer algo a pesar de la hora (15:30h) y terminamos la excursión del día.




No hemos hecho mucha distancia ni desnivel, al final será el día que menos hayamos hecho, pero ha valido la pena. La experiencia de la nieve en agosto ha sido muy divertida, el paisaje que hemos podido ver precioso, y el camino de vuelta mucho más bonito que el de ida. Me quedo con las ganas de haber subido hasta el glaciar.

No sé si lo sabes, pero mi afición por las montañas viene de hace muchos años, del año 2005, cuando con veinte kilos más y una niña de tres años en la mochila (literalmente) Bruno y Aixa nos arrastraron montaña arriba en distintos sitios en los alpes franceses. En una de esas excursiones, que entonces me parecieron salvajes, Bruno me llevó hasta la base del glaciar de Ailefroide, cerca de Briançon. Aquello fue una experiencia para mi, y me entró el gusanillo que desde entonces me acompaña. Gracias Bruno, allá donde estés, por tirar de mi para llevarme a esos sitios. Tú lo decías en tu español afrancesado: "normalmente las cosas especiales cuestan esfuerzo". Y tanto, amigo.

Ah, si, ese de la foto de al lado soy yo, con diez años menos y veinte kilos más, y con el glaciar de Ailefroide al fondo. En aquella ocasión llegamos hasta la base del mismo. Tengo alguna foto más de allí, más cerca del glaciar, pero estoy de perfil y es insoportable.

Bueno. Desde entonces he tenido ganas de ver un glaciar de cerca de nuevo. Esta vez no ha podido ser. A ver si la próxima...

Por aquí abajo está la ruta que seguimos.


Act: Qué cachondo. Acabo de darme cuenta de que el volcado este incluye el tiempo. 'Parcialmente soleado', dice. Jope Accuweather 10 ponts...

lunes, 25 de agosto de 2014

Subida al Piz Boè, Dolomitas, Italia



La primera excursión de las vacaciones. Meses sin subir andando a una montaña que mereciera ese nombre. ¿Qué tal estarán las piernas? Ni idea. A ver.

Salimos de Canazei, justo al lado del hotel, y decidimos subir el primer tramo en telecabina, uno de los muchos que hay en la zona. Así nos ahorramos los primeros quinientos metros de desnivel y poder llegar hasta arriba.  El objetivo es llegar hasta donde se pueda, sin más. Si es posible hasta la cima, el Piz Boè, siguiendo más o menos la ruta de la Dolomites Skyrace que este pasado mes de julio ha ganado por cuarto año el gran Kilian Jornet.

Lo dicho, después del telecabina empieza la excursión. El día es soleado aunque hace fresquito, el suficiente para empezar con camiseta, polar y chaqueta. Arrancamos en Pecol, a 1990 metros. ¿Hasta dónde llegaremos?




El sol está en el cielo y nos va calentando poco a poco. Hay un camino de descenso BTT que dejamos a la izquierda, y que debe ser espectacular. Mucha gente sube con la BTT en los funiculares o telecabinas para lanzarse hacia abajo como locos por estos caminos. Este está señalizado, otros no.



El paisaje de la montaña es espectacular. El cielo azul, la hierba, la silueta del grupo del Sela... por esto viene uno aquí, ¿no?


Nos encontramos de cuando en cuando con la carretera que sube hasta el paso del Pordoi, un puerto mítico del Giro de Italia. Hay muchísimos ciclistas que suben, en bicis de carretera o montaña. Les admiro mucho. Si alguna vez vuelvo lo intentaré, aunque me parece que tendré que entrenar un poco más antes. No sé si sería capaz de meterme esa subida en las piernas.


La carretera es espectacular, revirada, sueño o pesadilla, según le guste a uno. Unos días después pasé este puerto dos veces, de ida y de vuelta camino de Cortina d'Ampezzo, y se hace largo en el coche. Imagínate en la bici.


Un funicular sube en cuatro minutos desde el paso Pordoi hasta arriba del todo, hasta un sitio al que llaman terraza de los Dolomitas, donde está el 'Refugio María'. Nosotros no usaremos el camino fácil, sino el difícil, a patita.


En el camino hasta la forcella Pordoi nos apartamos unos metros del sendero por error, confundiendo un pedregal con otro, pero gracias a eso encontramos un Edelweiss, el único que vimos en todo el viaje y fue el primer día. No te puedes imaginar las ganas que tenía de ver y fotografiar uno. Es mi cuarto viaje a los Alpes en verano pero es la primera vez que veo uno en la montaña. La flor es preciosa ¿no?




En el camino de subida ya hemos ido perdiendo la vegetación, pero cuando llegamos a la forcella Pordoi el paisaje es roca, derrubios y nieve puras. Pocas briznas de hierba, líquenes, un paisaje de montaña dura. El cielo se ha cubierto y estamos dentro de las nubes que tapaban la cima. El paisaje es tan diferente de los verdes y azules de por la mañana que casi asusta. Áspero, frío, desolado. Me gusta.


Se ha cubierto completamente. Estamos bien, cansados pero bien. Hace bastante frío y comienza a caer agua. No, no es agua,  está a mitad de camino entre nieve y granizo. No cae demasiado pero desde luego no estábamos preparados para esto al menos psicológicamente. Las manos se empiezan a enfriar de verdad. A mi en particular me molesta bastante, y no llevo guantes. Nunca había tenido este tiempo en verano en los alpes pero estamos a tres mil metros y cualquier cosa es posible. No pasa nada. Seguimos. Se cierra cada vez más. 


No somos los únicos que quieren llegar hasta la cima. Luego nos enteramos que el Piz Boè es el 'tresmil' más visitado de los Alpes. Hoy hay gente pero no demasiado, aunque en algunos pasos estrechos tenemos que esperar turno. Unos bajan y otros suben, pero no caben dos personas a la vez, así que hay que tener paciencia. Es un poco molesto y estamos en una cima de excursión, no de escalada. Me acuerdo de las veces que he leído sobre las colas que se forman en días con buen tiempo en el escalón Hillary  a 8.790 metros, con esperas de más de dos horas a un paso de la cima del mundo. Ya me molesta un poco esperar un par de minutos aquí a que bajen unas personas, conque imagínate esperar dos horas a cincuenta metros de la cumbre del Everest.   


La mayoría de la gente sube cómodamente en el funicular y sólo tiene que dar un pequeño paseo hasta la cima, con menos de trescientos metros de desnivel. Nosotros venimos desde mil metros más abajo. No pasa nada. Un poco de paciencia y por fin llegamos. 


Diría que la vista es espectacular, y que desde la cima del Piz Boè se ve todo el grupo del Sela, y el Sassolungo, y tal y cual, pero sería mentira. No se ve nada de nada. hay una niebla espesa y la nieve no para de caer. Brrr. Hace frío. 

No nos entretenemos mucho y bajamos hacia el sitio donde vamos a comer, el 'Rifugio Capanna Fassa'. Entramos y está lleno de gente. Normal. Hace calorcito y rápidamente nos quitamos el poncho, la chaqueta, el polar y nos quedamos en camiseta, dispuestos a disfrutar de una minestrone (magnífica, por cierto) y de alguna cosa más. El reposo del guerrero y tal. Por aquí dicen que la montaña domesticada es media montaña. Quizá tienen razón, pero no veas lo bien que me sienta la sopa. 


El descanso es breve pero reparador, y al volver al exterior recuperamos el magnífico tiempo de la montaña. Casi un shock después de lo agradable que ha sido estar dentro. Vuelve el frío, el viento, la nieve y las rocas. Volvemos a la excursión, pero ahora hacia abajo.


El tiempo se abre un poco y nos permite ver dónde vamos. Vamos a bajar por otro lado, haciendo una ruta circular que nos llevará por otra parte hasta Canazei, mil setecientos metros más abajo.  Allá al fondo se ve el plano de Antermont, uno de los lugares por donde pasaremos.


El paisaje sigue siendo desolado, con esa belleza sobria de la montaña. Algunos sitios son realmente espectaculares. No me atrevo a acercarme al borde, ya sabes que tengo vértigo, así que no puedo sacar la foto que querría sacar. Luego veo alguna y me arrepiento, porque el sitio es impresionante. Un cortado de cientos de metros con esos picachos y aristas que apuntan al cielo. En otra reencarnación seré capaz de hacerlo.  


Igual que en el camino de subida hemos visto un Edelweiss, en el de bajada vemos marmotas. Con el tele le puedo sacar algunas fotos antes de que se esconda. Mira que son simpáticas.


El camino está perfectamente señalizado. Hay marcas, postes indicadores y mojones. Algunos están en sitios preciosos. 


Poco a poco recuperamos la vegetación, el camino se mete en el bosque y aparecen riachuelos de montaña. Cada vez estamos más cerca de Canazei. Casi llegamos.


Al entrar en el pueblo nos encontramos con la que seguramente es la casa más extravagante de los alpes. Cada centímetro cuadrado está pintado, decorado. ¿Kitsch? Mucho.


Ya está. Hemos caminado más de 20 Kilómetros, hemos subido 1500 metros y bajado casi 2000, hemos hecho cima en el Piz Boè, aunque no hemos visto mucho del paisaje desde allí. Nos ha nevado. Hemos pasado frío pero también  lo hemos pasado en grande. Molan los Alpes. Molan los Dolomitas.

Por aquí abajo está la ruta que hemos hecho, por si a alguien le interesa. Una excursión espectacular.


Todas las fotos Olympus E-PL5 con varios objetivos, principalmente el 14-42 de kit, y un Samyang 7,5 mm ojo de pez.