viernes, 6 de enero de 2017

El mapa y el territorio, Michel Houellebecq

Dime, tú que lo sabes todo, cuándo has visto un libro en el que el autor sea uno de los personajes, y este sea brutalmente asesinado. Uno de esos libros de Houellebecq que, independientemente de si te gusta o no lo que cuenta, te tiene que gustar necesariamente cómo lo cuenta.

Dos artistas, un pintor y un escritor, llevan vidas paralelas de éxito y soledad. Lo mejor del libro, más allá de la historia central, son los personajes, tanto protagonistas como secundarios; personas muy del día a día, muy normales, muy como tú y como yo más o menos.

Siempre me cuesta empezar los libros de Houellebecq, que es sin duda uno de mis autores vivos favoritos, porque en general son deprimentes, introspectivos, oscuros y desesperanzados. Siempre me cuesta empezar y luego no los puedo soltar. Da ganas de aprender francés sólo por leerlo.

En fin. Un libro asombroso. Un personaje principal complejo, que es capaz de reinventarse, recrearse en el tiempo; que, resignado, ve cómo se aleja el amor sin intentar mantenerlo cerca con el fatalismo del condenado a muerte; un artista multifacético que conquista el éxito de tantas maneras como lo intenta y que le da la espalda cada vez que lo consigue. Un secundario de lujo: el propio escritor que se convierte en protagonista del modo más truculento posible. Una historia diferente, pero que a la vez es la misma historia de todas: la vida de una persona que a veces supera los obstáculos que encuentra y a veces fracasa ante ellos. Houellebecq conecta con algunos de nuestros fantasmas privados, al menos con alguno de los míos propios, y en toda su crudeza los expone y disecciona a través de sus personajes. Yo... no sé qué decir. Es un libro que a mi juicio hay que leer.


Nota del editor: 


Si Jed Martin, el protagonista de esta novela, tuviera que contarles la historia, quizá comenzase hablando de una avería del calentador, un 15 de diciembre. O de su padre, arquitecto conocido con quien pasó a solas muchas noches navideñas. Evocaría a Olga, una rusa a la que conoce al principio de su carrera en la exposición de su obra fotográfica, consistente en los mapas de carreteras Michelin. Después llegará el éxito mundial con la serie de «oficios», retratos de personalidades de todos los sectores. También referiría cómo ayudó al comisario Jasselin a dilucidar un caso criminal atroz. Al final de su vida, Jed ya sólo emitirá murmullos. El arte, el dinero, el amor, la muerte, el trabajo, son algunos de los temas de esta novela decididamente clásica y abiertamente moderna.

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