sábado, 29 de agosto de 2015

Arcadia


Arcadia

El último cristal entero resistió en uno de los ventanales redondos del primer piso. Aguantó granizo, tormentas y vendavales durante bastante tiempo. Una vez roto, nadie supo nunca porqué, el edificio recupera la armonía que una vez tuvo, que antes estaba en el orden y ahora reside en el caos: cristales rotos, jambas y postigos descolgados, desconchones...

El mar, incansable, llena de salitre la terraza, oxida la baranda y decapa la pintura. Los chorros de óxido y verdín tapan los cromados; el blanco de las paredes es ahora gris de cemento y rojo de ladrillo; las tejas bailan y los canalones, despegados de su anclaje en la pared, se abren a los lados en un ángulo agudo, como dedos largos, finos y huesudos que apuntan a las nubes.

En el interior del edificio sólo habitan los fantasmas y las sombras de quienes en otros tiempos bailaron en el salón de la planta baja, de quienes tomaron batidos, helados y ponche en la sala de té, de quienes en mañanas de domingo leían el periódico tomando un café y una tostada ajenos al futuro, ajenos al destino.

Cada vez menos gente se acerca a la playa, tampoco hay motivo. Se pesca más y mejor en otros sitios, y lo que queda de la ciudad es mal terreno para recolectar frutas y bayas. Hay más alimañas que animales, en resumen, el campo alimenta más y mejor que la ruina de la ciudad.

El edificio languidece y decae. Nadie recuerda qué es arte, nadie recuerda que es el café. Peor aún, nadie recuerda lo que quiere decir Arcadia.


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El edificio Arcadia está en una de las playas de Portrush, una pequeña villa costera en el Ulster, muy cerca de la calzada de los gigantes.
Foto Olympus E-PL5, Zuiko 14-42

sábado, 8 de agosto de 2015

Los trazos de la canción, Bruce Chatwin

Uno de los libros más extraños que he leído en mucho tiempo.

Llegué a este libro a través de la reseña en 'el país' de una exposición sobre la cultura aborigen australiana que está actualmente en el British Museum. Una parte de la reseña se articula a partir de este libro. El texto consiguió dos cosas: la primera que me entraran una ganas locas de visitar esta exposición y la segunda que comprara este libro.

La exposición no la he visitado (al menos todavía) pero el libro sí que lo he leído, y es ... raro.

El autor hace un viaje al desértico interior de australia para comprender el sentido de los mitos y las ceremonias de los aborígenes australianos, estructurados alrededor de las canciones que conservan una tradición e historia de miles de años. Dicen que es la cultura más antigua que existe actualmente.

Las canciones son mapas de caminos, escrituras de propiedad, rituales en si mismas y parte de las ceremonias  iniciáticas. El autor intenta entenderlas en su doble significado de tradición cultural y su vinculación a sitios  concretos, lugares, cruces de caminos, referencias utilizadas por las tribus aborígenes en sus viajes de miles de kilómetros desde una punta a la otra de australia.

Eu autor escribe en primera persona, y comparte con nosotros, sus vivencias en aldeas perdidas del 'outback' australiano, desiertos rojos y polvorientos de temperatura infernal. El autor se entristece con la degradación de los aborígenes, apartados durante siglos de la sociedad australiana en una vergonzosa actuación anglosajona secular que bordeó el genocidio planificado. Ahogados en alcohol y sin sitio en el mundo de hoy, algunos de los miembros de esta cultura desarrollan refuerzan su identidad a través del respeto a sus tradiciones. Otros simplemente se rinden.

El libro es triste, de hecho a mi me dejó bastante triste, pero me pareció apasionante. Desconocía muchísimas cosas de la cultura aborigen australiana que he aprendido, y sobre todo desconocía que es el grupo cultural cuya tradición se remonta ininterrumpidamente en el pasado durante más tiempo.  Y sigo teniendo ganas de visitar esa exposición.

Un par de reseñas más sobre este libro: UNA, y DOS

¿Recomendable? Si te gusta la literatura de viajes, los relatos personales y la exploración de lejanos mundos que están en este, sí.

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Los trazos de la canción, Bruce Chatwin, ediciones Peninsula, 331 páginas, 21,00 €